Cuando hace ya diez años DC reseteó toda su línea editorial con los controvertidos Nuevos 52, la mayor parte de las series que lanzó... Yo, Vampiro, de Joshua Hale Fialkov y Andrea Sorrentino

Cuando hace ya diez años DC reseteó toda su línea editorial con los controvertidos Nuevos 52, la mayor parte de las series que lanzó la editorial con un nuevo número 1 eran las de los grandes títulos de la editorial, como Batman, Superman, la Liga y demás. También hubo personajes de nueva creación, como Batwing, intentos -fallidos- de integración en el Universo DC de nuevas franquicias, como Stormwatch o Grifter. Y quizás lo que más sorprendió a mucha gente fue el rescate de personajes olvidados con una corta vida editorial en el pasado. Series como Static Shock, Resurrection Man, o la que nos ocupa hoy: Yo, Vampiro, una serie que recuperaba el título de un complemento aparecido en House Of Mystery entre 1981 y 1983 y cuyo protagonista, el vampiro Andrew Bennett, ha ido apareciendo esporádicamente aquí y allá durante los treinta años posteriores. ¿Y qué es lo que nos hemos encontrado?

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En líneas generales, el remake de Yo, Vampiro cuenta una historia muy similar a la original de J. M. DeMatteis y Tom Sutton. Andrew Bennett es un noble inglés que fue convertido en vampiro en el S.XVI. Con el paso del tiempo, ha conseguido dominar su ansia de sangre y se dedica a cazar otros vampiros. En particular, a Mary, Reina de la sangre, antigua amante suya de los lejanos tiempos en los que era humano. Pero aunque el planteamiento básico sea el mismo, hay una gran diferencia en tono y aspecto gráfico. En esta versión de los dosmildieces deja atrás el ambiente de terror de la Bronze Age de la obra original para abrazar sin complejos el estilo goth del juego de rol Vampiro: La Mascarada, incluso utilizando la idea del Caín bíblico como el primer vampiro de la historia. Un estilo que cuenta con detractores y adoradores a partes iguales.

El vampiro atormentado, obsesionado con su pasado y encerrado en largos monólogos interiores es quizás una aproximación al mito que tuvo su momento años atrás, pero hay que reconocer que funciona. Funcionó con los juegos de rol de White Wolf, funcionó con Entrevista con el Vampiro… y habría funcionado aquí de no ser por la férrea línea editorial que imponía a todas las series de los Nuevos 52 la pertenencia a un universo unificado. Así, mientras que Yo, Vampiro podría haber resultado muy interesante como una historia independiente, se ve lastrada por la constante presencia de superhéroes que dan la sensación en algunos momentos de ser un postizo artificial que llega a sacar de la lectura. Tenemos un team up con Batman, un crossover con la Liga de la Justicia Oscura de Peter Milligan (con cameo incluido de Chispitas, de la serie de los 90 de Shade, el hombre cambiante)… e incluso la presencia de Stormwatch, la versión DC de The Authority.

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Aunque la historia resulte un poco lastrada por imposiciones externas, hay que reconocerle a Joshua Hale Fialkov (Tumor, Ecos) que en los momentos en los que va por libre firma unos números más que interesantes, aunque la caracterización de alguno de los antagonistas resulte un tanto plana en algunos momentos. Pero si este cómic tiene una estrella, es indiscutiblemente el artista italiano Andrea Sorrentino, muy al principio de su carrera -es su segundo trabajo para el mercado americano y el primero para DC- en un trabajo que le valió un éxito de crítica que le llevó a ser nombrado artista del año por el medio IGN. Sus páginas son para deleitarse en ellas y, aunque quizás no tenga una narrativa demasiado depurada, la belleza plástica de alguna de sus composiciones es impresionante, pudiendo recordar en este momento de su carrera a un híbrido entre David Aja y Jae Lee.

Aunque debutó en el top 100 de ventas, en menos de dos años Yo, Vampiro fue cancelada, recibiendo la noticia el guionista cuando terminó de escribir el número 15. Eso le dio tiempo a escribir una conclusión apropiada para la serie, y no deja con la sensación de quedarse a medias que otras cancelaciones más apresuradas producen. En cambio, Sorrentino fue reubicado en otra serie que aún contaba con la confianza de la editorial, y se fue para encabezar el exitoso relanzamiento de Green Arrow junto a Jeff Lemire.

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No podemos terminar sin mencionar el grandísimo error recurrente que tienen las publicaciones de ECC en el formato DC Omnibus: la ausencia de índice y la acumulación de todas portadas al final, como ya comentamos aquí. Cada comic book suelto tiene su propia entidad individual, y no tener una marca que señale el final de un número y el principio del siguiente enturbia la percepción de los supuestos cliffhangers que quiere marcar el autor, no quedando claro hasta que se ve, páginas después, si hemos cambiado de número o ha sido un cambio de escena sin más. Además, con esta ordenación el lector no sabe qué número de la obra original en particular está leyendo. Algo tan simple como una edición errónea -una vez más, un error exclusivo de la edición de ECC- disminuye el potencial disfrute de la obra. Una lástima.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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