Puede que suene a tópico, pero os aseguro que no exagero si digo que este primer volumen de G.I.Joe del nuevo Universo Energon es uno de los tebeos que más ganas tenía de leer en lo que llevamos de década. De todas las franquicias jugueteras que inundaron las tiendas y la mass media durante los años ochenta y noventa, la de los auténticos héroes americanos es, sin duda alguna, mi favorita.

Lamentablemente, aunque el comando G.I.Joe ha tenido una presencia bastante continuista en el mercado yankee, en España no ha tenido tanta suerte. Cómics Forum canceló su edición de la serie original marvelita en el número treinta y nueve (en 1987). Tuvimos que esperar hasta 2006 para que Recerca se hiciera con los derechos de la franquicia (en ese momento en manos de Image/Devil´s Due). Sin embargo, no duró mucho y tras una miniserie y cuatro tomos, los Joes volvieron a caer en el ostracismo durante casi dos décadas más.
Así llegamos a 2023. Robert Kirkman publicó a través de Skybound el primer número de Void Rivals que, para sorpresa de todo el mundo, fue el pistoletazo de salida del Universo Energon que uniría, por primera vez, de manera orgánica a los personajes de G.I.Joe y Transformers. Desde entonces, hemos podido ver cómo la génesis del comando de operaciones encubiertas se ha ido desarrollando en cuatro miniseries: Duke, Comandante Cobra, Scarlett y Destro. Dos héroes y dos villanos que han sentado las bases de “La cobra ataca”, el inicio de la serie que nos ocupa, a cargo de Joshua Williamson y Tom Reilly (responsables también de la mencionada serie de Duke).
La cobra ataca cuando menos te lo esperas
Joshua Williamson es un guionista que ha ido creciendo en presencia, popularidad y prestigio en los últimos años. Desde la serie independiente de terror Muerdeuñas, pasando por múltiples proyectos en DC Comics; el escritor, que en ocasiones peca de formulaico y convencional, llega a G.I.Joe para cumplir un sueño (según sus propias palabras). Sin saber mucho de su vida, queda claro que de pequeño también jugó mucho con los muñecos y vehículos de Hasbro, puesto que los seis números incluidos en este primer volumen rezuman lore clásico en cada página.

La premisa es sencilla. Conrad Hauser (Duke) debe liderar a un comando de operaciones especiales para lidiar contra amenazas nunca vistas que se nutren de una tecnología que está a años luz de lo que se puede encontrar en nuestro planeta. El orden mundial se verá sacudido cuando Cobra sale a la luz, dejando tras de sí caos, muerte y destrucción. La batalla por el Energon ha comenzado.
Las claves de esta nueva etapa están claras. Williamson apuesta por la acción elevada al once desde el primer momento. Pero que nadie piense que estamos ante una serie que se vertebra en forma de escenas frenéticas concatenadas sin más sustancia que esa. Para nada. En G.I.Joe además de caña y tiros hay elementos de otros géneros como la ciencia ficción muy presentes y el tono imperante se asemeja más al de un thriller de suspense con una amenaza creciente en la sombra que poco a poco va ganando protagonismo, pero nunca sabes exactamente por donde van a ir los tiros.
Otro detalle positivo a tener en cuenta es que Hasbro ha conferido a Skybound un control creativo completo. En esta ocasión no tienen que ceñirse a los diseños de ninguna serie de televisión o película. Esto provoca que, al menos de momento, la estética sea más militar y menos colorista (salvo alguna excepción). También favorece que haya personajes nuevos, otros que están en el bando contrario al esperado o incluso que viejos conocidos palmen a las primeras de cambio. Nadie es imprescindible (salvo contadas excepciones), por lo que cualquier cosa puede pasar en esta nueva aventura de G.I.Joe.
La parte artística viene ofrecida por Tom Reilly, uno de los dibujantes más elegantes y en forma de la actualidad con ese estilo, que bebe de fuentes tan diversas como el cartoon o artistas del estilo de Chris Samnee o Darwyn Cooke. Si tuviera que quedarme con un par cosas de su arte serían sin duda su narrativa para las escenas más dinámicas y su rico repertorio de expresiones faciales. Muchas veces no hace falta leer los bocadillos de texto para saber lo que sienten los protagonistas de la obra.

En definitiva, con “G.I.Joe: La cobra ataca” me he reencontrado con mi niño interior (tampoco es que haya costado mucho) gracias a su apuesta sincera por la diversión sin dejar de lado la ambición de contar una historia que va a ir a mucho más. Parece que tendremos que esperar unos pocos meses para leer la continuación. Mientras tanto, podemos volver a disfrutar del camino que nos ha traído aquí.
La edición de Moztros es correcta. Se presenta en tapa blanda incluyendo un prólogo escrito por Raúl López y una galería de portadas situadas al final del tomo.


