Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Superman: El espectro de la kryptonita

Superman: El espectro de la kryptonita
Guion
W. Maxwell Prince
Dibujo
Martin Morazzo
Color
Chris O’Hallaran
Traducción
Gonzalo Quesada
Formato
Cartoné. 18,3 x 27,7 cm. 184 páginas. Color
Precio
26€
Editorial
Panini Cómics . Julio 2026
Edición original
The Kryptonite Spectrum #1-5 (DC)

Si sois seguidores habituales de las tortas, bien sabréis que en esta casa nos apasiona Ice Cream Man y tampoco es que podamos negar que el asunto del pijameo nos tira bastante. Por eso, cuando salió la noticia de que W. Maxwell Prince y Martin Morazzo iban a hacer una miniserie Black Label de Superman, los ojitos no hacían chiribitas. Ahora ya tenemos en España Superman: El espectro de la kryptonita, de la mano de Panini, y al menos en USA, no le ha debido ir tan mal cuando el tándem repite en The Deadman.

Solamente con la sinopsis de Superman: El espectro de la kryptonita ya nos podemos llegar a hacer una idea de por dónde van los tiros en el tono de este cómic: Superman detecta un meteorito que se acerca a la Tierra con cuatro nuevos y desconocidos tipos de kryptonita y, junto a Batman —no sin antes una serie de tomas y dacas dialécticos—, decidirán probar sus efectos de cada uno con erotico resultado. Bueno, no exactmante erótico, pero ya me entendéis.

Superman: El espectro de la kryptonita

Este tebeo se convertirá entonces en un festival de kaijus, locuras temporales, duendes pentadimensionales y montañas rusas, pero es que tal vez la kryptonita sea precisamente lo que mejor simboliza toda esa locura de imaginación edadplatera. Y de acuerdo que hablamos de un concepto anterior y que ni siquiera nace en los cómics, sino en el serial radiofónico, pero la primera variante a la kryptonita tradicional verde, la roja, nace en 1958 y en un plazo de menos de diez años, llegan la azul, blanca, dorada, plateada e incluso diferentes clases multicolores con todo tipo de pintorescos efectos. Todo esto quedaría ventilado de un plumazo por el enfant terrible Byrne en el relanzamiento post Crisis, pero era demasiado bueno para ser olvidado y gradualmente se han ido reintroduciendo algunas partes de esta delirante mitología en la continuidad moderna. En cualquier caso, si bien técnicamente no presentan ningún nuevo tipo de kryptonita, tal vez los mayores responsables de reivindicar y traer a nuestros días el sabor y los modos de la edad de plata, fueron Grant Morrison y Frank Quitely en All-Star Superman, comic al que nada disimuladamente miran Prince y Morazzo en Superman: El espectro de la kryptonita.

Es evidente la estela All-Star Superman, pero hay otro montón de guiños juegos en esta historia. Sin salir de Morrison hay mucho de su Batman y tal vez de otras ideas del escocés, como las plantadas en Crisis Final o El Multiverso, pero ahí están la muerte de Superman o ¿Qué fue del hombre del mañana?. Por descontado, habrá un quién es quién de historias de la edad de plata de los Otto Binder, Jerry Siegel, Curt Swan, Wayne Boring y tantos otros e incluso no pocas alusiones a Alicia en el país de las maravillas.

Superman: El espectro de la kryptonita

Obviamente, y tal como hacía All-Star, Superman: El espectro de la kryptonita juega con los códigos de las décadas de los 50 y 60 con la ventaja de la posmodernidad, el juego de la referencia y la resignificación desde nuestros días, pero no se trata tanto de explorar y reflexionar sobre estos códigos, sino de jugar con ellos de pasarselo bien, porque precisamente en ese aspecto jugaban en una liga sin límites. Prince y Morazzo retozan en la imaginación más desbordante , sin importar si roza el absurdo. Es más, mucho mejor si lo hace. Superman: El espectro de la kryptonita es pretendidamente exagerado. El propio Superman es exageradamente bueno y optimista hasta para ser él, casi hasta un extremo bobalicón, pero se trata de jugar a esa especie de disparate edadplatero sin ridiculizar, solo disfrutar de que estos tebeos — y solo estos— puedan ser ridículos sin que eso sea malo.

Obviamente esto no habría funcionado en continuidad, pero este experimento Black Label permite jugar a la imaginación sin límites, por locas que puedan ser las ideas que les vengan a Prince y Morazzo. Capítulos como el cuarto, en la quinta dimensión, son una oda a la locura y a libertad creativa y un recadito para todos aquellos que no quieran entenderlo. Superman: El espectro de la kryptonita es directamente una lucha contra la estrechez de miras y la limitación lectora y si hay que explicarlo con una deliciosa parrafada de pseudociencia de baratillo, pues casi que mejor.

Por no decir, además que este tipo de espacio creativo abre la puerta para todas aquellas cosas que Prince y Morazzo ya nos han demostrado en Ice Cream Man que les encantan. Superman: El espectro de la kryptonita tal vez está un peldaño por debajo en cuanto atrevimiento y experimentación en lo narrativo, pero hay montones de juegos con la secuencialidad del tiempo, con las elipsis, con las rejillas…

Superman: El espectro de la kryptonita

Debo reconocer, no obstante, que aún no he terminado de encajar la sensación que por momentos me provoca. Prince y Morazzo nos dejan de tanto en tanto esa impresión de que hay algo más debajo de lo que nos están mostrando. No me refiero solo al discurso sobre el hogar que establece a través de la kryptonita y que queda de fondo, sí, pero en una especie de primer nivel del fondo. Como sucede en Ice Cream Man, subyace en todo momento la existencia o tal vez solo la intuición de otros niveles por debajo más recónditos e insondables.

Tal vez tenga que ver con las inquietantes miradas que son marca de fábrica del dibujante argentino o esa especie de aire de pantomima hiperbólica que nos hace conscientes de que trabajamos más allá de la realidad, que trabajamos con elementos narrativos que no son naturales y que casi no hacen sospechar por estar disfrutando de todo ello y pasándolo como niños.

Superman: El espectro de la kryptonita es algo así como uno de esos World’s Finest tardocinquenteros de Bill Finger y Dick Sprang, solo que sesenta y tantos años después, desde la autoconciencia y la posmodernidad y con muchas, pero que muchas ganas de jugar.