¡Por el fantasma del gran Gibson! Hace décadas, Harley Quinn abandonó a sus amigos tras el último encontronazo contra el Joker. Su ausencia, de... La vieja Harley

¡Por el fantasma del gran Gibson! Hace décadas, Harley Quinn abandonó a sus amigos tras el último encontronazo contra el Joker. Su ausencia, de la que poco se sabía hasta ahora, provocó un auténtico caos que arrasó Brooklyn, que ahora es una tierra yerma que nuestra veterana heroína recorre al lado de su fiel Mortandad. En su camino, habrá un sinfín de peligros como Azrael, los gemelos Bane o cierto monarca subacuático a quienes deberán plantar cara mientras Harley rememora esa época perdida.

A la vista del éxito de las miniseries El Viejo Logan y El Viejo Ojo de Halcón de La Casa de las Ideas, DC no iba a tardar a subirse al carro de los futuros postapocalípticos con uno de sus personajes más carismáticos. Si me permitís la expresión, DC debería llamarse La Casa de las Ideas de Otros. Evidentemente, quien mejor se presta a este tipo de homenajes (llamarlo plagio equivale a carecer de sentido del humor) es la locuela de Harley Quinn, quien tras tener su último y definitivo encontronazo con el Joker, sale del radar y vuelve a aparecer años después acompañada de su perrito faldero y pagafantas oficial Mortandad. Bandas de imitadores del Joker, los hijos de Bane, un asilo para criminales dementes jubilados y el país vecino, Canadá, infestado por una plaga zombi. Todo conforma el universo futuro de DC, para el que no ha hecho falta una conjura de supervillanos para acabar con la civilización: sólo una chica harta de que le tomen el pelo.

vieja harley

El empeño de hacer de Harley Quinn un personaje políticamente correcto ha acabado con gran parte de la esencia del personaje. A Harley nunca le ha importado cargarse a alguien, se lo mereciera o no. Pero a raíz del éxito del personaje en su versión cinematográfica, y habida cuenta de la legión de jovencitas que la han tomado (inexplicablemente) como modelo a seguir, en DC Comics deben haber pensado que tal vez no sea buena idea que siga siendo una asesina irredenta. Así que ahora Harley ya no es la chiflada homicida que venía siendo, sino que ahora es tan sólo una locuela adorable e inofensiva. Un poco más p’allá que p’acá, pero nada que deba preocupar a los padres de esas influenciables criaturitas. Sólo así se entiende que el personaje, en esta miniserie, decida apartarse de su gente tras asesinar al Pingüino, o que mande definitivamente a tomar viento al Joker por un quítame allá unos cuantos muertos por el gas de la risa. Que tampoco es que le hubieran importado mucho los cadáveres antes. En fin, sea como sea, y con unos cuantos años de más, pero todavía en buen estado de dabilidad (es decir, con cualidad de ser dable), Harley regresa a repartir estopa mientras recorre el país acompañada de Mortandad. Conoceremos al Batman del Futuro, pero no el de la serie de animación, sino uno mucho más coherente con el psicótico obsesivo que es Bruce Wayne, ahora más máquina que hombre. Descubriremos los muchos matrimonios que ha tenido Harley Quinn, entre ellos con Dick Grayson, Killer Croc y Hiedra Venenosa, y veremos qué ha sido de gran parte de la galería de villanos del hombre murciélago, ahora que cuentan con más arrugas que músculos.

El experimento de esta vieja Harley es obra de Frank Tieri (Harley Quinn y su banda de las Harleys) e Iñaki Miranda (Supergirl: Huida de la Zona Fantasma), que han adaptado a su peculiar manera las obras originales de Marvel y las han rebozado en gran cantidad de sentido del humor y autorreferencias, para traernos un cómic que, indefectiblemente, no podemos tomarnos en serio. Éste es un cómic para leer con el cerebro aparcado en zona de carga y descarga, mientras nos deleitamos con los interludios de los noticiarios que nos revelan en qué se ha convertido el mundo, mientras los spots televisivos rinden un muy sentido y nada disimulado homenaje al cine de Paul Verhoeven, y en especial a sus Robocop, Desafío Total y Starship Troopers. A los de nuestra generación, con chistes así, ya nos tienen en el bolsillo. No esperéis una historia crepuscular, al estilo de las de los viejos Logan y Clint Burton. Ésta es una aventura cargada de humor, nostalgia y mucha mala baba, con incluso un par de momentos de emotivos reencuentros familiares (y no digo más para no caer en spoilers). Y aderezada por el dibujo del eficaz Iñaki Miranda, un autor que, lejos de usar el estilo desenfadado y caricaturesco que una historia de este estilo requeriría, emplea su trazo sobrio y exento de florituras que, sin embargo, no desentona en absoluto. Reconozco que, al hojear el tomo antes de proceder a su lectura, pensé «huy, este dibujo no le pega nada»; pero no obstante, al ir adentrándome en la historia, descubrí que la calidad de Miranda está por encima de géneros y asunciones previas.

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La Vieja Harley es un cómic definitivamente fuera de canon. No creo que nadie en la cúpula directiva de DC quiera ver a sus personajes de esta guisa en sus años dorados. Sin embargo, supone un divertimento con grandes dosis de parodia, y que si se sabe leer con el estado de ánimo adecuado, es incluso un cómic altamente recomendable. Requiere cierto esfuerzo por parte del lector para pillar muchas de las referencias, pero una vez que se entra en el juego (Power Girl como presidenta de EEUU, mientras que Lobo es el alcalde de Las Vegas) se disfruta sin pausa de todas y cada una de las páginas. Lo que yo daría por ver una versión de Las chicas de oro protagonizada por las superheroinas más emblemáticas de DC…

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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