Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Rebelión animal

Rebelión animal
Guion
Tom King
Dibujo
Peter Gross
Color
Tamra Bonvillain
Traducción
Rodrigo Díaz
Formato
Rústica. 176 páginas. Color
Precio
21,90€
Editorial
Moztros . Julio 2026
Edición original
Animal Pound # 1-5 (Boom!)

Tom King es una estrella, lo sabemos. Actualmente es el niño bonito de DC y, por si fuera poco, el éxito de Lanterns, de HBO, lo sitúa también en una posición privilegiada al margen de las viñetas. De acuerdo que todo esto ha terminado de estallar este año, pero con unos cuantos premios Eisner a sus espaldas, otros tantos Ringos y Harveys y un buen puñado de éxitos comerciales, para 2022 tenía ya posición más que suficiente para desmarcarse con sus propios proyectos fuera de DC. Así llegaron Amor Eterno, para Image; Helen de Wyndhorn y más recientemente Six of Us, para Dark Horse, o este Rebelión animal para Boom!

Rebelión animal resulta bastante singular en la obra de Tom King por varios motivos. El primero de ellos, aunque tal vez el más anecdótico es que pasó algo desapercibido cuando se editó por primera vez hace un par de años, en el ocaso de ECC y con una distribución un tanto errática. Ahora, con la nueva edición de Moztros tenemos una segunda oportunidad para encontrarnos con esta pequeña rara avis en la bibliografía de King. Y es una peculiaridad no solo por haber salido por Boom! o por ser la primera colaboración entre King y Peter Gross, compinche habitual de Mike Carey en series como Lucifer, The Unwritten o The Highest House y cocreador con, con Mark Millar de American Jesus. Es un verso suelto porque se trata más o menos de una adaptación de una obra previa, la inmortal Rebelión en la granja, de George Orwell.

Rebelión animal, de Tom King y Peter Gross

King parte de la base de que cuando Orwell la escribió se encontraba en el contexto de la era Stalin, en la que los ideales de la revolución popular habían devenido en uno de los regímenes totalitarios más extremos de la Historia. King decide adaptarla a nuestro días y, particularmente al contexto de los Estados Unidos. Esta vez no será una granja, sino un refugio de mascotas, que se emancipará de sus cuidadores/carceleros y los protagonistas serán gatos, perros y unos pocos conejos.

La emancipación no esconde el paralelismo con la guerra de la independencia americana, como comienzo de la alegoría, y a partir de ahí irá discurriendo la historia hasta convertirse en una crítica al momento actual, con Donald Trump como emblema.

Antes de seguir indagando en los que nos brinda Rebelión animal, tal vez debería ya destapar el elefante en la habitación y hablar del atrevimiento de Tom King. Es fácilmente achacable el error de querer actualizar una obra atemporal, que, si bien partía de un momento muy concreto, es fácilmente extrapolable a casi cualquier ámbito en prácticamente cualquier época, a nada que apliquemos la consabida flexibilidad que requieren las alegorías. De hecho, se podría decir incluso que, tratando de corregir el error y ampliar el contexto de Orwell, comete exactamente el mismo error o incluso lo acrecienta, al encerrarlo en el marco americano.

Más allá del contexto de 1945, funciona aún hoy día como una fábula sobre la corrupción de los ideales y la facilidad con la que los libertadores pueden terminar reproduciendo los mecanismos de opresión contra los que se levantaron. La abstracción forma parte de las reglas de la alegoría y debería ser extrapolable a cualquier contexto temporal y geográfico. Pero, aunque hay muchas virtudes achacables a Tom King, la modestia nunca ha parecido una de ellas.

Con el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, King pensó que una actualización a nuestro tiempos podía ser pertinente y que sabía cómo contarla. King quería hablar ahora del ascenso de los populismos, la polarización política, la erosión de las instituciones, la aparición de discursos ultranacionalistas y el ruido mediático. Y en ese aspecto Rebelión animal funciona, pero se torna mucho más cerrado a un caso concreto, menos universal y extrapolable que la obra original y por tanto, evidentemente más perecedero.

