Abrir un libro dibujado por Laura Pérez es entrar de lleno en su particular universo… incluso cuando no está escrito por ella y refleja una historia tan personal como la de Guillermo Corral en El iglú. La obra refleja el trabajo de casi cinco años de colaboración entre ambos autores y está editada por Salamandra Graphic. En ella, se nos cuenta una historia que refleja el pasado de Corral como un niño que vive en un país ajeno, y cómo se recuerda cuando se es adulto. Una obra con un aire de misterio pero que realmente habla sobre la nostalgia, sobre las decisiones que tomamos o dejamos de tomar en la infancia y en la madurez.

Óscar es un hombre que, en un momento en que se replantea su relación de pareja, vuelve a la pequeña localidad suiza donde pasó buena parte de su infancia. Intenta aislarse de todo en un pequeño pueblo en el que vivió como un extranjero durante su infancia y a pesar de ello atesora grandes recuerdos y unas buenas amistades. Esa crisis existencial y ese momento complejo sirve para replantearse muchas cosas, y para abrir una ventana a su pasado y a su infancia, con reencuentros e inevitables «¿qué hubiera pasado si…?».
La obra pretende realizar un pequeño homenaje a la infancia de Guillermo Corral, cuya anterior obra fue nada menos que El tesoro del Cisne Negro, junto a Paco Roca. Este autor sabe de quién rodearse en sus acercamientos al cómic, pues ha pasado del, posiblemente, dibujante que más vende en nuestro país (y también el español que más vende en el extranjero) a la reciente ganadora de un Eisner por Nocturnos, y nueva sensación a nivel mundial, Laura Pérez. Y su creciente éxito no ha sido gratuito ni casual… Su capacidad para aportar su marca a través de un estilo sencillo pero tremendamente atmosférico hace que cualquier historia se convierta en algo muy especial.
Óscar vuelve a su zona de confort, al lugar donde pasó una etapa que recuerda con cariño, esperando encontrar el calor y la serenidad que necesita en ese momento tan complicado. Pero no encuentra lo que estaba esperando. Esa localidad (ficticia, pero inspirada en un pequeño pueblo suizo real) ha cambiado por completo, desde la gente hasta el propio clima, que siempre ha sido muy frío, hasta el punto en que uno de sus entretenimientos familiares era construir iglús donde pasar el rato con los amigos. Es el reflejo de cómo afrontamos las crisis de identidad, cómo confiamos en exceso en el pasado y esperamos que nada cambie, que todo tiende a seguir siendo como siempre.

Cuenta en el detallado artículo final cómo se gestó esta obra, y cómo muchas de las cosas que se pueden leer en la historia son el reflejo del viaje que realizaron ambos autores a la localidad de La Chaux-de-Fonds, donde fueron testigos de cómo ha cambiado con el tiempo y sirvió para reflejar eso en la obra. No es la única influencia que tiene la obra, puesto que otro de los grandes referentes es la película de 2017 Una historia de fantasmas, de la cual se puede ver incluso un póster en una escena en concreto. Porque Óscar observa el pueblo como si fuese el fantasma de esa película, desde un punto de vista solitario y sin intervenir, con recuerdos continuos al pasado pero sin participar en nada, a modo de mero observador.
Pero, sin restarle mérito al guion de Corral, sin duda esta obra se ve engrandecida en gran parte por el excelente trabajo de ambientación de Laura Pérez, quien como decía al principio consigue trasladar a los conocedores de su obra a ese mundo tan particular, repleto de paz y silencio. Estamos ante un cómic con muy poco texto, y es que realmente no es necesario. Las observaciones del protagonista, los recuerdos, sirven para mostrar un pueblo pequeño, solitario, en el que no hay mucho ruido ni suceden grandes cosas, y eso se ve reflejado en el dibujo tan sereno de Pérez. Igualmente el color se basa en las paletas tan reconocibles en la obra de la autora: amarillos, verdes y algún detalle en rojo. Es una paleta que funciona muy bien en un cómic ambientado en una población tan aislada y fría.

En definitiva, El iglú es una obra que invita a echar la vista atrás a nuestras vidas en los momentos difíciles, al mismo tiempo que miramos dentro y buscamos cómo hemos evolucionado, dónde están esos puntos de inflexión a partir de los cuales cambió todo. Invita a reflexionar si esos cambios fueron a mejor o a peor, si tuvimos poder de decisión cuando sucedieron, o eran inevitables, y a hacer ese ejercicio de introspección antes de mirar al futuro. Una obra que deja un interesante poso de reflexión, con un dibujo maravilloso y atmosférico.
Lo mejor: La capacidad de Pérez para convertir cualquier historia sencilla en algo especial.
Lo peor: Que nadie espere una sola escena de acción, esta es una historia personal que invita a la reflexión.
