Da igual qué editorial publique DC Cómics en España si hay cosas que desde los USA no van a cambiar. Me refiero a que el mismo mes que se puso a la venta en España Batman: Patrones oscuros 1, salieron a la calle otros 6 cómics con el nombre de Batman en la portada y no estoy contando sus apariciones en otras series de grupo o como invitado o las colecciones de su universo como Nightwing o Hiedra Venenosa. Un total de 7 cabeceras con su nombre en la portada y eso en agosto, que se supone que es un mes calmado.
Evidentemente, esto es así porque Batman vende. Hay gente que incluso solo compra Batman. Lo malo es que a veces esta sobreabundancia de títulos puede implicar que, cuando sale una serie nueva, y más si no tiene nombres ya consagrados en los créditos, pueda no prestársele, la atención que merece. Y es que tal vez quien esté más pegado a la actualidad ya sepa que tanto Dan Watters (Lucifer, La Mano y los Seis Dedos) como Hayden Sherman (Absolute Wonder Woman, Dark Spaces: Incendio Forestal) son nombres a los que hay que estar atentos, pero su éxito es más bien reciente y temo que se cometa el error de no leer Batman: Patrones oscuros, que no me costaría decir que es el mejor título que se publicó en su mes, incluso por encima de pequeñas maravillas como Batman y Robin: Año uno o Absolute Batman.
Tanto Watters como Sherman estuvieron en los dos programas de Rising Stars que dedicamos a las estrellas emergentes del momento y haríais bien en seguirlos porque estos dos autores van a seguir dándonos muchas alegrías, pero independientemente de alicientes venideros, Batman: Patrones oscuros se basta y se sobra por si sola.
Este es el primero de los dos tomos que completarán los doce números americanos de Batman: Dark Patterns, pero bien podríais leer solo esta primera parte — aunque os reto a ver si sois capaces de quedaros ahí— porque se trata de un volumen autoconclusivo. Y fijaos en que digo «volumen» y no «historia» porque no hay una, sino dos. Si bien todas ellas tendrán a los mandos a este mismo equipo creativo en estado de gracia, que completa la colorista Triona Farrell, la idea de esta serie se asemeja de algún modo a la de la mítica Legends of the Dark Knight — que ójala Panini rescate en algún momento—: historias sueltas, sin nada que en este primer tomo nos dé una aparente continuidad entre ellas, más allá de un puñado de personajes nuevos, un momento puntual al inicio de la carrera de Batman, un tono oscuro y detectivesco y una atmósfera concreta. Sin hacer demasiado spoiler y sin que las dos historias que nos brindan aquí se vean afectadas en su experiencia de lectura, me voy a permitir adelantar que en los últimos números que han publicado en los USA, se van a permitir llevar la conexión algo más allá, pero eso será algo para comentar cuando llegue el segundo tomo.
Por el momento, Batman: Patrones oscuros 1 nos brinda dos historias, que no solo funcionan por sí mismas, sino que lo hacen mejor que la inmensa mayoría de lo que podemos leer del murciélago actualmente en cualquiera de sus otras cabeceras.
Comenzamos con un asesino en serie que tortura terriblemente a sus víctimas a la búsqueda del más absoluto dolor. Terminaremos dando con un antagonista que para nada desentona en la galería de Batman aunque, tal vez con un punto algo más depravado que nos trae a la mente a los cenobitas de Hellraiser, y toda una trama por debajo con corrupción corporativa de por medio. La segunda historia nos sitúa junto con el caballero oscuro en unas torres de viviendas sociales que van a derribar y algo siniestro —y conocido— que las guarda. Es algo así como The Raid en una estampa de M. C. Escher.
Son dos premisas completamente distintas y dos historias que, en principio, empiezan y acaban y, sin embargo, guardan varios elementos en común. Hay un firme propósito por parte de Watters y Sherman de presentarnos Gotham como esa ciudad que es la perversión de un sueño, corrupta y cebada con los más débiles. La verdad es que no tantas veces se aprovecha Gotham para introducir de fondo contenido social y no puede resultar más idónea para ello, cosa que nos deja patente este equipo creativo.
Estamos ante un Batman aún falible — esto podría ser un Año 4— descubriendo hasta cierto punto lo que esconde su ciudad, lo que esconden sus torres y sus gárgolas, y dejando que seamos también nosotros quienes lo descubramos. Incluso las barriadas de casas unifamiliares de las afueras puede seguir respirando esa atmósfera lóbrega y amenazante en esta Gotham.
Y sí, el tono y estructura detectivesca y el foco sobre las miserias de la ciudad hacen lo suyo pero esta atmósfera oscura, opresiva y pesadillesca que nos brinda Hayden Sherman termina el trabajo. Quien conozca al artista por Absolute Wonder Woman se va a encontrar aquí un registro mucho más sombrío, con abundancia de mancha negra que busca más lo ambiental que el volumen y puede llegar a recordar en algunos momentos a Tim Sale. Sherman despliega una línea muy tenue y sin apenas jerarquía de grosores con una mancha más expresionista que naturalista. El mismo tono se transmite en sus diagramaciones, que huyen premeditadamente de las composiciones tradicionales, que buscan una lectura que nos mantenga fuera de la zona de confort. Viñetas circulares, de bordes oblicuos, viñetas superpuestas… todo vale para no dejar que pisemos sobre seguro y nos acomodemos, alimentando una especie de siniestra inquietud en la sensación lectora. Este tipo de experimentos, por lo general, tienden a cierto peligro de desbarajuste narrativo, pero pese a su juventud, lo que hace Sherman se lee sin darnos cuenta… bueno, tal vez como dándonos cuenta a nivel subconsciente con esa cierta incomodidad, esos planos que no respiran, los pesados gutters negros… incluso cuando hay espacios abiertos en viñeta, se muestran abigarrados y opresivos, con perspectivas forzadas e irreales. Hayden Sherman hace todo lo que nunca debería intentar un dibujante sin un buen respaldo de veteranía y termina por darnos una lección.
Batman: Patrones oscuros 1 es una experiencia. No deja de ser una historia detectivesca de Batman, y por tanto, un Batman hasta cierto punto canónico y, sin embargo, una visión profundamente personal de cómo hacer historias del caballero oscuro, con un aire desasosegante y con más capas que prácticamente cualquier otra cosa que podamos leer hoy en día del murciélago.





