Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

John Carter de Marte. Señor de la guerra de Marte

John Carter de Marte. Señor de la guerra de Marte
Guion
Marv Wolfman, Chris Claremont, Peter B. Gillis, Bill Mantlo y Alan Weiss
Dibujo
Gil Kane, Dave Cockrum, Carmine Infantino, Walter Simonson, Ross Andru, Ernie Colón, Frank Miller, Mike Vosburg, Larry Hama, Sal Buscema, Ernie Chan y Alan Weiss
Tinta
Dave Cockrum, Rudy Nebres, Tom Sutton, Frank Giacoia, Bob Layton, Bob McLeod, Frank Springer, Ricardo Villamonte, Ernie Chan,Tony de Zuñiga, M. Hands y La Tribu
Formato
Cartoné. 650 páginas. B/N
Precio
49,95€
Editorial
Diábolo Ediciones. 2023
Edición original
John Carter, Warlord of Mars (Dark Hose) a partir de los materiales de John Carter, Warlord of Mars #1-28 y John Carter, Warlord of Mars Annual #1-3 (Marvel)

El caso de John Carter de Marte siempre ha sido curioso. La trascendencia que ha tenido dentro del mundo de la ciencia ficción y la fantasía no se corresponde en absoluto con su impacto en el gran público. El personaje y el mundo que crea Edgar Rice Burroughs en 1912 en aquellos folletines de la revista All-Story Weekly han influido en muchísimos de los creadores de ficción de los siglos XX y XXI y han derivado en personajes y franquicias sin duda mucho más populares que el propio John Carter.

John Carter influye en popes de la ciencia ficción como Heinlein, Bradbury o Arthur C. Clarke. Es el antecedente directo de Flash Gordon, de Star Wars o incluso puede que os suene eso de un ser de otro planeta que por la diferencia de gravedad tiene superpoderes y da enormes saltos, ¿verdad?

Sin embargo, si lo comparamos con otros iconos pulp como El Zorro, Conan o el propio Tarzán — también creación de Burroughs — que probablemente han influido menos en la ficción futura, la popularidad de John Carter ha sido sensiblemente menor. En el cine hubo que esperar un siglo para su adaptación y fue un castañazo épico de taquilla. En cómics la verdad es que ha tenido varios títulos en diversos formatos y editoriales, pero tal vez más debido a la peculiar idiosincrasia de sus derechos que a una demanda popular real. Una princesa de Marte, la primera novela de la saga marciana, se encuentra en el dominio público, con lo se hace mucho más sencillo de utilizar que otras licencias. Sin embargo, el éxito de la mayoría de estas adaptaciones a viñetas ha sido sensiblemente menor que el de los otros iconos que mencionábamos. John Carter no tuvo una tira con Hal Foster, Dan Barry o Burne Hogarth, como Tarzán. No tuvo a un Alex Toth como el Zorro ni mucho menos una trayectoria tan larga y exitosa como Conan. Lo más similar a un hit en viñetas fueron los tebeos que ahora nos trae Diábolo recopilados y, si bien gozó de cierta salud hasta alcanzar los 28 números y tres anuales, queda muy lejos lo que generaría cierto cimmerio.

John Carter de Marte. Señor de la guerra de Marte

Había contado con una tira en los años 40 a cargo de John Coleman Burroughs, hijo del propio creador, y una segunda encarnación en los 50, pero los años 70 fueron la edad de oro de John Carter en viñetas. Sería primero el turno de DC en la cabecera Weird Worlds y por ahí ya estaba Marv Wolfman, quien se haría cargo de toda la primera mitad de la serie de Marvel que llegaría después acompañado de nada menos que Gil Kane. Pero la cosa no termina ahí porque por este tomo de John Carter de Marte harán aparición nombres de otros absolutos de los pesos pesados como Chris Claremont, Frank Miller o Walter Simonson y otros tal vez algo menos sonoros pero primeros espadas igualmente como Carmine Infantino, Ross Andru, Dave Cokrum y otros tantos.

Pues he aquí que con estos nombres y un personaje de la importancia cultural de John Carter, jamás habíamos tenido una edición española de estos cómics. Lo más similar que había aterrizado por nuestros lares era una edición de Novaro que no llegó a recopilar toda la serie. Sin embargo, cabe destacar que esta primera edición española e integral tiene la peculiaridad de reproducir los materiales en blanco y negro, dado que, misterios legales, la edición de Diábolo procede de la de Dark Horse, que tiene los derechos de los cómics Marvel originales, pero no del color de los mismos. Sin embargo, si bien es cierto que se echa algo de menos, el resultado sigue siendo toda una joya escondida.

Por más que en muchos aspectos sean personajes antitéticos, por seguir tirando del hilo de Conan, estas historias de John Carter alternan material de los relatos originales con otro de cosecha propia de los autores. También se parecen, aunque en eso a casi cualquier cómic Marvel de la época, en ese esquema de capítulos casi autoconclusivos en cada grapa, pero encadenados unos a otros por un cliffhanger. No en vano John Carter es uno de los principales representantes del género de espada y planeta, con similitudes evidentes con el de espada y brujería y hasta ambas sagas arrancan con el recurso del manuscrito encontrado. Incluso muchas de las aventuras de estos cómics siguen la ecuación de chica+monstruo solo que eliminamos de la ecuación el factor tesoro, más asociado al cimmerio, mucho más antiheroico que nuestro campeón de Marte.

