Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Río Veneno, de Beto Hernández

Río Veneno, de Beto Hernández
Guion
Beto Hernández
Dibujo
Beto Hernández
Traducción
Lorenzo Díaz
Formato
Rústica con solapas, 196 páginas, blanco y negro
Precio
24,90 €
Editorial
La Cúpula. Noviembre 2025
Edición original
Poison River

Lo que está haciendo La Cúpula con la obra de los hermanos Hernandez es poco menos que un sueño hecho realidad. Editar Love & Rockets, siguiendo la reciente edición de Fantagraphics, con todo el material en el mismo formato en cuidadas ediciones es una auténtica pasada. Por el momento, hemos podido disfrutar de un volumen de Locas y de dos de Palomar. Ahora le toca el turno a Río Veneno. Un cómic que no había podido leer hasta este momento, pese a que es la tercera vez que se publica en nuestro país.

Serializado originalmente en los números 29 a 40 de la mencionada revista Love & Rockets (entre 1989 y 1993), se podría decir que Río Veneno es el origen de todo. Nuestra querida Luba es la protagonista absoluta y aquí la veremos desde que era tan solo un bebe hasta que cumple los dieciocho años, edad a la que llegará a Palomar junto a su prima Ofelia (y su célebre martillo) y su hija Maricela.

Río Veneno. Mucho más que un nombre casual

A lo largo de casi doscientas páginas veremos que Luba es una fuerza de la naturaleza similar a un torrente. Como si de un caudal se tratase, la veremos atravesar diferentes etapas, unas más prósperas que otras (como los afluentes de cualquier río). En ocasiones irá más deprisa, en otras se tomará las cosas con más calma.

Lo de veneno vendría propiciado por las acciones del hombre, por su codicia, por su maldad, por su capacidad para clavar puñales en la gente. Unos de metal, capaces de desgarrar la piel de cualquiera. Otros más sutiles, de los que permean hasta el alma misma.

Porque amigos, Río Veneno, es una obra dura. Tambien cruel en muchas ocasiones y, sobre todo, violenta a todos los niveles. El mundo el que crecerá Luba no es sencillo. A menudo se dará de bruces contra la propia vida, deberá soportar abundantes traiciones y frustraciones, incluso de índole sexual.

Me parece muy interesante el contexto en el que Beto ambienta Río Veneno. Con una sociedad en el que clase obrera vive poco más que en la miseria, donde los sentimientos racistas forman parte de sus sedimentos y se persigue al comunismo como una lacra. Una época en los que términos como “libertad sexual” son tabús (con armarios con puertas de acero), donde una mujer no puede satisfacer sus necesidades sin que sea tildada de los peores calificativos. Un mundo desesperado, sin oportunidades, un abismo de soledad y pobreza en el que Luba tendrá que hacer lo mejor posible para hacer frente a asesinos, corruptos, gente egoísta y demás calaña.

Reconozco que por momentos, me he emocionado con la lectura de Río Veneno. El contraste de la pequeña e inocente Luba y su paso por una adolescencia en la que desea comerse el mundo contrasta enormemente con la Luba consagrada, con tres hijas que vemos plenamente desarrollada en Palomar.

Luba, la niña que nunca llora

El autor da el do de pecho con su personaje fetiche. Nos regala una radiografía de su esencia, de sus valores. La obliga a atravesar todo un caleidoscopio de emociones para que nosotros, como meros espectadores, sepamos apreciarla mejor, ver las cicatrices de su alma, sus traumas y todo lo que ha ido dejando atrás con el paso del tiempo. Sin embargo, pese a todo esto, pese a la pérdida o a la decepción constante, Luba no se rinde. Luba siempre será la niña que grita, que patalea, que planta cara a todo y todos, pero que nunca derrama una lágrima. Por ello, cuando parece que la oscuridad lo va a impregnar todo, resulta todavía más edificante ver a esta mujer mantenerse tan firme como un pilar de hormigón.

La trama de Río Veneno se ve enriquecida por constantes cambios de situaciones. Saltos en el tiempo que nos obligan a mantener todos nuestros sentidos en el tomo. Además es salpimentado por un elenco de personajes variopintos como músicos fracasados, políticos corruptos y maleantes de todo tipo.

No podemos terminar sin cantar las alabanzas correspondientes a la parte artística. Beto consigue meter muchísima información en cada página (por lo general, planchas de nueve viñetas). Sus figuras son realistas, es capaz de mostrar su belleza interior gracias al dominio de las expresiones faciales. También me gusta mucho la manera en que dibuja con líneas sencillas la arquitectura y fondos de los lugares donde va desarrollando la historia, logrando así crear una ambientación en consonancia con el tono de la misma.

A golpe de drama costumbrista, Río Veneno se me antoja como un cómic imprescindible. Tanto si se es un lector versado en el universo de Palomar como si llega a sus empobrecidas calles por primera vez. Deudora del realismo mágico de Gabriel García Márquez, Isabel Allende o Julio Cortazar, más que un tebeo, es toda una experiencia.