Dicen que a un héroe se le debe medir por el tamaño de sus enemigos. Pues bien, en sus más de cuarenta años de historias, las Tortugas Ninja han acumulado una nada desdeñable galería de villanos que van desde conquistadores locos como Krang, pasando por psicópatas como Bebop o Rocksteady, genios como Baxter Stockman, estrategas como el Rey Rata o Shredder, que aglutina cualidades de todos los anteriores.

Al antaño señor feudal Oroku Saki le mueve tal sed de venganza que su ira, entre otras triquiñuelas argumentales, le ha permitido vivir durante siglos a la espera de que su momento de gloria llegue por fin sin que nadie pueda arrebatárselo. De esta forma, arribamos hasta su primera serie regular, ambientada en el último relanzamiento de los personajes que vino orquestado por Jason Aaron y que Moztros lleva ya unos meses publicando.
El volumen que tengo entre manos recopila los primeros seis episodios de la serie americana (que actualmente alcanza su número 14), que arranca con un Shredder aparentemente vulnerable. Sin su clan, sin su armadura y sin un propósito aparente acabará siendo reclutado contra su voluntad para acabar con la nueva encarnación del Píe. Una nueva versión, aparentemente más peligrosa que nunca, que amenaza con acabar con la vida sobre la faz de la Tierra.

Si habéis llegado hasta aquí en esta reseña, seguramente muchos de vosotros estaréis pensando que ya estamos ante la enésima historia de un villano que se redime como hemos visto cientos veces antes. Nada más lejos de la realidad. Si Shredder colabora con las fuerzas del bien es solo porque su objetivo es afín al de la agencia Darkwater, organismo al que pertenece la agente Alda Avon, con quien tendrá que trabajar estrechamente.
Por lo tanto, no busquéis en esta serie a un “Despedazador” que busque paz interior porque no lo vais a encontrar. De hecho, no recuerdo ver a Saki tan dependiente de su obsesión, tan cegado por una locura que le lleva a considerar a todo aquel que le rodea como si fuera un montón de gusanos sin mente. La némesis del maestro Splinter se nos mostrará tal y como lo recordamos: mortífero, implacable e inteligente, pero también hará gala de un retorcido sentido del honor marcado por su particular prisma moral.
En este arco inicial le veremos adentrarse en un viaje por el bajo mundo criminal de Nueva York en busca de respuestas a muchas preguntas, cuestiones que todavía están por revelarse en su mayor parte. Y, como no podría ser de otra manera, en la mayoría de las ocasiones sus pesquisas acabarán en un rotundo baño de sangre. Porque otra cosa no, pero en esta serie de Shredder la acción cañera está más que garantizada.

Una aclaración: si no seguís la serie principal de los quelonios no pasa absolutamente nada, porque Shredder va, al menos de momento, completamente a su feria. En este punto, debemos agradecer al guionista todoterreno Dan Watters (Destro, Batman: Patrones oscuros) que haya optado por prescindir al máximo del fanservice para tejer una trama con suficiente interés y entidad propia para no echar de menos a Donatello, Leonardo y compañía.
Dicho esto, vuelvo a recalcar que conviene no perder la perspectiva de que estamos ante la historia de un villano con mucho que ganar y muy poco que perder. Por ello, las sorpresas y giros de guion están garantizados. Personalmente, visto como termina, espero que Moztros no tarde mucho en ofrecer la continuación.
Del dibujo se encarga mayormente el italiano Michele Bandini, al que no veía desde los tiempos de Krakoa, que realiza un trabajo cumplidor en las escenas más “calmadas”, echándose de menos un mayor detalle en muchas viñetas. No obstante, se desata por completo cuando Shredder se deja llevar por su furia asesina y saca a pasear sus cuchillas.
La edición de Moztros es correcta, presentada en rústica, incluye una galería de portadas alternativas pero se echa de menos algún artículo introductorio que diera algo de contexto a la obra.


