Saludos desde el bosque, queridos lectores. ¡Qué frio hace! ¡No es tiempo de salir de acampada, decían! Ja, yo soy más duro que Bone y Big Johnson Bone juntos. Si no os lo creéis, preguntadle a cualquiera quién fue el único tortero que ganó una carrera de vacas corriendo de espaldas.
Parece que fue hace años cuando reseñamos el Integral de Bone, pero no han pasado más que unos meses. Unos siete, creo. Y aquí estamos, de acampada con uno de los primos, con su amigo mascota y con tres Jóvenes Castores que… quiero decir, tres jóvenes scouts.
Y para mí, al igual que en la obra original (leed la reseña que enlazamos antes, no me caigáis en la vagancia), hay dos obras en este tomito. La última historia y todas las demás.
O las cuatro historias del momento actual (nuestro y del universo Bone) y la anterior (también para nosotros y para su propio universo).
La primera historia y la que contiene a las demás están escritas y dibujadas por Jeff Smith, las otras tres salieron de la pluma usada por Tom Sniegoski.
Las cuatro historias actuales son tres historias contadas al calor de la hoguera y la historia contenedora que muestra el momento de la noche de la acampada.
Son historias adorables y encantadoras. Ojo, eso no significa que no se cuenten cosas que puedan ser tristes, pero el tono general es de inocencia o épica.
-¿Espera un momento, Lamastelle jefe de grupo de Jóvenes Casto….de scouts? ¿Cómo puede ser una historia a la vez inocente y épica?
Es fácil, queridos lectores. Pensad en la historia más épica del mundo o de todos los mundos. Y ahora pensad en como se la contaríais a unos niños.

Todos hemos leído adaptaciones infantiles de historias como La Odisea o la Biblia. Casi todo está ahí, pero el tono es totalmente diferente al original, ¿verdad?
Estas primeras historias son las que contaríamos en… bueno, en un campamento en el bosque, mientras cenamos. Mira que curioso que eso es exactamente lo que pasa, oye.
Nos hacen sonreir hasta leyendo historias de gente perdida en invierno en una montaña.
Posiblemente porque el matiz de exageración que tiene este tipo de historias hace que no las veamos como una historia real en la que a la gente le pasan cosas malas.
Y eso, queridos lectores, es lo que buscamos en esas historias de campamento.
En cambio la última historia (más larga y que Astiberri ya había publicado en blanco y negro) es más realista, más seria. Nos cuenta algo que, con todas las comillas metafóricas del mundo, es parte de la historia real del universo de Bone. Y estoy escribiendo universo de Bone y no Boneuniverso a sabiendas. Porque Bone (que no deja de ser una especie o un apellido, aunque para los lectores sea ese encantador personaje que conocimos perdido y solo en una montaña) pertenece a este universo, pero no lo domina. Es simplemente uno de sus héroes, no el único.
Que no hay nada malo en esa dualidad, pero a veces lo que queremos son simplemente historias inocentes que nos hagan sonreir y nada más.
Sin profundidad. Sin consecuencias.
Hay un detalle muy curioso. No sé si es un efecto buscado, un juego con los lectores o un despiste. Mirad un momento la portada. Contad las gorras de scouts. Hay cuatro. Bartleby (la mostrorrata) tambien lleva su gorra de explorador. Pero en el interior no la lleva. Pero si que lleva el pañuelo de explorador. Pañuelo que, por cierto, no lleva Smiley Bone, el presunto monitor y lider del grupo.
¿Significa esto que la mostrorrata más adorable del mundo ha ascendido de mascota-amigo a ser un ser independiente que puede ser scout? ¿Llevan a los niños de excursión pero fuera de la posible organización de exploradores de Boneville? ¿Quién sabe? ¿Y a quién le importa realmente?
Pasadme otro perrito caliente, por favor.

Eso si, si Ringo, Bingo y Todd no están inspirados en los sobrinos de cierto pato con mal genio y sin pantalones que tiene un tio muy muy muy rico, que vengan cuatro tornados y se lleven mi colección de tebeos estadounidenses.
El dibujo está lleno de expresividad. A medio camino ( o a la vez en ambos caminos, mejor dicho) entre los dibujos animados de los años 40 y 50 y la antropomorficación realista de los animales, nos ofrece un ambiente digno de cualquier libro ilustrado para niños, lleno de fábulas y de historias sobre animales que hablan sin que levantemos una ceja por la incredulidad.
El color lo han puesto Steve Hamaker y Tom Gaadt (que colorea la primera historia, Poderes Superiores) y da gusto verlo. Sin estridencias ni exageraciones, es uno de esos colores tan bien puestos que no te llaman la atención. Es, simplemente, parte del dibujo y de la historia.
La edición incluye como extra el mapa de El Valle en las dos guardas.
La traducción de las primeras historias es de Rubén Lardín. La de La historia perdida de Big Johnson Bone es obra de Gonzalo Quesada .
¿Por qué leer Bone. Los scouts y las mostrorratas?
Las primeras historias. El relato de esa acampada en medio del bosque.
¿Por qué no leer Bone. Los scouts y las mostrorratas?
Todavía no has leido Bone. Sin conocer a los personajes se pierde mucha de la magia.


