Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha

DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha
Guion
Mike Grell, Dennis O’Neil y Sharon Wright
Dibujo
Mike Grell, Ed Hannigan, Dennys Cowan, Eduardo Barreto, Danny DuBurke, Paris Cullins, Klaus Janson y Tom Artis
Tinta
Lurene Haines, Dick Giordano,Frank McLaughlin, Rick Magyar, Arnie Starr, Gary Martin, Tony DeZuñiga y Tim Dzon
Color
Julia Lacquement, Tatjana Wood y Adrienne Roy
Traducción
Gonzalo Quesada
Formato
Rústica con solapas. 544 páginas. Color
Precio
49,95 €
Editorial
Panini Cómics . Enero 2026
Edición original
Green Arrow: The Longbow Hunters 1-3, Green Arrow 1-8, The Question 17-18, Detective Comics Annual 1, Green Arrow Annual 1, The Question Annual 1

El Daredevil de Frank Miller, el Thor de Walter Simonson, el Superman de Byrne, el Watchmen, el Dark Knight… el cómic superheroico tiene en los grandes de los 80 su particular lista de los reyes godos —si me permitís la referencia viejuna—, pero hay una que casi siempre se nos olvida, que apenas hemos podido degustar en España y que se recupera con DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha.

Bajo este título, se recoge, no solo la saga de la que toma el nombre, sino los primeros números de una etapa larga, histórica y en gran parte inédita en España: el Green Arrow de Mike Grell. Por matizar, es cierto que la miniserie inaugural tiene varias ediciones, una de ellas reseñada incluso en esta misma web. Sin embargo, para encontrar los siguientes capítulos, que corresponden a los primeros números de la serie regular de 1988 —la más longeva que jamás ha tenido el bueno de Oliver Queen— hay que remontarse a los tiempos de Zinco. En aquella ocasión llegamos hasta el número 18, contando lo que salió en su cabecera y en DC Premiere. No llegamos tan lejos en esta ocasión y nos quedamos en el octavo número, aunque aderezado por un crossover con The Question y una saga de annuals. En USA acaba de salir hace un par de meses el segundo DC Finest de esta etapa, así que crucemos dedos, porque tal vez se le haga por fin justicia.

Tal vez, para algunos, meterlo en nuestra peculiar lista de los reyes godos pueda ser algo excesivo, pero seguro que para otros no, porque el hecho es que estamos ante toda una etapa de culto. En cualquier caso, en Estado Unidos los es muchísimo más que por nuestros lares por la sencilla razón de que a Mike Grell se le debe en España precisamente un culto que en su país de origen sin duda ostenta. Grell es uno de los grandes, pero si no nos lo pareciera, es porque la gran mayoría de los méritos que lo ponen en la cumbre están inéditos o muy poco editados.

DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha

Veamos, comentábamos que no se ha visto en castellano ni un cuarto de la larga etapa de este, nuestro arquero deceita. Hay que irse a Bruguera a inicios de los 80 para poder leer una fracción de su aclamado Warlord y su John Sable, un tótem pionero del cómic americano independiente, fue completamente ignorado en su edición de Norma de 2007. Fijaos la estima que se le tenía, que cuando los chicos de Image, con su editorial recién fundada se pusieron a buscar autores más allá de los fundadores, Grell fue uno de los primeros reclutados con su injustamente olvidado Shaman’s Tears.

Tengamos en cuenta, además, que si algo le valió a este autor de Michigan su posición fue ser el relevo de Neal Adams en los tebeos setenteros de Green Lantern/Green Arrow junto con Dennis O’Neil, la otra gran estrella de DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha. Y es que aunque hablemos del Green Arrow de Mike Grell, en este tomo solo lo tenemos como autor completo en la miniserie de apertura, y ni eso, ya que allí ya contaba con Lurene Haines, a las tintas, y Julia Lacquement, al color. Y ni siquiera es que escriba Grell todos los números de este tomo, ya que hay no pocos del que podría considerarse su padrino, O’Neil, e incluso una historia de su esposa, Sharon Wright. A pesar de todo y a fin de cuentas, es Grell quien marca el tono y la dirección de la serie.

