Pese a algunos trabajos anteriores como Battle Pope o Tech Jacket, podríamos poner en 2003 el inicio de la prominente carrera de Robert Kirkman.... El poder del fuego 1. Preludio

Pese a algunos trabajos anteriores como Battle Pope o Tech Jacket, podríamos poner en 2003 el inicio de la prominente carrera de Robert Kirkman. Ese mismo año estrenó sus dos grandes éxitos: Invincible y The walking dead. Pero 2003 queda muy lejos, tocaba ir cerrando sus buques insignia y hacía falta un nuevo estandarte. Ni Paria ni Oblivion song ni Die! Die! Die! han resultado estar a la altura, por más que sean unos tebeos más que competentes, así que todos los ojos están puestos en El poder del fuego.

El poder del fuego 1. Preludio

El anuncio de la colaboración entre Kirkman y Chris Samnee, casi coincidiendo con el final de The walking dead, es casi una declaración de intenciones, que le pone el listón francamente alto. Indudablemente las 160 páginas de este tomo debut se tornan más que escasas para juzgar si estará a la altura de la difícil misión que se le encomienda, pero hay que admitir que pasa con creces la primera ronda, incluso con el exigente baremo que se le pide

En una primera instancia, Kirkman y Samnee nos muestran una historia que no puede evitar sonarnos familiar. Un joven llega a un templo oculto en las montañas de oriente con cargas de su pasado, un largo aprendizaje por delante y montones de tradiciones y viejos secretos tras las paredes del templo. Probablemente lo primero que nos viene a la cabeza es Iron Fist, pero El poder del fuego está plagado de otros muchos pequeños guiños y homenajes. Si tiene paralelismos con Iron Fist es porque esta cabecera ya surgiría en los 70 como un pastiche de todo lo que el cine y la televisión habían puesto en las mentes de Roy Thomas y Gil Kane acerca de las artes marciales. El poder del fuego es otro pastiche, pero aquí entra el toque Kirkman. Lo hizo con los superhéroes en Invencible y con los zombies en The walking dead y ahora lo hace con El poder del fuego.

El poder del fuego 1. Preludio

El poder del fuego es la manera que Robert Kirkman tiene de rendir homenaje al género de las artes marciales y a la vez reinventarlo y desmontarlo. De nuevo Kirkman escribe para un fandom que es conocedor del género y establece un diálogo con él. Nos plantea todas las bases arquetípicas solo para que cuando nos sabemos en terreno conocido, pueda permitirse esos pequeños giros, vueltas de tuerca y algún que otro nuevo punto de vista sobre lo que conocemos. El estudiante celoso que trata de hacer bullying al prota, los enigmas más allá de la puerta prohibida o el clan enemigo se unen a los maestros con iPod y sentido del humor, a la historia de amor y otras cuantas sorpresas más que dejaremos a la lectura.

Pero olvidémonos del juego de tópicos y los malabares con los códigos del género. Si únicamente nos fijamos en la historia que se nos cuenta, el tebeo resulta tremendamente entretenido. Los personajes quedan bien definidos en apenas unas páginas, las relaciones entre ellos son ágiles y sólidas y la evolución de sus arcos es coherente y sugestiva . La trama de fondo y las distintas revelaciones no llegan al rompemandíbulas, pero están correctamente dosificadas para que el interés se mantenga y la acción… bueno, el hecho de atacar con técnicas de nombres sonoros siempre está bien, pero aquí la mayor parte del mérito es para Samnee.

El poder del fuego 1. Preludio

Y no es que Samnee se limite a la acción. Los diseños de personajes en un templo de orientales sin pelo que visten igual son absolutamente fundamentales. Pero más allá de que cada uno tenga su propia seña visual a nivel de aspecto, hay un meticuloso cuidado en cómo se mueve y gesticula cada uno de ellos. Ya no es que solo que resulte sencillo diferenciarlos, sino que cada ademán nos acerca a cada uno a nivel emocional. Son los personajes los que tiran de la historia y nos enganchan en un marco común más preocupado por el arquetipo, por hacernos pisar terreno conocido. Samnee trabaja en un registro algo más suelto y exagerado de lo habitual e incluso llega a caer en la caricatura por momentos y no se corta en usar montones de líneas cinéticas y onomatopeyas . Todo se mueve de modo más enérgico y ágil, sea el acting de los personajes o las escenas de acción. Precisamente hablábamos en nuestro podcast sobre los tebeos de artes marciales sobre la gran diferencia entre coreografiar artes marciales en cine y en cómic. Samnee nos brinda toda una lección práctica. No disponemos del movimiento real ni su velocidad, pero sin duda está la sensación de danza. Las dirección de las figuras y cómo se comunican una con otras nos marcan el baile que desplegarán nuestros ojos por la página casi de manera poética, musical. Sin embargo, pese a la destreza con la que están resueltas estas escenas, los dos primeros tercios del tebeo estamos realmente ante escenas pequeñas, conservadoras en cuanto a disposición de viñetas o uso de las diagonales, pero es justo así para que cuando llega la gran escena de acción nos quede bien claro de lo que es capaz este dibujante de San Luis y su compinche Matt Wilson.

Ya adelantábamos que con solo un tomo en la calle es arriesgada cualquier afirmación, pero de momento, Kirman ya tiene un nuevo género que abrazar y despedazar a su antojo y tenemos a un Samnee absolutamente monumental, con lo que todo parece apuntar a que el sello Skybound tiene su nueva bandera.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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