Es la hora de las tortas!!!

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Ka-Zar. Señor de la Tierra Salvaje

Ka-Zar. Señor de la Tierra Salvaje
Guion
Zac Thompson
Dibujo
Germán García, Álvaro López y Lalit Kumar Sharma
Tinta
Germán García, Álvaro López, Belardino Brabo, Marc Deering y Le Beau Underwood
Color
Matheus Lopes y Matt Milla
Formato
Rústica. 112 páginas. Color
Precio
14€
Editorial
Panini Comics . 2022
Edición original
Ka-Zar: Lord of the Savage Land #1-5 (Marvel)

No sabemos si será igual en USA, pero en España a buen seguro que mucha gente se acercará a Ka-Zar. Señor de la Tierra Salvaje, por la presencia y reinvención de Germán García en el apartado gráfico. Es por eso que tal vez les sorprenda la encarnación de Kevin Plunder que se van a encontrar en este tomo único.

Ka-Zar. Señor de la Tierra Salvaje

Tanto en la introducción como en el epílogo, Bruno Orive hace lo que puede con el poco espacio del que dispone para contextualizar a un Ka-Zar que dista mucho del trasunto de Tarzán rescatado de la Edad de Oro y que conoceríamos sobre todo de la mano de Gerry Conway, John Buscema, Doug Moench o Bruce Jones. Lo que podemos recordar es básicamente la historia de joven lord inglés colono blanco que se hace el señor de una tierra indómita, en este caso llena de dinosaurios y otras maravillas como es la Tierra Salvaje. Llegaría después, a principios de los 70 Shanna, la diablesa, y finalmente a finales de los 80 llegaría aquel mítico Annual de los X-Men con Chris Claremont y Arthur Adams donde nos presentarían a Matthew, el hijo de ambos. Y así se fijaría un status quo para el personaje, que podríamos ver por ejemplo en su serie de Heroes Return y que permanecería más o menos hasta darse los dos hitos que nos llevan a la situación actual.

Por un lado, Frank Cho mataría y resucitaría a Shanna en las páginas de Savage Wolverine dotándola de una comunión con la Tierra Salvaje casi como una diosa. Y después llegaría Imperio y algo similar sucedería con Ka-Zar por influencia de los Cotati y ahora es algo así como el Animal Man pseudodivino de la etapa de Jamie Delano. Para rematar el extraño estatus con que se inicia Ka-Zar. Señor de la Tierra Salvaje, Matthew es ya adolescente y todos sabemos las complicaciones que eso siempre acarrea.

Ka-Zar. Señor de la Tierra Salvaje

Con todo esto, tenemos una historia donde algo que dormía bajo la Tierra Salvaje ha despertado y podría ponerla suponer su fin tal y como la conocemos. La historia entonces tirará de dos frentes que son esta fábula ecologista que recuerda en ciertos momentos a La Princesa Mononoke junto con el conflicto generacional en medio de todo este cúmulo de situaciones tan peculiares.

Pero vosotros no estáis aquí por eso. Vosotros habéis venido a ver a Germán García, ¿verdad? Este autor asturiano fue uno de los más destacados de la segunda hornada de autores españoles en llegar a los USA. Tras triunfar en los títulos de mutantes y Superman, desapareció sin dejar rastro a comienzos de siglo para reaparecer hace muy poco en el Hulk de Al Ewing de manera fugaz aunque completamente transformado. Las previas de Ka-Zar. Señor de la Tierra Salvaje ya nos enseñaban un registro gráfico completamente nuevo, mucho más suelto y orgánico, pero sin descuidar los niveles de acabado que se precisan hoy día. Un nuevo estilo que a buen seguro es fruto de los plazos del cómic USA y las posibilidades que brinda la tecnología, pero que resulta tremendamente orgánico, dinámico y vivo, nada mejor para dibujar una serie de la Tierra Salvaje, ¿no? Los medio digitales permiten un estilo más cercano al boceto, pero que a la vez se puede servir de texturas de pincel, trabajar con onomatopeyas muchos más integradas y valerse de un tratamiento de color que, pese a todo, no resta definición al dibujo.

Ka-Zar. Señor de la Tierra Salvaje

Punto a favor también de Álvaro López, quien le echa una mano sin perder su propia impronta, pero completamente integrado en el planteamiento de Germán García. No tanto así es el caso de Lalit Kumar Sharma, que sin ser algo sangrante, no termina de entrar en el juego. Aun así, queda todo unificado por una paleta de color profundamente pastel y no muy abierta, que consigue el contraste justo para separar planos, pero también ser lo bastante uniforme para impregnar todo de una atmósfera unitaria que ayuda a solidificar estos dibujos de trazo menos acabado.

Zac Thompson, por su parte, no brilla pero sale airoso de un tebeo con una premisa un tanto complicada, que sin duda sería mucho menos interesante en menos de un equipo artístico menos dotado.

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