Que se pare el mundo, que La Cúpula lanzó el pasado mes de febrero el segundo volumen de Locas, de Jaime Hernandez. Antes de empezar la reseña, me gustaría reclamar vuestra atención, una vez más, sobre la maravillosa recuperación que la editorial está haciendo de la mítica revista Love & Rockets (a partir de la reciente reedición de Fantagraphics). De momento van dos entregas de esta serie, otras dos de Palomar y el volumen único de Río Veneno. Todos ellos imprescindibles.

Sí, soy consciente de lo pesado que he sido desde que se anunciaron estas nuevas ediciones. Pero sinceramente, creo que la ocasión lo merece. Con cada nuevo volumen siento que me adentro en mi lugar seguro, mis problemas desaparecen durante un rato porque Jaime (o Beto, según se tercie) nos coge de la mano para que demos un paseo por un cosmos de ficción repleto de personajes fascinantes, reales a la par que fantásticos.
Además, pese a ser una obra escrita y dibujada por un hombre, pocos autores o autoras hay con una sensibilidad tan exquisita a la hora de representar a una mujer en el papel. Empoderadas, fuertes, decididas, frágiles o vulnerables. Lo mismo da, porque el crisol vital que forman los personajes de Locas cubre absolutamente todos los espectros imaginables de las emociones humanas.
Creo que no me equivoco si afirmo con total vehemencia que Locas (y también Palomar) es una de las mayores tragicomedias que ha visto el cómic americano en toda su historia. Jaime Hernandez surfea con maestría impecable entre géneros, moviendo a sus chicas de un lado a otro, haciendo que crezcan, que aprendan de sus errores o que se empeñen en repetirlos. Sin pudor alguno, crea, hace, deshace y no teme incluir en sus tramas grandes dosis de sátira o crítica social, abordando todo tipo de problemáticas como el racismo, el machismo o la lucha de clases.

Este segundo volumen de Locas nos ofrece hasta veintinueve historias cortas de diferente extensión (aunque hay alguna que tiene una extensión similar a un comic book USA estándar) en los que se aleja bastante de la alocada orgía de ciencia ficción que vimos en el primer tomo. En estas páginas, hay algunos momentos en los que parece que es Beto el que coge las riendas de los personajes. Sin embargo, la chispa que les da Jaime es muy difícil de ignorar.
Este puñado de aventuras, ofrecidas por primera vez rigurosamente ordenadas y seleccionadas por el propio autor, se sustentan sobre sus personajes, el verdadero motor y combustible de Love & Rockets. En especial, deberíamos pararnos en Maggie y Hopey, dos amigas (a veces algo más) cuya relación da todos los tumbos y vueltas que os podáis imaginar. Jaime refleja la cambiante naturaleza humana con realismo, ternura y también mucho humor. Otros personajes que merecen nuestra atención son la tía Maggie, antigua campeona de Wrestler de armas tomar, la tempestuosa Izzy o la risueña Beatriz, que aspira a ser una gran superheroína algún día.
Tampoco puedo dejar de manifestar mi admiración por el dibujo de Jaime. Su trazo detallado, delicado, anatómicamente preciso es lo que necesita una serie como Locas, en la que los estragos del tiempo o de la vida provocan cambios naturales en los personajes. Cambios que son perfectamente representados. Para rematar, el ofrecer la obra en blanco y negro consigue acenturar las sutilezas de su estilo y evidenciar la evolución que tuvo como artista, paralela prácticamente a la de Hopey, Maggie y compañía.

En definitiva, se me va a hacer muy larga la espera hasta la siguiente entrega de L&R. Mientras tanto, cogeré de vez en cuando cualquiera de los tomos para disfrutar de una (o de todas las peripecias) de esta comunidad humana que casi siento como propia.
La edición de La Cúpula viene ofrecida con la excelencia que la caracteriza. Ofreciendo la obra en encuadernación rústica con solapas, papel de alto gramaje y un PVP más que competitivo para los tiempos que corren.