Decíamos al reseñar la miniserie inicial, en su edición de Salvat y bajo el título El arco del cazador, que estábamos ante una adelantada a su época y debo admitir que no podía estar más equivocado o al menos que debería matizar. Lo que encontramos en Green Arrow: El cazador acecha se adelanta un pelín a la moda del Grimm and Gritty que se estandarizaría unos años después en el mainstream superheroico y que habían sido impulsado de entender un poco regular Watchmen y Dark Knight. Sin embargo, no hay nada más inexacto que decir que se adelanta a su tiempo, ya que, en un ámbito más amplio, no hay nada más acorde con su tiempo que estos tebeos.

Mucho se ha hablado de la influencia de Watchmen y Dark Knight Returns y eso es innegable, pero no eran sino los síntomas finales de un proceso. Estos dos grandes títulos ponen los cimientos definitivos a la supuesta supuesta edad adulta de los cómics de superhéroes —y digo «supuesta», porque todos sabemos lo que pasó después con esto—, pero había toda una serie de factores que ya venían vaticinándolo. En los tebeos, antes de 1986 teníamos ya Swamp Thing, Daredevil, American Flagg…, sí, incluso John Sable. Ya desde los años 70 venían introduciéndose temas más maduros, aunque fuera de un modo algo naif, precisamente con Green Arrow, O’Neil, Adams y, posteriormente, Grell como uno de los estandartes de esta corriente.

Pero es que, por más que nos encante, el cómic va frecuentemente a la cola de otros medios o de la propia Historia. El cine del nuevo Hollywood de los setenta venía ya con una mirada más grave, adulta y pesimista. El aumento de la inseguridad ciudadana en las grandes urbes americanas traía del brazo a Harry el sucio, El justiciero de la ciudad o The Warriors. Se venía de los tiempos del Watergate y las desconfianza en las instituciones, arrastrando además toda una vorágine de barbaridades en el marco de la Guerra Fría. Pero llegan los ochenta, pasan todas estas tendencias por la procesadora de hamburguesas, lo mezclan con el cine de artes marciales que lo había petado la década anterior y lo convierten en el blockbuster de acción o, más allá, su versión de comida aún más rápida de la Cannon, con la que estos tebeos guardan no pocas cosas en común.

DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha

DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha sucede en un mundo donde en cada esquina hay un pandillero, un narco, un violador, un político corrupto… y de acuerdo que a veces en el mundo hay un poco de eso, pero en estos tebeos no parece haber nada más. Bueno, sí, víctimas y un tal Oliver Queen que viste como Robin Hood e imparte justicia a su modo.

Todo en este tomo trata por todos los medios de ser un tebeo adulto. Se habla de sexo y hay no poca violencia muy explícita. Curiosamente, la saga Fábulas, con la que se cierra este volumen, es el primer tebeo de una serie de Batman que lleva el sello de «Recomendado para lectores adultos». Antes de esto, se había dado en proyectos especiales, pero nunca jamás había sucedido en una serie más o menos regular de Batman, en este caso Detective Comics Annual.

No obstante, con ojos de hoy día, y pese a sus muchas virtudes, Green Arrow: El cazador acecha no deja de ser un adolescente que quiere ser mayor. Todo resulta exagerado, maniqueo y aderezado de alguna que otra mujer en la nevera. Los intentos de meterse en asuntos serios como el Irangate resultan un tanto ingenuos. Se ronda una versión del realismo tan extrema, que para nada resulta realista. La forma de abordar los abusos y violaciones, tratando de ser serios y graves, a día de hoy, solo nos dicen que tal vez a la propia sociedad le quedaba aún mucho por madurar a ese tipo de respectos.

Normalmente, con este tipo de fenómenos se suele alegar que hay que entender el cómic en su contexto. Esto sigue siendo una verdad como un templo, pero normalmente tiende a decirse casi como una excusa, como una especie de pecado de la época y me temo que hay que entenderlo como una virtud. Juzgar este tebeo en su contexto no es una rémora, sino un valor añadido. Examinar la sociedad y la cultura de la época le da a estos cómics toda una nueva dimensión, toda una suerte de herramientas para disfrutar más de sus códigos. «Ver el tebeo en su contexto» no es un obstáculo, sino una manera de entenderlo más plena y satisfactoriamente, un modo de desentrañar códigos que, con la mirada actual, pueden ser pasados por alto. El contexto hace el tebeo y si nos lo perdemos, nos perdemos el tebeo.

