Bueno, bueno, bueno, la etapa de John Byrne a cargo del Hombre de Acero está llegando a su fin. Después de este volumen, solo faltarán otros dos para finalizar la recopilación más exhaustiva que se ha hecho nunca del relanzamiento del personaje tras el evento de Crisis en las Tierras Infinitas. Tan completo ha sido, que incluso hay material inédito que nunca antes había visto la luz en nuestro país.

Es cierto que, tras diez entregas, el aire de trascendencia con el comenzaron estas aventuras de Superman se ha ido diluyendo un poco. No menos cierto es que mantener el enorme nivel de la miniserie, que sirvió de disparo de salida, es poco menos que imposible. Ahora bien, una vez superado esto, lo que nos queda son unos tebeos de superhéroes modélicos, épicos y divertidos. Todos plagados de grandes momentazos.
Antes de meternos en el barro, hay que decir que la reproducción de algunos materiales de este décimo volumen es un tanto deficiente. Entiendo que en Panini han trabajado con lo que se les ha proporcionado desde la propia DC, pero ahí queda el dato.
¿Y qué nos ofrecen las más de 150 páginas del volumen? Pues hay un poco de todo, pero sobre todo diversión y tebeos de esos que, como decía más arriba, te dejan satisfecho, con una sonrisa en la boca. Una cosa a tener en cuenta es que Byrne y compañía tuvieron libertad total para realizar su trabajo. Gracias al reinicio causado por las Crisis, el Universo DC se convirtió en un gigantesco lienzo en blanco, lo que les permitió presentar nuevas versiones de personajes ya conocidos.

De esta guisa comenzamos con el regreso la presentación en sociedad de Brainiac. Pero el alienígena se nos mostrará como nunca nos hubiéramos imaginado. Me ha gustado mucho cómo Byrne y Ordway juegan con la ambigüedad del terrible villano, debilitando la barrera entre lo que es realidad y locura dentro de los márgenes de lo que puede ofrecer un cómic.
Sin dar un solo momento de respiro al lector, Byrne sigue dando lecciones de narrativa con el debut de la organización Jaque Mate o del Bromista. En el episodio centrado en este último, el genial autor desata toda su mala leche cargando contra la industria del entretenimiento de aquellos años. En concreto con las franquicias del tipo Masters del Universo, Transformers o G.I.Joe. Líneas de juguetes con sus propias series animadas y adaptaciones comiqueras y tebeos que, por cierto, eran todos publicados por Marvel en ese momento.
Y pese a que el factor sorpresa se ha perdido, siempre podemos encontrar algunos detalles a destacar, como la presencia de Ross Andru en calidad de artista invitado (un placer y un lujo contar con su arte) o el episodio inédito centrado en Jimmy Olsen en modo tipo duro. Se trató de una iniciativa de DC (similar al Marvel Comics Presents de Marvel) en la que autores desconocidos tenían la posibilidad de hacer una historia de complemento. No entraré a hablar del guionista y del dibujante porque es la primera vez que he leído algo suyo… Y me da que también será la última. Eso sí, la aventurilla ligera protagonizada por el fotógrafo del Planet es bastante graciosa.

Para finalizar el repaso, destacar que se incluyen fragmentos de dos números de Wonder Woman, que ya solo por el inmenso dibujo de George Pérez merecen la pena ser destacados.
En definitiva, una entrega notable que sigue evidenciando el rico momento creativo que el cosmos deceíta atravesó en la segunda mitad de la década de los ochenta. En breve hablaremos del siguiente volumen.


