Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Daredevil y el Castigador: El gatillo del diablo

Daredevil y el Castigador: El gatillo del diablo
Guion
Jimmy Palmiotti, Chris Giarrusso
Dibujo
Tomasso Bianchi, Chris Giarrusso
Color
Brian Valenza, Chris Giarrusso
Traducción
Gonzalo Quesada
Formato
Rústica, a color, 128 páginas
Precio
12 €
Editorial
Panini Cómics. Mayo 2026
Edición original
Daredevil/Puniser: Devil´s Trigger 1 a 5

Con el permiso de Spiderman, podemos afirmar que Punisher (o el Castigador, como ustedes prefieran) y Daredevil son los héroes, o antihéroes, por excelencia del Universo Marvel. Además, ahora gozan de una fama pareja gracias al éxito de sus versiones televisivas en Disney +. Sin embargo, en la parte editorial la balanza no está igual de equilibrada.

Mientras que el cuernitos lleva sin levantar cabeza desde el final de la saga “El reinado del Diablo”, el Castigador vive un buen momento creativo gracias al buen hacer de Benjamin Percy. Claro que, si echamos la vista atrás, las jugarretas que le han hecho en el noveno arte es algo que, por fortuna, Daredevil no ha olido. A saber: le mataron para convertirlo en ángel vengador, ha sido un remedo de Frankenstein, líder de la mafia, amo supremo de la mano… En fin, cualquier cosa.

Sea como fuere, tanto Matt como Frank son las dos caras de la misma moneda. Ambos buscan la justicia por encima de todo. Lo que pasa es que su métodos no podrían ser más antagónicos. Su antipatía se remonta a los tiempos de Frank Miller y Roger McKenzie en los que se enfrentaron por primera vez. Desde entonces, sus broncas son cíclicas, destacando especialmente el tercer número de la maxiserie de Marvel Knights escrita por Garth Ennis y dibujada por Steve Dillon. En dicho capítulo, Castle encadenó al diablo guardián y le pegó una pistola con cinta americana en la mano, poniéndole en un brete muy serio.

Dicha historia, es el principal catalizador de esta miniserie “retro pick” de cinco números en la que Jimmy Palmiotti y Tomasso Bianchi nos hacen viajar a la Marvel de principios de siglo. Aquella en la que Punisher gozaba de uno de sus mejores momentos creativos en toda su historia. Además, “El gatillo del diablo” sirve como aperitivo hasta que lleguen las nuevas etapas regulares de ambos personajes a cargo de Stephanie Phillips y Lee Garbett por el lado del abogado ciego y del mencionado Benjamin Percy y José Luis Soares por parte del veterano de Vietnam.

La premisa es sencilla. Alguien está liberando presos que debían cumplir cadena perpetúa. También están por ahí los estertores de lo que queda de la familia Gnucci. Mientras que Daredevil trabaja contra reloj para devolverles a la trena, el Castigador considera que el sistema falla, por lo que emprenderá su propia cacería para librar al mundo de esa escoria humana de una vez por todas. Simple y efectivo, dicho y hecho.

El guionista plantea el desarrollo de la historia como un choque de trenes constante entre los protagonistas. Va directo al grano, no se enrolla, prescinde de giros argumentales rebuscados y lo apuesta todo a la carta del espectáculo con unos resultados la mar de aceptables. Palmiotti es famoso por el ritmo que le suele dar a sus guiones y por el buen tratamiento que hace de la acción, sin abusar de ella, pero haciendo que sea explosiva en momentos concretos para sorprender al lector.

En el apartado artístico, Tomasso Bianchi cumple con los mínimos, sin grandes alardes, pero sin grandes deficiencias más allá de algún fallo anatómico o de dibujar a Foggy excesivamente delgado. Más allá de eso, su estilo sucio le sienta muy bien al tono buscado por el escritor, totalmente acorde a la naturaleza de Punisher y Daredevil.

De calado eminentemente nostálgico, “El gatillo del Diablo” cumple con creces con su premisa de entretener, evocando a unos tiempos mucho más sencillos para el rojo y el de la calavera en el pecho. No pasará a la historia, pero al menos deja con una sonrisa en la boca y es mucho mejor que la mayoría de las miniseries de este tipo que lleva publicando desde hace un lustro la Casa de las Ideas.

Por su parte, la edición de Panini es justita, pero el material no necesita más. Una rústica económica a doce pavos que no está mal para la que está cayendo. Eso sí, con su manía de que todo sea numeración legado (que no me parece mal) habrá quién se moleste por ver un número 73 en la portada. Al menos no lo han puesto en el lomo.