Hace treinta años, Alex Ross tuvo la visión de una nueva serie que mostrara el Universo Marvel como nunca antes se había hecho. Así... Marvel 1-3 de 6

Hace treinta años, Alex Ross tuvo la visión de una nueva serie que mostrara el Universo Marvel como nunca antes se había hecho. Así nació Marvels. Hoy, Ross ofrece finalmente su idea original: una antología de historias realizadas por autores de un talento excepcional, algunos de los cuales nunca han trabajado para Marvel.

Si me hubieran dicho hace 25 años, que fue más o menos cuando leí la miniserie Marvels original, que íbamos a vivir una Marvelsploitation como a la que estamos asistiendo en esta época habría, como mínimo, arrugado la nariz y alzado una ceja en señal de escepticismo. Porque no sólo tuvimos que lidiar con las secuelas de calidad decreciente como El ojo de la cámara, Ruinas o Código de Honor (la intención era buena, el resultado final, no tanto), sino que además el propio Alex Ross regresó recientemente a su microverso con su Epílogo y posteriormente con las miniseries Instantánea Marvels y la que hoy nos ocupa, llamada escuetamente Marvel.

Alex Ross y Kurt Busiek son dos enamorados del Universo Marvel que han demostrado con creces en más de una ocasión su conocimiento y pasión por los superhéroes que lo pueblan. Y aunque Marvels, la obra maestra de este equipo, agote tiradas con cada edición y haya granjeado fama y fortuna a sus autores, no era la idea original de Ross para el proyecto. Lo que el pintor tenía en mente era algo más parecido a esto, una antología de historias de personajes con regusto clásico que constituyera una declaración de amor a los cimientos del Universo Marvel. Y ahora, 25 años después de haber tocado el cielo con una historia que, precisamente, nos hacía volver la mirada hacia arriba, Ross y Busiek vuelven a la carga con Marvel, cuyos primeros tres números (de seis) ya hemos podido disfrutar en nuestro país.

El primer número contiene tres historias. La primera, de apenas 5 páginas, abre y cierra el cómic, y servirá de hilo conductor para el resto de relatos de la serie. Protagonizada por Pesadilla y un encadenado Doctor Extraño, está escrita por Busiek y el guionista e historiador Steve Darnall, y maravillosamente ilustrada con el estilo pictórico de Ross. Las dos historias que conforman el resto del tebeo coinciden en el fondo, pero son diametralmente opuestas en la forma, aunque ambas muy disfrutables a su manera. Por un lado tenemos una aventura de Spiderman contra el Rino, cuyo intercambio de sopapos sirve al dibujante Frank Espinosa (Rocketo: Viaje al mar oculto) y al dialoguista Sajan Saini (en su única obra publicada hasta la fecha) como excusa para devolvernos a ese Peter Parker más preocupado por cómo pagar las facturas que por vencer a su adversario. Peter y Mary Jane discuten en un flashback sobre el elevado coste de la materia prima que Peter usa para fabricar su fluido arácnido, y sobre la conveniencia de no desperdiciar tan caro producto, mientras Spiderman trata de detener al Rino sin utilizar sus lanzarredes. Divertido y entrañable a partes iguales. Le sigue una historia escrita por Busiek y dibujada por el veterano Steve Rude (El hombre de acero) en la que Hulk ataca a los Vengadores (su alineación clásica justo tras la incorporación del Capitán América) mientras intenta reencontrarse con Rick Jones, su único amigo. Rude se mimetiza aquí con el Jack Kirby de esa época y nos ofrece un intercambio de tortas entre el Coloso Esmeralda y los Héroes más Poderosos de la Tierra al más puro estilo de finales de los sesenta, y con un final que permite a Busiek atar algunos cabos sueltos más de 50 años después.

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El segundo número de Marvel arranca con una página de la historia de Doctor Extraño y Pesadilla, y tras eso entramos en la Mansión-X por la puerta grande de manos del pintor Dan Brereton (Batman: Thrillkiller, Batman / Superman: Leyendas de los Mejores del Mundo). Se trata de una historia que transcurre justo después del legendario Giant-Size X-Men de 1975, en el que la alineación original de la Patrulla X compartió aventuras (y entrenamientos en la Sala de Peligro) con los recién incorporados mutantes. Una historia muy simple que pretende explorar la dinámica de la relación de Lobezno, el eterno solitario, con un equipo formado por 12 personas más, a cual más dispar, y que avanza a trompicones hasta un final tan abrupto como sonrojante. Pese a que Brereton es mucho mejor ilustrador que narrador y sus carencias como autor de cómic son bastante evidentes, aquí realiza un trabajo bastante superior al que estamos acostumbrados a verle entregar. Tenemos a continuación una divertida historia protagonizada por La Cosa, Spiderman, el Doctor Muerte y Estela Plateada, obra del genial Eric Powell (Big Man Plans), y en la que también intervienen una posesión demoníaca y un delicioso plato de cannoliPaolo Rivera (Doctor Muerte: Origen, Hellboy y la AIDP: 1955) cierra este número con una historia que muestra a los superhéroes haciendo algo que no estamos acostumbrados a ver: recoger los escombros y rescatar a las víctimas después de una batalla. Aquí se centra en La Visión, usando sus poderes de intangibilidad para introducirse en los restos de un edificio caído y rescatar a los supervivientes. El sintezoide muestra aquí su lado más humano en un relato intenso y emotivo, y con un final que te deja inevitablemente con una sonrisa boba.

El veterano dibujante Alan Weiss (Vengadores: la guerra Kree / Skrull) abre el tercer número de la colección, con una historia de Namor, el Hombre Submarino, ambientada en 1939. La Segunda Guerra Mundial estaba a la vuelta de la esquina, e industriales sin escrúpulos se frotaban las manos ante las perspectiva de las ganancias económicas derivadas de la venta de armas, algo que Namor no está dispuesto a permitir. El estilo de dibujo clásico de Weiss, unido al espirítu naïve tan propio de las historietas de la era Timely, hace que esta primera historia del tebeo sea de las que o la amas o la odias. Le sigue otro canto de amor al Universo Marvel, pero esta vez hacia sus creadores, de la mano de Bill Sienkiewicz (Question: las muertes de Vic Sage, Stray Toasters). Aquí Sienki recorre la vida de un aspitante a dibujante de cómics, desde los temblorosos trazos de un niño hasta su consolidación como artista, puntuando el relato con los hitos de este mundo, como la picadura de la araña radiactiva o la llegada de los mutantes. Sienkiewicz, con su inconfundible e indescriptible trazo, pone rápidamente sobre la mesa todas las influencias que ese aprendiz de dibujante (que bien podría ser el propio Sienki) absorbe en su viaje hacia la perfección estilística, desde Van Gogh a Jack Kirby, hasta el inesperado gag final. Una ilustración de Mapache Cohete obra del ilustrador Scott Gustafson y una pieza de delirio pop de Ryan Heshka protagonizada por la Viuda Negra de 1940 cierran el cómic, agradeciendo a Alex Ross el viaje por el tiempo de la mano de artistas tan diferentes.

No cabe duda de que no todas las historias contenidas en esta antología llamada Marvel serán del gusto de todos los lectores, pero de lo que estamos seguros es de que la labor de Alex Ross a la hora de atraer a todo este talento es digna de encomio. A falta de tres números para terminar la serie, no podemos sino temblar de anticipación ante lo que nos espera (sí, podríamos mirarlo en Google, pero es mucho más divertido abrir el tebeo y sorprenderse, ¿verdad?).

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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