Creo firmemente que uno de los mayores placeres del mundo del cómic es acercarte a una obra que te llama por algún motivo concreto, pero de la que no sabes absolutamente nada. En mi caso, mi aproximación a Sleepers Fable es por su aire a “proyecto maldito” y por su autor, Luis NCT, que me hizo disfrutar bastante con Kaya, y cuya carrera como colorista en Estados Unidos me es bien conocida gracias a su enorme trabajo en Killadelphia, de Image Comics.

De esta forma, llegamos a Sleeper Fable, un tebeo publicado originalmente en 2012 por la extinta Glenat en formato manga tankoubon. La obra se llevó el premio de la votación popular del Salón del Cómic de Barcelona de ese año, así que algo tenía. Tres lustros más tarde, Luis ha conseguido reeditar el tebeo con Fandogamia, editorial que siempre apuesta por el producto nacional (cosa que no le agradecemos lo suficiente). Os recomiendo que no dejéis pasar la oportunidad de leer el artículo final en el que el propio autor da muchísima información de primera mano sobre la odisea que fue conseguir que su creación viera la luz.
Pero mejor nos dejamos de preámbulos. Decir que Sleepers Fable es un tebeo de ciencia ficción sería pecar de simplistas. El escenario del que parte la historia nace de fuentes comunes, como una guerra ancestral entre seres gigantes que dejó nuestro planeta para el arrastre. Aquí conoceremos a Kris, entre otros personajes, un superviviente que trata de prosperar junto a su hermano en un entorno hostil, con pocos recursos, bandas callejeras, sectas, caníbales y violencia impartida por los dirigentes de este caótico nuevo mundo.

En algunos aspectos formales, la obra me recuerda a producciones de corte juvenil como la saga literaria The Maze Runner o series de TV como Dark Angel (producida por Cameron y protagonizada por Jessica Alba). Ahora bien, el fondo es muchísimo más grande y complejo de lo que podría parecer, con el autor poniéndose en la piel de Tsuneo Nihei para coger al lector de la mano, llevarlo al centro de un bosque con los ojos vendados y abandonarlo ahí a su suerte.
Con un ritmo constante e in crescendo, Sleepers Fable pasa de ser un relato de supervivencia costumbrista a algo muy distinto. Luis no endulza la obra ni la edulcora para que todo el mundo pueda empalagarse con facilidad. Todo lo contrario, confía en la inteligencia de todo aquel que decida adentrarse en este maravilloso universo.
A medida que vamos pasando la obra puede que acabemos un tanto embriagados por los giros de guion, los flashbacks o los pasajes oníricos. Esta confusión creo que es algo maravilloso, al menos en mi opinión, porque deja con ganas de saber más de esta sociedad o del conflicto que dejó el mundo patas arriba. También nos hace interesarnos por Kris y sus habilidades, e invita a releer la obra, buscar pistas o crearnos nuestras propias teorías. Lo mejor de todo es que Sleepers Fable va a tener continuación. Veremos si Luis nos da todas las respuestas que necesitamos o las cambiamos por otras tantas preguntas. Solo el tiempo lo dirá.

A nivel artístico, pese a que la influencia del manga está más que presente, me atrevería a decir que lo hace sobre todo a nivel narrativo y que los diseños, lenguaje corporal, anatomía y demás bebe mucho más del cómic europeo. Sea como fuere, hay algunas viñetas que quitan el aliento por su belleza y complejidad.
En definitiva, si buscáis una experiencia diferente o un cómic que no se parezca a casi nada de lo que se suele publicar en nuestro país, estoy convencido de que vais a disfrutar de lo lindo con Sleepers Fable.
La edición de Fandogamia es excelente, presentada en tamaño Kanzenban con sobrecubierta y una selección de extras con un timeline ilustrado explicando el ciclo vital de la publicación de Sleepers Fable y una galería de ilustraciones del artista.
