El fruto del enebro tiene usos médicos y culinarios, pero su naturaleza primordial es amarga. Anja desea con fervor tener un hijo rojo como... El enebro, de Núria Tamarit

El fruto del enebro tiene usos médicos y culinarios, pero su naturaleza primordial es amarga. Anja desea con fervor tener un hijo rojo como la sangre y blanco como la nieve, y para ello está dispuesta a entregar su propia vida. En la tragedia, su esposo Jacob tal vez podría rehacer la suya, pero… ¿y si su nueva mujer quisiera otro hijo y repudiase al primero? Núria Tamarit imprime su mirada al cuento cruel y maravilloso que los hermanos Grimm recogieron de la tradición popular hace más de doscientos años.

Los cuentos populares son, como ya dijimos en la reseña de Érase una vez, fuente inagotable de material para adaptaciones a otros medios. En el caso del cómic no son pocas las versiones de cuentos infantiles que abundan en las estanterías. Los hay muy conocidos por todos, como Caperucita Roja, Blancanieves, La sirenita (gracias, Disney); pero también hay cuentos más oscuros, con una moraleja menos evidente o, por el contrario, tan evidente que pasa desapercibida. Es el caso de El enebro, un cuento de los hermanos Grimm del que, si tuviera que extraer una moraleja, sería «no te fíes ni de tu padre».

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La historia empieza cuando Anja, la esposa del leñador Jacob, pide a las estrellas quedarse embarazada. Al poco queda en estado; meses después da a luz a Wilhelm, pero muere en el parto. El viudo cría solo al niño, vuelve a casarse años después, pero su nueva esposa, Gabrielle, desprecia al niño, en favor de la nueva hija de ambos, Marleenken. Y hasta aquí puedo leer. Lo cierto es que difícilmente podría catalogar este cuento como infantil, porque tanto la premisa inicial como el desarrollo ulterior son capaces de traumatizar al niño más pintado. Llamemos, pues, a este El enebro, un cuento para adultos. Y ha sido el elegido por la artista valenciana Núria Tamarit para hacer una traslación al cómic de lo más literal. De hecho, varios de los textos del cómic son idénticos a algunas traducciones del cuento que he leído por ahí, lo cual es muestra de la fidelidad con la que la artista ha adaptado el relato original. No obstante, Tamarit se permite ocasionales deslices autoconscientes en algunas de las reacciones de los personajes ante las apariciones de la Muerte o el Diablo. Reacciones anacrónicas de personajes que se salen de su papel, pero que, lejos de estropear el clima, lo dotan de un aura de inevitabilidad: ante la llegada de la muerte o la tentación diabólica, Anja y Gabrielle saben, respectivamente, que nada pueden hacer para evitarlo. De ahí su reacción aparentemente pasota.

Núria Tamarit (Avery’s Blues, Giganta) es, además de una dibujante de cómic que se va afianzando en el mercado español, una excelente ilustradora, con un tratamiento de la figura humana y del color muy en la línea de la ilustración típicamente infantil. Su trazo y estilo en la ilustración me trae recuerdos de aquellos dibujos del ilustrador José Ramón Sánchez (El desván de la fantasía, que los de mi quinta recordarán). Lo cierto es que en muy pocos años Tamarit se ha convertido en un nombre a tener en cuenta en el panorama comiquero español, merced a un estilo dúctil y directo. En este El enebro, la autora no derrocha páginas en deleitarse con ilustraciones (que podría hacerlo), ni en ralentizar la acción. Muy al contrario, desde el principio del cómic y apenas presentados los personajes, va profundizando en la historia, con lo que consigue que en apenas 70 páginas tengamos condensado el cuento completo.

Quizá lo más curioso de esta obra es que, pese a estar dibujada como si fuera un cuento infantil, me resisto a considerarlo como tal. En primer lugar, porque es una historia muy tétrica y oscura, y en segundo, porque no deja el poso de una enseñanza para los niños. Al contrario, el mensaje que transmite al receptor adulto es «hay que querer no sólo a los hijos propios, sino también a los ajenos». Pero no hemos de olvidar que los cuentos no son un género literario exclusivamente infantil: también hay excelentes cuentos para adultos. Y Tamarit se ha encargado de hacernos llegar éste de los hermanos Grimm de una manera muy accesible y apta para todo tipo de lectores. Con su dibujo sencillo, de suaves colores pastel y composiciones equilibradas, Tamarit convierte un cuento oscuro y de difícil digestión en una lectura amable, sin escatimar en la truculencia característica del relato original, pero ahorrándonos la sangre que debería acompañar a alguna de las escenas.

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El nombre de Núria Tamarit se ha ido convirtiendo en los últimos años en sinónimo de cómics de calidad para todo tipo de lectores. Ya sea ilustrando cuentos infantiles o relatos de misterio, el trazo de esta joven autora nos transporta de vuelta a una infancia donde la ilustración era un oficio más artesanal que computerizado. Con El enebro, Tamarit va apuntalando una carrera profesional que sin duda la hará merecedora de todo tipo de éxitos y reconocimientos. Tiempo al tiempo.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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