Por fin, ha costado, pero el Castigador vuelve a tener serie propia. El volumen 15 nada menos si hacemos caso a los créditos de la edición de Panini. Uno podría pensar que con ese número habría centenares de cómics protagonizados por el vigilante creado por Gerry Conway, Ross Andru y John Romita en las páginas de The Amazing Spider-Man 129 (febrero de 1974). Sin embargo, muchas de estos volúmenes fueron miniseries o maxieries por lo que su numeración legado apenas llega al 280. Efemérides aparte, que tengamos nueva cabecera es motivo de celebración.

Y lo es porque quien vuelve es Frank Castle, no un trasunto, ni un soldadito cualquiera que se ha encontrado un piso franco lleno de armas. No, aquí el prota es el personaje de toda la vida luciendo la calavera en el pecho que nunca dejó de llevar. La Casa de las Ideas de Cebulski deja de mezclar churras con merinas devolviendo la iconografía clásica a su legítimo dueño. El éxito de John Bernthal como Punisher audiovisual también habrá tenido algo que ver, claro está.
¿Existe un personaje marvelita más maltratado que el Castigador en lo que va del siglo XXI? Se me antoja difícil encontrar otro. Haciendo un rápido resumen, ha sido ángel vengador, fue descuartizado y convertido en Frankenstein, lo poseyó un demonio para dirigir la mano o Kingpin le puso un chip en la cabeza para que fuera su marioneta. Esto último sucedió en la miniserie “Red Band” que antecede al cómic que nos ocupa. Si lo habéis leído, estupendo. Si no lo habéis hecho, no pasa nada. Basta con saber que la perrería que le hicieron le ha dejado algo trastocado, siendo este el punto de partida de la historia.

Benjamin Percy, escritor del cómic precedente y del actual, lleva unos cuantos años labrando una carrera muy interesante en Marvel. Como sucede con Jed MacKey, Percy ha brillado en proyectos más o menos alejados de los focos en personajes o grupos del estilo de Motorista Fantasma, Lobezno o X-Force. Algo bien habrá hecho, porque ha sido elegido como uno de los guionistas iniciales de la nueva línea Midnight.
Para está nueva andadura del Castigador no se ha complicado demasiado devolviendo al vigilante a sus esencias. De este modo, le veremos moverse por ambientes urbanos, emplear armas blancas y de fuego de todo tipo que le permitirán ser todo lo expeditivo que su cruzada requiere. Aunque el nivel de violencia no llega a las cuotas la etiqueta de banda roja, si que es bastante explícita y cruda. De hecho, porque sabemos que la trama se desarrolla en la actualidad, pero perfectamente podría pasar por una historia de la línea nostálgica de Marvel ambientada en tiempos pasados.
Digo esto porque el tono “Canon Films” está presente en todo momento, si en lugar de Frank, el protagonista fuera Marium Cobretti diciendo aquello de “El crimen es una plaga y yo soy el remedio”, no me extrañaría lo más mínimo. Si os habéis hecho con el primer Marvel Limited Edition de la etapa de Mike Baron o habéis leído una de las múltiples ediciones de la fundacional “Círculo de sangre”, os podéis hacer una idea bastante precisa de lo que os vais a encontrar.
La premisa que pone en funcionamiento Percy es sencilla. Debido a la jugarreta sufrida a manos de Wilson Fisk, el Castigador sufre secuelas que le impiden ser tan efectivo como le gustaría. Para corregirlo deberá echar mano de un viejo conocido a la par que se prepara para una revolución del mundo del hampa. Los tres números que conforman esta primera entrega paninesca no cuentan una barbaridad pero sirven para poner las piezas sobre el tablero aderezando todo con unas brutales escenas de acción que quitan el aliento que consiguen a la perfección su cometido: dejar con ganas de más. Para colmo, contamos con un dibujante excepcional como es el portugués José Luis Soares. Mucho ojo con este artista, en unos años será uno de los pilares de la editorial. Su estilo detallado y su narrativa tan precisa como explosiva, son las guindas de un pastel.

Podría decir, sin miedo a equivocarme, que este nuevo volumen del Castigador es tan importante como lo fueron los doce números con los que Garth Ennis y Steve Dillon devolvieron la grandeza al personaje. Además, el contexto editorial es similar, aquella historia vio la luz en un contexto similar, eran los primeros tiempos de Joe Quesada como editor jefe en Marvel. Recientemente ha habido un cambio de guardia con la entrada de Stephen Wacker. Esperemos que la coincidencia no sea solo esa y estemos ante una nueva era de grandeza para el ex marine Frank Castle.
Para terminar solo voy a poner una pega: las sosas portadas originales. Completamente genéricas e intercambiables. Curiosamente, este fue otro de los rasgos que tuvieron las cubiertas de todas las colecciones Marvel durante el mandato del mencionado Joe Quesada. Ya van dos coincidencias, pinta bien la cosa.