John Carter de Marte. Señor de la guerra de Marte

Y es que aunque hemos marcado parecidos, ya adelantábamos los caracteres opuestos de ambos. Mientras que Conan encarna la barbarie que se impone a la decadencia de la civilización, John Carter es todo lo contrario. Por si queda alguien a estas alturas que no sepa quién es, John Carter, hablamos de un soldado confederado que durante la Guerra de Secesión en una huida de los indios, acaba en una cueva que lo transportará misteriosamente a Marte, o Barsoom, como lo llaman los nativos. Allí conocerá una bellísima princesa y traerá la civilización al planeta rojo. Sí, estamos ante un white savior de manual, exactamente igual que Tarzán, pero no olvidemos que nace en 1912. Las historias de frontera, la expansión al oeste, el destino manifiesto y la colonización de África son aún el signo de los tiempos y la ficción viene marcada por ellos. Es por esto que también encontramos ciertos puntos en común con western, género que acababa de nacer no mucho antes y bebía de las mismas fuentes. En aquella época aún no se veía contradicción alguna en eso de traer la civilización a mamporros.

Pero con todas las pegas que le podamos ver con el prisma que nos da este primer cuarto del siglo XXI casi consumido, este tipo de historias pulp tenían una magia difícil de lograr hoy día. Hablamos de esa magia escapista de cuando aún queda mundo por conocer, que nos lleva a lugares exóticos e inimaginables y que ve todo con la inocencia y pasión de quien lo hace por primera vez. Eso es probablemente la parte de John Carter de Marte a la que han tratado de volver una y otra vez tantos autores a lo largo de la historia.

Y ese es precisamente el espíritu que impregna los cómics recogidos en este tomo. Tal como cita Michael Chabon, novelista, coguionista de la película de Disney de 2012 y apasionado de la cultura popular, en 1975 las sondas Viking volvían a poner Marte en boca de todos y un par de años después, Marv Wolfman y Gil Kane comenzaban esta serie con una trepidante persecución in media res. Estamos aún en aquella Marvel pre-Shooter de los editores autores y Wolfman se da rienda suelta a sí mismo como auténtico fan de John Carter, tal como cualquier que haya leído sus Titanes sin ir más lejos puede haber notado. El Gil Kane de finales de los 70 está en su mejor momento con su violentos y dinámicos escorzos y su energía impetuosa a la par que meticulosamente armónica. Durante los diez números que dura la primera saga, Los piratas del aire, no hay un solo momento de respiro. Aventura pura y sin límites.

Conviene destacar también que pese a la inmensa personalidad de Kane, es el no menos personal acabado del filipino Rudy Nebres quien se hace con la identidad visual final de la serie. Es él quien dará unidad a la misma una vez Kane abandone tras el décimo capítulo. Nebres guarda ciertas similitudes con otros de sus compañeros del colectivo apodado la Tribu, como Ernie Chan, lo que tiende a emparentar aún más estas aventuras con las de Conan. Tras la partida de Kane, Wolfman continuará seis números más antes de la llegada de Chris Claremont, otro fan, como demostraría en Excalibur.

John Carter de Marte. Señor de la guerra de Marte

No hablamos de un reemplazo de segunda. Por más que no fuera aún ningún veterano, estamos ante el Claremont que ya llevaba dos años escribiendo X-Men y estaba a solo unos meses de Fénix Oscura, un Claremont joven pero ya maduro y con un despliegue de todos sus tics habituales: tenemos sus mujeres de armas tomar, se incrementa el tono viajero, su particular filia con la dominación hará que le falte tiempo para convertirlos en esclavos … incluso cambiará la narración en primera persona que Wolfman había heredado de Burroughs para pasar a su verbosa tercera persona habitual — aunque solo por un tiempo y con justificación argumental —. Hasta tiene una especie de Lobezno Solo con el personaje de Tars Tarkas en uno de los capítulos.

Con él da comienzo la siguiente gran saga, El maestro asesino de Marte, y con ella Ernie Colón se hace con los lápices, permaneciendo Nebres en las tintas. Colón no brilla como Gil Kane, pero realiza un trabajo más que digno y se le echa en falta cuando, en el último tramo, tenemos a un Mike Vosburg bastante menos inspirado.

Pese a sacar a John Carter y Deja Thoris de Helium para llevarlos a tierras karanthianas, ptothianas o cuanto se le ocurre para ampliar el mundo de Burroughs, tal vez en este tramo la aventura afloja un ápice el pedal del acelerador para entrar en un terreno de intrigas que no veíamos con Wolfman. En cualquier caso, nunca llegamos a perder el espíritu de escapismo pulp que caracteriza al material original.

Coronan el tomo tres anuales completando así la edición de un material que llevaba mucho tiempo reclamando la justicia de una edición completa. Tal vez se echa de menos el color y no habría estado de más algún que otro extra, pero podemos considerar que los amantes de la ficción pulp, los amantes de los cómics Marvel de los 70 y en general los de los buenos tebeos estamos de suerte por poder leer estos tebeos.