En una serie donde una pelota verde llena de músculos rebota de aquí allá sin cesar, hablar de Biblioteca Marvel El Increíble Hulk 9 como un número de transición puede sonar un tanto raro. Casi podríamos decir que todos lo son e Incredible Hulk no era una colección que en estos días se caracterizase por sus grandes sagas o los hitos que marcase. Hulk era precisamente la eterna transición, la huida hacia delante hecho serial en viñetas desde su mismo inicio.
Pero tal vez porque estamos comenzando a embarcarnos en una especie de estabilidad o quizá velocidad de crucero, se hace más patente. Al fin y al cabo, es un hecho que Stan Lee, que llevaba yendo y viniendo como guionista semirregular desde el principio, abandona definitivamente la serie y deja el testigo a Roy Thomas, que nos acompañará un buen puñado de tomos a partir de ahora.
Y no deja de ser curioso, porque el caso de Hulk siempre ha sido especial. En nuestro coloso esmeralda, eran y serán durante muchos años los guionistas los que saltaban en marcha y los dibujantes permanecían. Por eso no es para nada extraño hablar del Hulk de Marie Severin, el de Hulk de Herb Trimpe o el de Sal Buscema. Y sin embargo, con la llegada de Thomas se va advirtiendo un cambio de deriva, incluso en los dibujos de Herb Trimpe, pero retomaremos esto más tarde.
La primera mitad de Biblioteca Marvel El Increíble Hulk 9 se reparte en dos historias con el final de la etapa de un Stan Lee, que no vamos a negar que ya estaba un poco en automático y tirando de repertorio. Tenemos un combate contra Namor y otra saga con Maximus y sus inhumanos renegados. Tal vez en la segunda encontramos ideas algo más interesantes en el marco de un época donde la Guerra Fría se estaba cobrando una serie de intervenciones militares en latinoamérica, pero la verdad es que hilando muy fino, tal vez demasiado.
Tendremos mucho más tiempo para hablar de Roy Thomas en las próximas entregas, pero ya hay varias de sus señas de identidad que permean en los tres números que escribe en Biblioteca Marvel El Increíble Hulk 9. Thomas es uno de los primeros escritores de cómics que comienzan como fans. En 1969, aunque por poco, era aún un veinteañero que había crecido con los cómics de la Golden Age y los viejos pulps y su primera historia tiene mucho de todo esto. Tanto estos pulps, como los cómics de monstruos pre-Marvel, pero sobre todo The Heap serían la inspiración para Glob, este monstruo del pantano que se adelanta unos años a esos otros dos más famosos que seguro que conocéis.
Claro que Glob no ha tenido ni la décima parte de trascendencia que Man- Thing y menos aún que la Cosa del Pantano. Es curioso incluso que la mayoría de sus apariciones se hayan producido en nuestro siglo XXI, casi como homenaje, pero había ya una mejora puramente Marvel entre este monstruo y aquel en el que se basó. Mientras que Heap sobrevivía por pura voluntad Glob lo hace por amor, por el gran drama Marvel.
Además, tenemos también una idea interesante cuando Hulk se enfrenta a un monstruo aún más primario y es él esta vez el abusón y Glob la víctima de la incomprensión. Quizá no del todo por primera vez, pero sí es esta una de las primeras ocasiones que le hacen a nuestro goliat esmeralda plantearse ciertas preguntas.
Seguiremos aún en el próximo tomo y podremos llegar más al fondo, pero se da inicio aquí justo después a la saga de la cura. No es la primera vez que se coquetea con esta idea en Hulk ni la primera en que Banner domina al monstruo, pero sí se abren ángulos nuevos sobre el diálogo entre Banner y el monstruo, como la encarnación de su miedo, y parece haber una voluntad de explorar lo que se puede hacer con eso y no tanto una huida hacia adelante.
Por otro lado y terminar con otra nota muy thomasiana, con él de por medio, no podía faltar una buena pelea entre superhéroes y nuestro gigante verde se repartirá unos mamporros con Los 4 Fantásticos.
Saltando a su compañero de fatigas, ya lleva un par de tomos con nosotros, pero en Biblioteca Marvel El Increíble Hulk 9 encontramos los tebeos en los que Herb Trimpe comienza a tomar su forma definitiva. Comienza prescindiendo de entintadores para hacerse carga del dibujo completo y, aunque en los primeros números —aun con Lee— parece estar buscando otro camino — hacer su propio John Severin, según dice él mismo—, con la llegada de Thomas se refina, se pule en un estilo más sólido y sintético, sin descuidar su gestos exagerados y salidos de madre, que son marca de la casa. Tal como también afirma en el texto de epílogo, para esta transformación toma el modelo de dos Jacks: Kirby y Davis y, ahora sí, vamos teniendo una de las versiones de Hulk más memorables de todos los tiempos.
Puede que en sucesivos tomos sigamos viendo a Hulk dar tumbos de aquí para allá rebotando de sitio en sitio, pero tal vez por primera vez con esta etapa que comienza aquí tenemos por fin un objetivo, un rumbo estable. Quedaos y lo comprobamos.





