Pues ya está, se acabó lo que se daba, a rey muerto rey puesto. Tras quince entregas, llegamos al comienzo de la etapa de Superman post John Byrne. El autor de la mejor etapa de los 4 Fantásticos jamás publicada abandonó la franquicia en busca de pastos más verdes al amparo de la Casa de las Ideas (en pocos años nos daría tebeazos como Hulka o Los Vengadores Costa Oeste). Como es normal en él, se piró de mala manera. Un poco cabreado con la cúpula de DC y su partida no estuvo exenta de polémica. Para muestra su última historia con el Hombre de Acero. De la cual no diré nada más por si acaso alguien no la ha leído todavía.

Es cierto que algunas decisiones creativas de Byrne fueron cuestionables. Ahora bien, se encargó de modernizar al personaje, posicionándolo como el icono de la compañía que es. Dicho esto, como en el seno de la editorial debieron estar conformes con su trabajo, se optó por contar con Roger Stern y Jerry Ordway (más adelante llegará Dan Jurgens) como responsables de Superman y Adventures of Superman. Ambos autores se mostrarán continuistas con el legado reciente del último hijo de Krypton, retomando personajes y lidiando con las consecuencias del final de la anterior etapa.
Precisamente, es la burrada con la que Byrne cerró la puerta el catalizador del estado en el que nos encontramos a Clark. Descentrado, desconfiado y fallando en sus facetas de periodista y superhéroe. Con este punto de partida, Stern y Ordway comienzan una etapa en la que sus series funcionan como una sola, dando cohesión a la franquicia y compartiendo argumentos o villanos como Brainiac. Un enemigo clásico del personaje que comenzará en este volumen una lenta y prometedora metamorfosis que le hará alcanzar el status de amenaza capital para Superman.

No será este el único personaje recuperado. También estarán por aquí José Delgado (Gangbuster), Rampage o Silver Banshee, quien protagonizará un episodio delicioso dibujado por Mike Mignola y entintado por P. Craig Russell. Veinticuatro páginas que sirven para dar carpetazo a su historia (por ahora) y que cuentan con una gloriosa aparición de Batman. Stern demuestra en poco tiempo que no necesita mucho espacio para encontrar la voz de cada héroe clavando su personalidad, diametralmente opuesta a la del luminoso protector de Metrópolis.
Por lo demás, me ha sorprendido gratamente el tratamiento que se da a los personajes a píe de calle, siendo la ambientación urbana de la urbe que aloja al Daily Planet un elemento imprescindible en el desarrollo de las historias de esta nueva etapa de Superman. Lois, Perry, Cat (ay, mi Cat) o Jimmy van ganando peso por momentos, robando muchas de las escenas en las que aparecen. Y Luthor, como no podría ser de otra manera. La némesis definitiva del personaje seguirá tratando de acabar con aquel que representa todo lo que detesta.
A nivel artístico, Jerry Ordway se encarga de dibujar los episodios que él mismo escribe con su oficio y soltura habitual. Por su parte, de los de Superman se encarga Kerry Gammill, que también cumple con creces destacando la expresividad de las figuras que ilustra con desparpajo. La única pega que le encuentro es que le falta un poco de espectacularidad en las escenas de acción.

Sea como fuere, el camino que aquí se inicia es prometedor, deja con ganas de más y, sobre todo, se percibe un aura ambiciosa que está lejos de conformarse con ser la “etapa que sigue a John Byrne”. No tenía muy claro si iba a seguir en el título, pero ahora os garantizo que aquí estaré el mes que viene.
En lo relativo a los extras, podremos disfrutar de un epílogo a cargo del propio Jerry Ordway y de unas cuantas páginas que reproducen los lápices de los artistas principales.


