Mes a mes, la Biblioteca Superman nos permite disfrutar de manera cronológica y ordenada de las diferentes cabeceras con las que contó el Hombre de Acero tras el relanzamiento editorial que vivió DC a raíz de los acontecimientos de Crisis en las Tierras Infinitas. En esta entrega, Roger Stern y Jerry Ordway hacen muy suyo aquello de “a Rey muerto, Rey puesto”. Una vez superada la marcha de John Byrne de la franquicia, solo queda mirar al futuro y seguir desarrollando las historias del superhéroe más importante de todos los tiempos.

Ahora bien, lejos de hacer borrón y cuenta nueva, que habría sido lo más fácil. Los nuevos responsables de Superman tomaron la osada decisión de seguir la senda marcada por su predecesor. De esta forma, en el presente volumen arranca la saga del exilio. Una larga historia cuyo origen son los traumáticos sucesos con los que el dibujante de Días del futuro pasado finiquitó su estancia en las series del último hijo de Krypton.
Tras sentir que ha traicionado todo en lo que creía y defendía, Kael El siente que su sitio no puede estar entre nosotros. Esto es algo que me resulta paradigmático, porque lejos de ser cierto me parece lo contrario a la realidad. El gran acierto de los escritores en estos comienzos de etapa es mostrar al todopoderoso héroe más humano que nunca, casi parece que todos los años que lleva en nuestro planeta han terminado permeando en él y si bien es cierto que físicamente está a años luz de cualquier mortal, el sentido del bien y el mal que le enseñaron sus padres adoptivos en Smallville lo convierten en ser humano más con sus flaquezas y fortalezas, con sus dudas, motivaciones, etc…

Ordway y Stern (que funcionan como un solo autor) consiguen un equilibrio perfecto en la dualidad Kal El/Clark Kent. Por primera vez, sus compañeros del Planet ven al chico de Kansas flaquear, circunstancia que les causa bastante perplejidad por lo anómalo de la situación. Esta manera de humanizar a Superman es brillante haciendo bajar de los cielos al personaje, pero sin que pierda un ápice de su grandeza. De paso, sirve para disfrutar de unas caracterizaciones excelentes de Lois Lane o Perry White que se muestran tan estupefactos como los lectores.
Ahora bien, la saga del exilio apenas asoma la patita, el grueso del volumen está centrado en la creciente amenaza que supone la alianza de Luthor y Brainiac o un nuevo vistazo al drama de Lois Lane y José Delgado, por no mencionar el regreso del Guardián y de la Legión de Repartidores, personajes que siempre me acaban sacando una sonrisa.
Sin embargo, el grueso argumental lo compone el evento del año 1988 de DC, me estoy refiriendo a Invasión. Crossover que contaba como la raza de los Dominadores llegaba a la Tierra para conquistarnos a todos, empezando por Australia. Para bien o para mal, el papel de estos números en dicha macrohistoria es bastante testimonial emplazando a quien esté interesado en leerlo a que acuda a la miniserie principal que, en estos momentos, todavía no ha sido publicada o siquiera anunciada por Panini. Y, si os soy sincero, tampoco hace falta que se den prisa porque más allá de poder ver uno de los primeros trabajos profesionales de Todd McFarlane tampoco es que tenga mucho más interés.

Por lo demás, estamos ante un puñado de tebeos endiabladamente divertidos que además están dibujados con gran acierto por parte de Kerry Gammill y del propio Jerry Ordway. Lo mejor es que este tomo y al anterior han hecho las veces de meras plataformas de lanzamiento, lo verdaderamente bueno llega a partir de la siguiente entrega. Deseando estoy de hacerme con ella.
La selección de extras incluye un par de fichas del Guardián y de Gangbuster extraídas del Who is Who in the DC Universe y la reproducción de varias páginas en blanco y negro para apreciar el arte original a lápiz y tinta.