En cualquier caso, tampoco creo que King, pese a esa inmodestia de la que a veces casi parece hacer gala, trate de hacer que Rebelión animal funcione como un sustituto de la obra de Orwell, sino como un anexo para nuestros días. No se trata de enmendar la plana al escritor británico, sino de subirse a hombros de gigantes para poner el foco en una parte concreta del discurso.

Rebelión animal, de Tom King y Peter Gross

Ya no se trata advertir cómo una revolución igualitaria puede acabar acaba desembocando en un régimen totalitario, sino de destapar la capacidad de los propios mecanismos democráticos para engendrar otra suerte de autoritarismo que termina por destruirlos. King introduce el elemento mediático como determinante que se acaba adueñando del debate público. Los mensajes sencillos, las consignas y la construcción de enemigos resultan mucho más eficaces que cualquier razonamiento complejo. King ilustra en el personaje de Cerdito —un claro análogo de ya-sabéis-quién— cómo los medios se apoderan de la ideología. usando su armas para vaciarla de contenido y derivar en políticas ultranacionalistas, con maniobras no tan distintas de las de aquel tal Joseph Goebbels.

King desarrolla en el contexto de este refugio de diferentes especies, que siempre han sido gobernadas desde fuera, la experiencia del establecimiento del contrato social: unas normas básicas de convivencia, reparto de recursos, representación de los distintos colectivos o mecanismos de resolución de conflictos. Con la elección del refugio y la división entre perros, gatos y conejos, King nos mete en la complicada pero inevitable paradoja de crear una sociedad igualitaria entre personas evidentemente diferentes entre sí e incluso cambiantes, diferentes de lo que fueron ellas mismas en otro momento. Tal vez una de las principales preguntas que lanza Rebelión animal es si las normas establecidas en un momento determinado siguen siendo legítimas cuando cambian las circunstancias, hasta qué punto el contrato social es elástico y extrapolable a otros contextos.

Me vais a disculpar si llevo toda la reseña “King esto, King lo otro…” pero se adueña hasta tal punto de Rebelión animal, que por más que Peter Gross haga un trabajo impecable, la personalidad de King se le pone delante de un modo a veces hasta incómodo. Ya sabemos la tendencia a la verborrea del guionista, pero tal vez en esta obra es especialmente manifiesto y tal vez hasta algo molesto.

Aún con todo, Gross siempre ha demostrado ser un dibujante meticulosamente profesional y muy inteligente y decide aprovechar el planteamiento de King para enfocar Rebelión animal como una especie de obra de teatro. Sabe que el diálogo —en on o en off— se llevará los focos, así que decide que, con pocos elementos él sentará todo el trabajo de fondo, de base, para darle consistencia y solidez al tebeo y que así los diálogos de King brillen.

Gross saca partido de las diferentes especies para crear la identidad de los distintos colectivos. No humaniza a los animales pero jugará con gestos de expresión corporal propias de gatos, perros o conejos que son fácilmente decodificables y empatizables por el lector, evidentemente humano.

El dibujante de St. Cloud, Minnesota, aprovecha también el limitado espacio para que, con la información justa, identifiquemos el paso del tiempo que requieren los diferentes estadios sociales que se plantean, como si fuera un decorado que cambia cada escena aunque no cambien de ubicación.

Rebelión animal, de Tom King y Peter Gross

Pese a la profusión de texto, con toda la presencia y espacio físico que eso implica, Gross, de un modo sutil, consigue dejar una aportación tal vez bastante mayor de aquella para la que se le había dejado hueco.

Hay buenas ideas y momentos muy potentes en Rebelión animal, pero su máximo problema es de ambición, pretensión o como queramos llamarlo. Ya no por versionar a Orwell, sino porque, al pretender dejarlo todo tan atado como anhela King, la idea y el planteamiento queda cada vez más constreñido, más pequeño, menos universal y con una más corta fecha de caducidad. Al tratar de solventar una posible flaqueza del paso del tiempo sobre un clásico eterno, el resultado termina en acrecentar el supuesto error.

Con todo, Rebelión animal funciona como versión libre actualizada de Rebelión en la granja, pero funciona hoy. Dentro de 10, 20 o 50 años, Orwell seguirá vigente, pero no me atrevo a asegurar que esto lo haga. El tiempo lo dirá.