Si eres de aquellos que, movidos por la reputación de esta serie, te lanzaste a por el primer tomo de esta serie y estás leyendo esta reseña porque no tienes nada claro si debes seguir leyendo la serie o directamente desestimarlo por no haber conseguido conectar con ella desde un principio, tengo un par de cosas que decirte. En primer lugar, que no te juzgo. Es absolutamente comprensible, puesto que esos primeros 19 números de la serie pueden resultar abrumadores y hacerte pensar que algo se te debe haber pasado para que todo el mundo hable tan bien de esta serie de la que te ha costado sacar algo en claro. Pero en segundo lugar, y creo que lo que más te interesa, es muy probable que si le das una oportunidad a este Shade El Hombre Cambiante 2 acabes alegrándote de haberlo hecho, puesto que creo vas a empezar a desenmarañar el nudo que antes te parecía imposible deshacer. Al menos a mí me ha sucedido eso, no sé si porque me ha pillado en un momento diferente o porque ya he asimilado mejor los códigos de Peter Milligan, pero las historias que aquí se contienen, incluso las más enrevesadas, surrealistas y confusas… tienen un objetivo, una dirección que creo haber sabido identificar. Lo bueno de esta edición de Panini es que cada tomo contiene tantos números que permite llegar a este punto con suficiente margen para seguir apostando por ella. De haberse editado en tomos de 6 números, es probable que, como tú, hubiera estado más que tentado de abandonarla.

Ya hemos pasado por esos primeros compases con Shade enfrentándose al Grito Americano, y ahora comienza una historia estilo road movie en la que Shade, Kathy y Lenny comienzan un viaje por Estados Unidos en el que les van a suceder muchas cosas. Desde un triángulo amoroso cuyas aristas van a estar en continuo cambio, entrecruzándose incluso entre sí, y uno de esos lados va a hacer gala al apodo que recibe y da nombre a la serie. Shade va a cambiar mucho en estos números: se va a duplicar, va a cambiar de género, va a cambiar de huésped… pero en todas estas historias la idea es que el lector reflexione sobre esos temas que siempre comentamos a la hora de reseñar cualquier obra del guionista inglés, la identidad. En esta ocasión, lo va a hacer de una manera mucho más sencilla de lo que habíamos leído hasta ahora. ¿O puede ser que ya sepamos hablar su idioma y seamos capaces de identificarlo con más facilidad?
El hecho de tener un protagonista alienígena, vinculado al área de la locura, le proporciona a la serie unos límites bastante difuminados a la hora de experimentar. Decía en la reseña del primer tomo que eso podía contribuir a que un lector poco habituado al sello Vertigo en sus inicios pueda perder el hilo (y por ende, su paciencia) con facilidad. Y precisamente si algo salta a la palestra en estos números es una estrecha relación con otras series del mismo sello. Cuando lees estos números, se te van a venir títulos como Sandman, La Cosa del Pantano o Hellblazer. series que ya llevaban tiempo establecidas y con muchos lectores. De la primera existe una clara influencia del hecho de cómo contar las historias y entremezclar lo onírico con la realidad, pero también por algunos de los personajes que aparecen: cierto villano de estas páginas recordará al Corintio, y es imposible no acordarnos de Shakespeare en la serie de Gaiman cuando llegamos al arco argumental con Hemingway, Joyce y Stein. La relación entre Shade y Kathy recordará en cierto modo también a la de La Cosa con Abigail, y el tono sobrenatural en general, nos rememorará a la serie de John Constantine, especialmente en el arco del caso del Senador Dooley.

Probablemente el arco que más me ha gustado de todo el tomo ha sido el que cambia el título durante unos meses, pasando a llamarse Shade, la Mujer Cambiante. En esta historia, el Metano cambiará de huésped a una mujer, proporcionándole al protagonista una serie de esfuerzos y sensaciones con las que no contaba. Y me ha gustado porque a través de una historia que se podía haber contado de un modo muy diferente, Milligan explora la identidad de género y el mundo femenino contextualizado en su época. Para Shade no resultará nada fácil adaptarse a un cuerpo con un escenario diferente al que estaba acostumbrado, en el que los impulsos, la sexualidad y algunas desigualdades cambian por completo el escenario. Es una manera muy inteligente de profundizar en el mundo femenino desde una perspectiva bastante curiosa e interesante. Lo mejor es que no pone el foco en ese aspecto, sino que es un trasfondo para una historia de desapariciones y asesinatos con una trama muy intrigante, en la que cuando llegas al final te paras a reflexionar y te das cuenta de lo rico que es este arco argumental en cuanto a capas y subtexto.
Chris Bachalo sigue llevando la voz cantante en cuanto al dibujo, aunque comienza a dejar sitio para otros dibujantes que, en algunos casos solo hacen algún fill-in, eso sí, de auténtico lujo, con nombres como Peter Gross, o un espectacular Brendan McCarthy, al que habíamos visto como portadista hasta ahora. La que sí tiene bastante más peso al hacerse cargo de bastante más números es Colleen Doran, dibujante a la que muchos asociamos al Universo Sandman, y con un trazo mucho más limpio y convencional que el de Bachalo. Eso en determinados momentos es positivo, sobre todo en esas historias con un toque más terrenal, sin tanto salto a la locura, donde el dibujo de Bachalo sí es mucho más adecuado por lo excesivo que puede ser.

En definitiva, Shade El Hombre Cambiante 2 me ha reconciliado por completo con una serie de la que reconozco que en su día no conseguí conectar por edad, y que tras leer ahora el primer tomo me había gustado más por lo experimental y sus trucos narrativos y gráficos que por el contenido en sí de sus tramas. Aquí ya sí se comprende mucho mejor hacia dónde pretende llevarnos el guionista, sin que ello suponga que abandonemos los excesos, las tramas hiperbólicas y el abrazo continuo al surrealismo y la locura. Sin duda en este punto (mitad de la serie) es más fácil comprender la fama que arrastra, al mismo tiempo que el miedo de las editoriales españolas previas a la hora de reeditar un material como este. Historia de Vertigo y un material con un poso de reflexión tras cada arco que la convierte en una de las series más interesantes de su generación.
Lo mejor: Las reflexiones del arco de la Mujer Cambiante. El contraste de una dibujante como Colleen Doran.
Lo peor: Aunque resulta mucho más asequible que lo anterior, sigue siendo una serie para muy cafeteros.


