En 2006 ya comenzaría el runrún de un tal Mark Russell que se había sacado de la manga una de las sorpresas del año... Huyamos por la izquierda: Las crónicas del León Melquíades

En 2006 ya comenzaría el runrún de un tal Mark Russell que se había sacado de la manga una de las sorpresas del año tomando como materia prima a Los Picapiedra. Tardaría un par de años en llegar a España, pero rápidamente se colaría en casi todos los tops de los mejor del año pasado. Paralelamente, en los medios que elaboraban su top sobre la actualidad USA, se colaba algo llamado Exit Stage Left: The Snagglepuss Chronicles. Ahora llega a España bajo el título Huyamos por la izquierda: Las crónicas del León Melquíades y está claro que Mark Russell está aquí para quedarse.

Huyamos por la izquierda: Las crónicas del León Melquíades

El León Melquíades no gozó de una popularidad excesiva en España y con toda seguridad los más jóvenes del lugar ni han oído hablar de él. Del mismo modo que el Oso Yogui, Maguila Gorila, Pepe Pótamo y Soso o Leoncio el léon y Tristón, Melquíades llegó a España en pequeños capítulos animados de unos 7 minutos y nos mostraba las andanzas de una especie de puma (lo que los americanos llaman un león montés) de color rosa, acento sureño (que se perdía en el doblaje), cultivado lenguaje y exquisitos modales. Si a eso que añadimos que su frase insignia era “Huyamos por la…” izquierda o derecha siendo en el original “Exit stage” (literalmente “salir de escena”). Mark Russell comienza a hilar.

El resultado es un dramaturgo homosexual de fina ironía que recuerda poderosamente a Oscar Wilde. Tal vez sea por tener reciente La divina comedia de Oscar Wilde (otro de los cómics del año), pero los modos de Melquíades y los de Wilde se antojan sospechosamente similares y todo apunta a que se trata de algo manifiestamente premeditado por parte de Mark Russell. Tal vez ambientar estas crónicas del León Melquíades en la era victoriana habría sido excesivamente limitado y dado que jugamos con todas las licencias que nos da un león antropomórfico de dibujos animados, Russell le da un giro que no hace sino apoyar y mejorar la idea. ¿Qué otra época moderna podría rivalizar en puritanismo enfermizo con la recta moral victoriana? La respuesta es el marcartismo, el periodo que tuvo lugar en la primera mitad de los años 50 en Estados Unidos, caracterizado por una paranoica caza de brujas durante la guerra fría, que se llevó por delante nombres como el de Bertolt Brecht o Dalton Trumbo.

Huyamos por la izquierda: Las crónicas del León Melquíades

De este modo, Huyamos por la izquierda: Las crónicas del León Melquíades, nos narra con animales antropomórficos la historia de un dramaturgo de éxito adaptado a los juegos de falsedad de la fama, pero dueño de firmes convicciones que tendrá que lidiar con un infame y pertinaz Comité de Actividades Antiamericanas que ve el enemigo en todo librepensante.

Las crónicas del León Melquíades es, como seguro que ya habréis oído o leído, uno de los tebeos del año. Aprovechando la figura wildeana en que se apoya, el tomo está plagado de diálogos mordaces, chispeantes y dignos de enmarcar, cameos de conocidos del viejo Hollywood y por supuesto del universo de Hanna Barbera, momentos emocionantes y, tal como sucedía en Los Picapiedra, muy mala leche… tan mala como cómplice.

Huyamos por la izquierda: Las crónicas del León Melquíades

Si acaso le podemos achacar algo a Russell es que parece más preocupado por el subtexto y los diálogos que por el desarrollo de una historia propiamente dicha. De nuevo, como sucedía en Los Picapiedra , el verdadero arranque argumental lo tenemos en el último tercio, dejando los dos primeros para recrearse en contexto, personajes, tono y subtexto. No se trata, no obstante, de mácula alguna para hacer de Las crónicas del León Melquíades un tebeo sobresaliente y el final termina en un punto sensiblemente más álgido que el de predecesora. Sin embargo, una vez visto esto se llega a echar de menos en los dos primeros tercios este ritmo que nos demuestra ser capaz de llevar más adelante.

Menos sobresaliente, aunque solvente es el dibujo del canadiense Mike Feehan, prácticamente un debutante en los cómics, con un estilo de línea que tiende a lo elemental en la onda de autores como Steve Dillon o Jacen Burrows. Se desenvuelve bien en las tareas narrativa para ser casi un recién llegado y el excelente guión de Russell no queda empañado, pero tampoco enriquecido. Las opciones narrativas sobre todo en lo emocional que pueden ofrecer los animales antropomórficos o prácticamente cualquier recurso que pudiera enfatizar la carga psicológica de este tebeo son pasadas por alto en favor de una narración funcional que cumple, pero no engalana.

Huyamos por la izquierda: Las crónicas del León Melquíades

Queda la espina de una mayor redondez en lo gráfico y más tras ver lo que Howard Porter puede hacer en la historia de apertura, extraída del Suicide Squad/Banana Splits Special, pero completamente redondo o no, vais a ver este tebeo en casi todos los tops de final de año sin apenas duda.

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Huyamos por la izquierda: Las crónicas del León Melquíades
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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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