Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Kick-Ass Omnibus, de Mark Millar y John Romita Jr.

Kick-Ass Omnibus, de Mark Millar y John Romita Jr.
Guion
Mark Millar
Dibujo
John Romita Jr.
Tinta
Tom Palmer
Color
Dean White, Michael Kelleher, Dan Brown
Formato
Cartoné, 768 páginas
Precio
60 €
Editorial
Panini Comics. 2023
Edición original
Kick-Ass 1-8, Hit Girl 1-5, Kick Ass 2 1-7 y Kick Ass 3 1-8 USA

El realismo en los cómics de superhéroes es un tema que se lleva tratando de una u otra manera desde la Edad de Bronce. Desde que Dennis O’Neil y Neal Adams mostraron la adicción a la heroína de Roy Harper, el reflejo del mundo real en las viñetas es algo sobre lo que periódicamente se reflexiona. Y hay varias tendencias al respecto. Por un lado, está la clásica pregunta de cómo cambiaría el mundo si hubiera superhéroes en él. Aquí tenemos el eterno ejemplo de Watchmen, siempre Watchmen. Luego está la vertiente opuesta, que es cómo cambiarían los superhéroes si tuvieran que enfrentarse al mundo real. Y aquí tenemos, pasado por un enorme filtro humorístico, la Liga de la Justicia Internacional de Keith Giffen, J.M. DeMatteis y Kevin Maguire. Pero hay un tercer enfoque: ¿qué tipo de persona del mundo real se vestiría unas mallas y saldría cual Quijote moderno a la calle a desfacer entuertos? Y ésta es la idea de la que parte, regada de una buena cantidad de molonismo y ultraviolencia, el Kick-Ass de Mark Millar y John Romita Jr. que Panini recopila ahora en un masivo Omnibus de más de setecientas páginas.

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Dave Lizewski es un chaval cualquiera de dieciséis años. No es de los populares de su clase, pero tampoco es un marginado. Tiene su grupo de amigos, en el insituto le va normal y le gusta una chica que no le hace ni puñetero caso. Pero Dave tiene un par de peculiaridades. La primera, que es un lector obsesivo de tebeos de superhéroes. Y la segunda, que tiene un distanciamiento de la realidad tal que piensa que él puede ser un superhéroe en el mundo real, así que se compra un traje de neopreno por internet y sale a combatir el crimen en su ciudad. En su primera misión planta cara a tres macarras que están haciendo una pintada en una pared y acaba en el hospital con una paliza, una puñalada y atropellado por un coche cuando intentaba escapar. En resumen, una versión exagerada de la leyenda urbana del chaval que saltó por la ventana de su casa después de ver la peli de Superman de 1978.

Pero a partir de aquí, Millar se deja llevar por la fantasía y la exageración. Dave, que adopta el alias de Kick-Ass (juego de palabras intraducible entre “patear culos” y “ser la polla”), resulta no ser el único superhéroe. Entran en escena también el enorme Big Daddy y su sidekick, una chavala de doce años que responde al nombre de Hit-Girl (si Hitman es asesino a sueldo, Hit-Girl es la niña asesina o algo así, y hace honor a ello), una forma de contextualizar en el mundo actual la salvajada que era tener a un tipo como Batman sacando a un niño de primaria a zurrarse con criminales (y matarlos, por cierto) a finales de los años treinta del siglo pasado. Inicialmente, tanto Kick-Ass como Big Daddy y Hit-Girl se enfrentan a delincuentes callejeros y criminales organizados, pero poco a poco irán apareciendo supervillanos coloristas como versiones malvadas de los héroes disfrazados… al igual que ocurre en el cómic superheroico durante sus orígenes en la Edad de Oro. Y el villano principal responde al peculiar alias de, ehm, El Hijoputa. Y si echamos la vista atrás a la historia del género, después de los héroes y los villanos tenemos… los supergrupos. Pero para que haya un supergrupo tiene que haber antes más héroes. Y como el primero había funcionado (y con esto podemos referirnos tanto a Kick-Ass como a Superman), la moda se extiende y van apareciendo cada vez más.

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Kick-Ass es una obra en la que se aprecian muchas de las características habituales de Mark Millar. Juega con escenas provocadoras y un lenguaje intencionalmente grosero, pero a la vez nos cuela por debajo ácidas reflexiones con mucha mala leche a la vez que demuestra conocer ampliamente el medio en el que se mueve. La idea de que alguien que se mete en unas mallas de colores y sale a la calle a pegarse con desconocidos tiene que tener una fuerte tara mental no es algo nuevo -ya lo plantearon muchos autores, especialmente Alan Moore y Frank Miller a principios de la Edad Moderna-, pero también deja caer aquí que la obsesión de los fanboys tampoco es precisamente saludable, algo que puede resultar innovador en palabras de un inglés que ha crecido sin tener a Cervantes en su cultura, o también alguna que otra pedrada dirigida a la escasez de valores en la sociedad actual. Aún así, todo ello queda regado de una buena cantidad de golpes, mutilaciones, sangre y huesos rotos para llegar al producto esperable de Millar (el Millar bueno): una historia tan divertida como macarra con ideas más interesantes de las que se pueden esperar entre tanta víscera.

Al dibujo tenemos a John Romita Jr., repitiendo el equipo creativo que formaron en Lobezno: Enemigo del estado. Aunque este autor es un auténtico privilegiado narrando escenas de acción, y como tal es uno de los autores más importantes que han pasado por franquicias como Spiderman o la Patrulla-X, en Kick-Ass cumple, pero no está ni remotamente a la altura de sus mejores trabajos. El dinamismo en las peleas y persecuciones está presente, pero hay ciertas deformidades, como los tradicionales niños cabezones marca de la casa, especialmente exageradas en esta obra. Tampoco parece estar especialmente bien acabado, pero hay que tener en cuenta que no está entintado por sus colaboradores más inspirados (que podrían ser Al Williamson, Dan Green o Klaus Janson), sino por el veterano Tom Palmer.

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La edición de Panini es impecable. Incluye las tres miniseries del personaje y el spin off de Hit-Girl, que forma parte de la trama como una cuarta miniserie más. Además de los tebeos, se incluyen los textos introductorios que aparecieron en los tomos recopilatorios de Image Comics, editorial a la que Millar se llevó su sello Millarworld hace ya diez años, por gente como Rob Liefeld, Scott Snyder, Joe Carnahan o Jeff Wadlow. En la edición de Image, por cierto, el propio Millar reescribió ciertos diálogos por los que el tiempo no había pasado precisamente bien, con insultos homófobos y machistas, y ésta es la versión que ha utilizado Panini para este volumen en lugar de limitarse a reimprimir las ediciones anteriores.

La escueta sección de extras consiste en una galería de portadas alternativas por parte de autores de primera fila como Steve McNiven, Geof Darrow, Adam Hughes o Marc Silvestri entre muchos otros.

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A estas alturas, Kick-Ass es un personaje más que conocido, a lo que sin duda ayudaron las descafeinadas adaptaciones cinematográficas, que aún sigue apareciendo periódicamente y al que en breve volveremos a ver dentro del macroevento de Millarworld Big Game. No es una de las series más inteligentes de Millar, pero sí que tenemos un tebeo más que defendible que todos los fans del autor escocés deberían leer. Además, es un tebeo pensado como tal, no como propuesta para una serie de televisión o película como suele hacer en los últimos tiempos.

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