Sin prisa pero sin pausa continúa en nuestro país la flamante reedición de Los 4 Fantásticos de John Byrne. La mejor etapa que ha tenido el título para el que esto firma. Seguro que muchos de vosotros pensáis que son palabras mayores teniendo en cuenta que por ahí tenemos a autores como Jack Kirby o Jonathan Hickman que dejaron su marca de identidad de manera indeleble en los personajes.

Sea como fuere, estamos ante unos cómics especiales, casi mágicos que corresponden a una época en la que si un autor, como Byrne, triunfaba dentro de la editorial, su presencia iba ganando peso hasta convertirse en una figura capital. Este cuarto volumen es buena prueba de ello, puesto que, además de los números de la cabecera principal del cuarteto fantástico, se incluye también material de las cabeceras de Alpha Flight, The Thing o Marvel Fanfare con la firma del autor de El Hombre de Acero. Esto evidencia cómo, a base de trabajo y talento, el artista consiguió su propio microcosmos privado dentro del ya monumental Universo Marvel de los años ochenta.
En las páginas del volumen nos encontraremos una versión del título ya madurada. Su autor ya llevaba un tiempo desarrollando a los personajes, las tramas, los secundarios o los villanos para crear el escenario que él tenía exactamente en mente. Este no es otro que ahondar en la naturaleza de Sue, Ben, Reed y Johnny y en lo que los hace ser una familia por delante de un equipo de superhéroes. Puede sonar a tópico. Pero en este caso es justo así. Por delante de la épica, queda el drama, los piques, la complicidad, las discusiones o el amor que se profesan entre ellos.

El puñado de capítulos que tenemos ante nosotros (del 258 al 268) tiene absolutamente de todo. Desde las aventuras más terrenales hasta epopeyas que nos harán viajar a lo más profundo del cosmos. Comenzamos con una visita a Latveria, hogar del Doctor Muerte,que hace palpable aquello de “La grandeza de un héroe se mide por el tamaño de sus enemigos”. Veinticuatro páginas centradas casi en exclusiva en el bueno de Víctor que se las verá con Terrax. La ecuación heraldo de Galactus + Doctor Muerte siempre es un win win en toda regla. Así que cero problemas.
Después llegamos a una historia que de crío me fascinaba pese a que no terminaba de entender completamente. Me estoy refiriendo, claro está, al mítico juicio de Reed Richards. Mr. Fantástico es requerido por los Shi’ar para que explique, en un proceso judicial en toda regla, los motivos que le llevaron a salvar de la muerte a Galactus, devorador de mundos y causante directo de miles de millones de asesinatos.
Esta historia vale su peso en oro. Byrne realiza una precisa y acertada radiografía de la naturaleza y motivaciones de Mr. Fantástico. Un ser humano que se deja llevar por la lógica y la decencia que no comprende pueriles emociones como el rencor o la necesidad de venganza. Por momentos, la historia se desarrolla por zonas grises, plantea alguna pregunta incómoda pero es adictiva como pocas. Casi parece que estemos viendo un drama judicial de la BBC.

Seguimos con la otra gran historia del tochal con los cruces con las primigenias Secret Wars. El conflicto orquestado por el Todopoderoso provocó uno de los cambios de alineación más míticos en la historia del título. No voy a desvelar cuál es por si hay alguien que se acerca a este material por primera vez y está leyendo esta reseña (me extrañaría peor por mí que no quedé). Un cambio brusco que suscitó nuevas dinámicas debido al carácter del personaje que entró en la primera familia, de poderes similares al que se ausentó pero de una personalidad totalmente diferente. Con esto, Byrne le insufló nueva energía a un título que no la necesitaba. Sencillamente brillante.
El resto del material tiene un poco de todo, desde el enésimo regreso del Hombre Topo hasta unas complicaciones médicas que llevan a Reed a buscar ayuda en un inesperado aliado. Tampoco mencionaremos quién presta ayuda al matrimonio por excelencia de Marvel pero sí diré que no termino de entender (y mucho menos compartir) las críticas por la elección del mismo. Amigos, que esto es la Casa de las Ideas, aquí cualquier cosa podía pasar y más hace cuarenta años, cuando todavía no estaba todo visto.
Como de costumbre, John Byrne plasma sus ideas con la maestría que lo caracteriza. Este hombre sabía dibujar absolutamente todo (salvo a los niños, quizás). Su narrativa explosiva en los momentos de acción o la enorme capacidad expresiva de sus personajes son elementos clave para un título donde los momentos familiares en los que todo puede estallar por culpa de una discusión están tan presentes como en estas páginas. Que gustazo perderse entre sus viñetas plagadas de detalles, sus juegos de miradas, en fin, como he dicho, en todo.

La edición de Panini de Panini viene plagada de extras con artículos, pin ups, publicidades varias de la época o reproducción de los lápices de Byrne en una serie de páginas seleccionadas.
Deseando estoy de seguir redescubriendo este material. La presente edición me está permitiendo sustituir el mítico coleccionable de Forum que tengo bastante sobado de las veces que lo leí.


