Astiberri nos trae una de las propuestas más curiosas de los últimos meses. Ted, un bicho raro  es una obra con la que su... Ted, un bicho raro

Astiberri nos trae una de las propuestas más curiosas de los últimos meses. Ted, un bicho raro  es una obra con la que su autora, Émilie Gleason, consiguió el premio revelación del Festival de cómic de Angoulême en 2019 y me aventuraría a decir, sin conocer a sus competidoras, que con total merecimiento. Su lectura supone toda una revelación, y un acercamiento a un trastorno específico del desarrollo (TED, de ahí el juego con el nombre) como el trastorno de espectro autista (TEA), concretamente de tipo Síndrome de Asperger. Ha coincidido en el tiempo bastante cerca de la publicación de otra obra que trata de la misma patología: Descubriéndonos despiertos , pero el planteamiento no puede ser más distinto.


Esta obra nos cuenta la vida de Ted, un chico con este TEA, que vive solo. Se desenvuelve bien, con sus más y sus menos, pero lleva su día a día con solvencia. La obra nos muestra cómo ve él el mundo y cómo vive su vida, a pesar de todos los obstáculos que se le presentan a diario, y pone de manifiesto lo complejas que pueden resultar para este tipo de personas algunas rutinas que damos por aprendidas y sin reparar en que no tienen por qué ser automáticas: desde el sarcasmo, al cortejo o ligue, o a cómo reaccionar ante el sufrimiento ajeno.

Y la obra la realiza una autora que sabe de lo que habla, pues tiene un hermano con TEA aunque, como ella misma reconoce en el epílogo, no es especialista y ni siquiera se considera una entendida en el tema, pero sí ha sido capaz de transmitir cómo ven este tipo de personas el mundo exterior, y lo hace con una narrativa absolutamente hipnótica. A través de un dibujo muy desproporcionado, prácticamente esquemático sin mostrar detalles en los rostros y con una plasticidad que da la sensación de estar viendo un mundo en continuo cambio, intenta mostrarnos un punto de vista diferente. Para ello, tirará de recursos muy efectivos, como los cambios de nivel de detalle para mostar determinados momentos, o una saturación de la página con el color, haciendo contraste con el tono austero y minimalista que tiene la obra en general. Aunque, uno de los recursos que más me ha gustado es cómo retrata a los personajes desconocidos. Toda aquella persona que resulta extraña para Ted es mostrada con un simple delineado con colores claros en su contorno, sin colorear el resto. A medida que va tomando confianza o ya deja de ser desconocida, empieza a colorearse su interior y el contorno se muestra con línea negra… como si ya fuera real para él.


Igualmente juega con el ritmo de un modo llamativo: para contrarrestar esa sensación de escenas repetitivas, rutinarias y mecánicas, recurre a una narrativa acción a acción con la que puede detenerse en cada botón de la camisa que se abrocha o en cada cordón del zapato que se anuda, y esa lentitud en el avance queda compensada con creces por esas formas tan desproporcionadas y esas piernas o brazos eternas que llevan todo el peso del movimiento,  proporcionando una sensación de ritmo que sorprende por lo realmente lenta que debería estar transcurriendo.

Solo me ha costado un poco buscar una moraleja a la historia pues, viendo cómo transcurre linealmente, nos encontramos a un chico que vive solo, a pesar de su enfermedad, pero que se desenvuelve relativamente bien y, a medida que sus padres y hermanos se preocupan por él y comienzan a llevarlo a médicos y a tomar un tratamiento… va perdiendo su identidad y de mal en peor. Puede quedar la idea (falsa) de que este tipo de personas necesita vivir por libre sin ningún tipo de supervisión, y como la misma obra muestra, no es así. No obstante, no creo que sea lo más importante de la obra, y es mucho más interesante ver qué y cómo lo cuenta que intentar encontrar dicha moraleja. Entiendo que la autora solo pretendía mostrar este peculiar punto de vista y buscar la empatía de los lectores más ajenos a lo que supone la convivencia con una persona con TEA.


En definitiva, Ted, un bicho raro  es una obra hipnótica, fresca, con una narrativa ágil e innovadora, con unas viñetas de una plasticidad asombrosa que nos ponen en la piel del «bicho raro» y nos abre los ojos a una realidad que a muchos les puede quedar lejana. Una manera realista y no necesariamente tremendista de mostrar la realidad de una enfermedad muy limitante y difícil de gestionar por la familia, pero que a veces no deja ver la humanidad de estas personas. Una obra a la que merece la pena echar un vistazo por su originalidad y por lo psicotrópica que resulta desde su primera hojeada.

Lo mejor: La narrativa. Cómo compensa esa narración detallada y lenta con un sensación de movimiento continuo gracias a cómo mueve al protagonista. De las obras más frescas que he leído en los últimos meses.

Lo peor: Me hubiera gustado ver más clara una moraleja de la historia aunque… la vida real es así, y no siempre conlleva una.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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