No hay que olvidar que estamos en un medio como el cómic y en un género como los superhéroes, muy deudor de sus propios códigos, con un punto de partida básico de suspensión de la incredulidad. Los superhéroes viven en esta especie de reflejo del mundo real, que es solo una imitación de este en base a los claves de su propio constructo. Es bajo estas leyes con las que hay que leer este tebeo, las mismas leyes entonces y ahora. Grell lo aprovecha para crear su mundo de punkis de Frank Miller, autor con cuyo mundo guarda muchos puntos en común. Simplificando tal vez demasiado, podríamos ver a este Grell como el hijo bastardo de Miller, Denny O’Neil y Neal Addams.

Así, dentro de estos códigos, tampoco es de extrañar que en estos tebeos se haga un extraño híbrido entre un tono noir tradicional, a lo Chandler o Hammet, con los Delta Force, Death Wish II, Cobra o cualquiera de ese tipo de habituales de los videoclubs. Tenemos un Green Arrow que ya no tiene flechas especiales —eso son cosas de niños, amigos— con toneladas de cartuchos de texto en off engolado y malos malísimos que torturan niños por hobby.

También es aquí, aunque con algunos modos un tanto cuestionables de la época, donde se reivindica finalmente el papel de Canario Negro, que toma un protagonismo y una relevancia nada habituales hasta la fecha y que le valdrían su propio serial en Action Comics, que con un poco de suerte veremos en el próximo DC Finest de Green Arrow. Como curiosidad, tenemos aquí por fin acreditada además Sharon Wright, quien ya había escrito la última etapa de Warlord sin figurar, y que repetirá en el mencionado serial.

DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha

Como curiosidad, es importante destacar que una parte considerable de este tomo son números que no son de las cabeceras de Green Arrow. De hecho, en dos de los capítulos prácticamente ni aparece Ollie o incluso sin «prácticamente» en el caso de uno de ellos. Se trata de dos crossovers y ambos con guion de Denny O’Neil, padre espiritual del Green Arrow de Mike Grell. El primero es un cruce con Question lleno de guiños a Watchmen y una ironía que se echa algo de menos en el resto del tomo y que ha envejecido de miedo. Nos dejan una buddy movie que es un festival maravilloso de réplicas entre los dos protagonistas. El segundo cruce es algo diferente, ya que reúne tres annuals y cada uno tiene su propia historia autoconclusiva, pero juntas marcan un particular homenaje al personaje de O-Sensei, que crearan O’Neil, Jim Berry y Leo Durañona en la serie de Richard Dragon.

Tal vez el terreno más irregular de DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha es el apartado gráfico. Mientras está Grell en la miniserie inaugural todo funciona, pero cuando en la regular entra Ed Hannigan —con o sin Dick Giordano— el resultado es imprevisible y francamente desigual. Al parecer, todo esto se debe a los problemas de salud de Hannigan y a manos no acreditadas que entraron en juego para seguir un ritmo mensual que sin duda los superaba. Más allá de estos nombres, tenemos destellos aquí y allá de artistas como Dennys Cowan o Eduardo Barreto, que no por ser fugaces son menos agradables.

Por lo general es Grell también quien más brilla en este aspecto, con ese estilo deudor de Neal Adams con el que en su día lo sucediera, con un toque de sofisticación y experimentación extra que había adquirido durante sus día en las independientes First y Pacific.

Probablemente se nos siga olvidando incluir los tebeos de DC Finest. Green Arrow: El cazador acecha dentro de la lista que comentábamos al inicio, pero no solo estamos ante un hito histórico en el personaje, probablemente el más importante de sus más de ochenta años, sino que se me ocurren pocos tebeos mejores para sacar una instantánea del momento en que se publicaron. Y además molan mucho, qué demonios.