Como seres humanos, somos curiosos por naturaleza. Siempre tenemos o sentimos la necesidad de saberlo todo, somos impacientes y queremos conocer todos los detalles... Marvel Saga 94. Daredevil 25: El fin de los días.

Como seres humanos, somos curiosos por naturaleza. Siempre tenemos o sentimos la necesidad de saberlo todo, somos impacientes y queremos conocer todos los detalles de la vida. Esto eso así desde hace siglos, desde que Galileo miró a las estrellas o los exploradores españoles quisieron saber qué había más allá del océano conocido.

End of days

Con el noveno arte pasa exactamente lo mismo, especialmente con el cómic de superhéroes. Un tipo de cómic que por su género y concepción está destinado a ser sencillamente eterno. Desde que en los ochenta supiéramos de historias como Días del futuro pasado de Chris Claremont y John Byrne o sobre todo El regreso del caballero oscuro de Frank Miller y Klaus Janson, los lectores hemos querido saber que cual es el final de nuestros personajes favoritos, qué les depara el futuro o si finalmente colgarán las mallas.

Estos desenlaces rara vez presentan un fin halagüeño o esperanzador, predominando los futuros donde todo el mundo muere o se sacrifica heroicamente, por lo menos en Marvel, ya que en DC con su concepto de “Legado” suele haber un rayo de esperanza. Sin embargo, con los personajes La casa de las ideas parece que nos gusta el sadismo, que de manera visceral queremos que los héroes lo pasen mal y salvo raras ocasiones, como el futuro planteado en la desaparecida línea MC2 con Spidergirl a la cabeza, esto se cumple con creces.

bullseye

Para cubrir esta necesidad de sangre desde comienzos de este siglo en Marvel han publicado muchos proyectos con el epíteto de “El fin”: Punisher (con Garth Ennis y Richard Corben), Hulk (con Peter David o Dale Keown) o Lobezno (con Paul Jenkins y Claudio Castellini, y que este mes reedita Panini). Estos cómics nos enseñaron que una vida dedicada al sacrificio y a salvar a todo ser vivo que se pudiera estaba pagada con dolor y muerte. Como podéis ver, casi todos los grandes personajes de la editorial tuvieron su especial o miniserie. Pero faltaba Daredevil… Porque Brian Michael Bendis (posiblemente el guionista más importante que ha tenido Matt Murdock en los últimos veinte años) tenía reservado el proyecto para él mismo.

Lo que sucede es que el calvo de Cleeveland tenía una apretada agenda relanzando a los Vengadores o a la Patrulla X. Pero por fin, tras un retraso de unos cinco años desde que fue anunciado, se publicó Daredevil: End of the days, miniserie de ocho números que vio la luz entre octubre de 2012 y junio de 2013. Este serie limitada es la que ha cerrado el periplo del personaje en la colección de Marvel Saga, que ha recopilado de manera cronológica todos los cómics del cuernecitos desde su reinicio hace más de veinte años en la línea Marvel Knights de la mano de Kevin Smith.

daredevil fire

Quiero dejar claro que estamos ante una gran historia, un tebeo disfrutable que es todo un homenaje a la carrera de Daredevil, donde podremos ver a la mayoría de los personajes importantes que han salido en su colección a lo largo de su existencia. Orquestada por David Mack y Brian Michael Bendis, podemos observar en ella todo lo bueno a lo que nos tiene acostumbrados el guionista, pero también están todos sus trucos, trampas, atajos y deus ex machina que nos ha ido mostrando con el paso de los años.

La historia comienza de manera brutal, como un tiro. En la tercera página nos muestran como Daredevil es asesinado por Bullseye tras una larga pelea. Aquí Bendis se anota su primer tanto a favor y sorprende al lector mostrando el desenlace esperado nada más empezar la historia, dando al periodista Ben Urich el peso de la trama, en un ejercicio de estilo similar, pero no tan brillante, al de Frank Miller en los años ochenta en aquel mítico tebeo en el que Ben descubría quién se encontraba tras la máscara. Bendis & Mack orquestan una historia de género negro para saber que significó la última palabra pronuncidada por Daredevil: Mapone.

Daredevil: el fin de los días está escrita con un gran ritmo narrativo. La historia te atrapa de sobremanera, no pudiendo soltar el tebeo hasta que te lo has terminado. Además, Bendis no abusa demasiado de su ya conocido decompressive storytelling, por lo que la lectura cunde bastante. Eso sí, el propio autor se encargó de decir una y una otra vez que este tebeo era canon, que era el final oficial del personaje, y bueno, ya sabemos que esto es imposible. Pero no le vamos a quitar la ilusión de ponerse en plan pecho palomo.

Bendis saca petróleo de algunos personajes como Punisher (no me habría disgustado leer alguna serie suya con Frank Castle), Melvin Potter o sobre todo Ben Urich. A la par va haciendo desfilar a novias, villanos y aliados relacionados con Matt. Pero más allá de sobrecargar las páginas con un sin fin de personajes conocidos para que sirva de homenaje póstumo al héroe, construye un intrincado rompecabezas. Por desgracia parece no tener claras las piezas finales y esto provoca el mencionado Deus Ex Machina. La serie termina de la forma que termina, porque algún final había que darle pero actuaciones como la de Nick Furia (indispensable para dar coherencia al desenlace) no cuadran para nada con lo que ya se había mostrado previamente en la miniserie. No obstante, una mota de polvo no enturbia en exceso la pulcritud de esta carta de amor al personaje.

fury

La parte artística de Daredevil: El fin de los días también es un particular repaso glorioso al pasado del héroe urbano. La parte principal es obra de Klaus Janson que realiza uno de sus mejores trabajos con lápices de los últimos años. También tenemos páginas a cargo de Alex Maleev, David Mack o Bill Sienkiewicz, así como el excelente color de Matt Hollingsworth. Un acabado gráfico a la altura de las circunstancias.

De las mejores historias de este tipo que ha publicado Marvel.

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Txema Sáez

Fanático sin solución del cómic de superhéroes, del manga, del cine de terror, la literatura fantástica, los videojuegos y más heavy que una lluvia de mercurio al rojo vivo. Como los mejores turrones, he vuelto a casa por Navidad (aunque trece años he tardado).

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