Debo reconocer que cuando se anunció Shin Zero de Mathieu Bablet y Guillaume Singelin di un pequeño salto de alegría. Sobre todo por el artista, una de las estrellas de Label 619, que me parece uno de los mejores dibujantes europeos surgidos en los últimos quince años. También me llamaba mucho la temática, pues todo lo que tiene que ver con el género Super Sentai y el Tokusatsu me flipa horrores. Ahora bien, ya me habían hablado de cómo se las gasta el escritor en sus historias, siendo el guion lo que me ha acabado descolocando más a la postre, pero para bien.

Shin Zero nos traslada a un presente alternativo que en el pasado tuvo que lidiar con la amenaza de los Kaijus, para combatir a estos monstruos gigantes se utilizó el programa Super Sentai. Como si de una producción japonesa televisiva se tratase, personas normales llegaron a pilotar robots enormes o se les concedieron poderes fantásticos con los que hacer frente a los bichejos…eso fue entonces, ahora el mundo es diferente.
Más drama costumbrista que tebeo de superhéroes, Shin Zero órbita sobre la siguiente pregunta ¿Para qué sirve un héroe en un mundo que no los necesita? Ambientado cuatro años después de la primera entrega (de tres), los protagonistas de la obra deberán hacer frente a amenazas personales más mundanas como llegar a fin de mes, tener un buen trabajo, abandonar el nido familiar o recuperar la custodia de un hijo.

Dicho de esta manera puede parecer raro, incluso algo absurdo,pero lo que consiguen Bablet y Singelin es atraparnos como moscas en una telaraña con una trama humana donde el verdadero peligro es el paso del tiempo. El salto temporal con respecto al anterior volumen sirve para comprobar como estos chavales han madurado hasta el punto de ver sus sueños y aspiraciones reducidos a cenizas en la mayoría de los casos.
Cada personaje de Shin Zero bien podría representar un espectro emocional. Tenemos a Warren que necesita desesperadamente reconocimiento y aprobación. También está Satoshi que es un idealista que tiene la esperanza de devolver a los Sentai la grandeza de antaño. Por su parte, Héloïse es una superviviente resignada, Nikki hace justicia a su manera (tremendas sus apariciones) y Sofía está dispuesta a sacrificar su felicidad, ocultando sus verdaderos sentimientos, con tal de dar a su hijo un futuro más próspero.
A nada que entréis en el mundo planteado por los autores acabaréis devorando la historia de una sola tacada. Bablet da forma a personajes llenos de capas de lectura a la par que aprovecha para realizar una encarnizada, y nada sútil, crítica social poniendo en relevancia los problemas más comunes para la juventud como la precariedad laboral, la falta de oportunidades o las complicaciones para el acceso a una vivienda. Críticas de lo más reales a la luz de las protestas más recientes que se están dando en el país vecino.

Ahora bien, esto no quita para que Shin Zero sea también un manga europeo de lo más entretenido. En el presente tomo vuelve a estar presente la amenaza kaiju, pero de una forma que poca gente habría sido capaz de imaginar. Habrá que ver por dónde van los tiros y si los autores tienen preparada una gran traca para el desenlace de su historia o por el contrario siguen por la misma línea. Os prometo que, en este momento, no tengo ni idea de si será una cosa u otra.
Por su parte, Singelin nos ofrece un acabado artístico que es para enmarcar. Su pasión por el detalle y, especialmente, su capacidad para mostrar con sencillos trazos todo tipo de emociones humanas es la clave para un tebeo de este tipo donde los sentimientos de los protagonistas lo son todo. El apropiado uso de color, dando cromatidad solo a los uniformes Sentai, sirve para contrastar la realidad del idealismo, para hacer hincapíe una vez más de que les ha tocado vivir una vida de disconformidad.
En definitiva, Shin Zero es una obra recomendable, bonita, compleja y muy humana. Nadie debería pasar sin echarle un vistazo.
Actualmente tenéis en preventa en la web de Grafito este segundo volumen que será lanzado a las librerías a principios de noviembre.
