Aún está por ver si hay algo más que una mera maniobra comercial en todo este asunto de renombrar la serie y relanzar el volumen cada vez que acaba un arco de este ciclo del Caballero Luna de Jed Mackay. En cualquier caso y augurios aparte, el tomo anterior comenzaba con esa Luna nueva del título y, sin duda, era un nuevo punto de partida para un renovado puño de Khonshu. Casi hasta el final de Caballero Luna: Puño de Khonshu 2 parecerá que estamos concluyendo la trama abierta en aquel punto, pero incluso si este tomo no terminase todo con un cliffhanger, hay otro motivo por el que sabemos que esto no ha acabado: sabemos que Moon Knight: Fist of Khonshu concluirá en su número 15, es decir, el siguiente tomo español, antes de ser relanzada de nuevo como Marc Spector: Moon Knight.
Así, al final, cada volumen —Caballero Luna, La venganza del Caballero Luna y ahora a Caballero Luna: Puño de Khonshu— viene a ser un gran arco argumental, llamémoslo acto o fase, dentro de este gran ciclo que está llevando a cabo Jed MacKay y tal vez es por esto que, sabiendo que aún queda otro tomo de Fist of Khonshu, sorprende lo mucho que sabe a conclusión de arco este tomo. Dejábamos al Caballero un tanto maltrecho al final de la entrega anterior, tras la sorprendente revelación acerca de la peculiar condición de Achilles Fairchild, el nuevo villano/narco, que había inundado las calles con una droga de diseño llamada purpurina. Pero sabemos cómo se las gasta nuestro puño de Khonshu favorito y será esta la hora de su contraataque, en una de esas odas al molarlo todo a las que nos viene acostumbrando MacKay.
Habrá hueco para un poco de todo: acción y violencia a raudales, revelaciones sobre lo que está por llegar, caracterizaciones certeras y épicas, humor, interacciones ingeniosas con la continuidad del universo Marvel, revelaciones sorprendentes, giros y contragiros… como decía, el tipo de cosa al que ya nos ha venido habituando el guionista canadiense. Sin embargo, si el asunto va de molinetes argumentales, tal vez nos deberíamos haber temido que, cuando todo parece acercarse a la conclusión, se nos revelará una nueva mano negra, que nos llevará a ese segundo final sobre el final, con el que —ahora sí— cerraremos volumen en la próxima entrega.
Y es que habrá que ver cómo termina la cosa, porque, pese al marcado tono disfrutón de Caballero Luna: Puño de Khonshu 2, sobrevuela una vieja sombra conocida. El fantasma de aquella locura, que en otro tiempo fue la nota dominante de las aventuras del personaje, parece querer asomarse de nuevo, aunque aún no podamos ver en qué forma. Así, mientras nos embarcamos en un viaje iniciático o en una absurda heist movie, nos enfrentamos a dragones (nada menos), visitamos a viejos conocidos del universo Marvel o recuperamos un quién es quién de villanos tirando de galería para aumentar las apuestas del asalto final, una nube negra de pesimismo sobre un futuro aciago parece querer cernirse sobre nuestra historia y solo el futuro sabrá a dónde nos lleva.
Y para convertir esta ideas en tebeo, tenemos en esta ocasión dos dibujantes, que tratan de capturar la estética marcada por Alessandro Capuccio, a medio camino entre el blockbuster de acción y la fantasía oscura. Para ello, tenemos al ya conocido Devmalya Parmanik, pero debuta en la Domenico Carbone. Dado que ya habíamos dedicado algunas líneas a Pramanik en anteriores reseñas, permitidme que empiece por el napolitano. Carbone había venido desarrollando antes algunos trabajos en Italia y Francia, pero ha debutado en los USA apenas hace un par de años, con títulos como Transplants, para Dark Horse, y ThunderCats: Cheetara, para Dynamite. Sus números en Caballero Luna: Puño de Khonshu 2 son justo lo siguiente que dibuja y, aunque apunta mimbres, le faltan las tablas que ya en este poco tiempo parece haber ido cogiendo Pramanik.
Siguen en cualquier caso ambos por detrás de Cappuccio, que impuso la estética y prácticamente la identidad narrativa de esta serie. Ambos cuentan con un buen pellizco de impacto visual, pero tanto a Carbone como Pramanik les queda un tanto impostado ese camino que hacen sobre la estela de Cappuccio. Aun con todo, cuenta con mayor variedad y cantidad de recursos el dibujante de Calcuta, así como también una mayor iniciativa por salirse de la linde y marcar atisbos de su propio camino. Un conjunto de composiciones mucho más arriesgadas —tal vez incluso sin demasiado motivo en algunos momentos— le dotan de una personalidad que el napolitano aún parece estar buscando. Los dibujos de Carbone aún son demasiado posados y la intención de émulo de Cappuccio le queda más en evidencia y menos natural. Se le acaba de ver, no obstante, este verano en Tomb Of Apocalypse, una nueva miniserie donde parece más en su salsa y vaticina que seguiremos hablando de él en el futuro.
Por el momento sigue adelante esta fase de la saga del Caballero Luna de Jed MacKay con exactamente todo eso que a estas alturas sin duda vienen ya a buscar los que llevan un tiempo aquí y que están empezando a amar los cada vez más recién llegados. Pese a sus giros abracadabrantes y no saber del todo qué es lo que nos depara —que también es lo bueno— este Caballero Luna se ha convertido para muchos en una pequeña zona de confort en una Marvel en la que cada vez escasean más estos rincones.





