Ya incluso desde que en 2004 nos diera La pipa de Marcos, podía advertirse en Javier de Isusi una calidad poco común en un... La divina comedia de Oscar Wilde

Ya incluso desde que en 2004 nos diera La pipa de Marcos, podía advertirse en Javier de Isusi una calidad poco común en un autor de su falta de veteranía. Han pasado 15 años y cada nuevo título ha dejado claro que sólo era el principio. Primero con el resto de entregas de la tetralogía de Los viajes de Juan Sin Tierra y después con obras como Asylum o He visto ballenas, Javier de Isusi ha ha llevado cada trabajo un peldaño de calidad más arriba sin que sepamos muy bien dónde puede llegar esa escalera . Pero es entonces cuando nos llega La divina comedia de Oscar Wilde, una obra que ha llevado al bilbaíno casi cinco años aprovechados al segundo, ya que estamos de un modo bastante patente, ante la obra más redonda de toda su carrera.

La divina comedia de Oscar Wilde

La querencia de Isusi por el genio dublinés es conocida, dado que en 2012 ya adaptó El retrato de Dorian Grey. Con La divina comedia de Oscar Wilde, Isusi acude a los últimos días de vida de Wilde. Tras su caída en desgracia y cumplida su condena, nos llevan al París de 1900, uno de los lugares y momentos de máximo apogeo de la cultura y el Arte en toda la historia y emplazamiento del exilio de Oscar Wilde hasta el día de su muerte.

Podríamos hablar de la exhaustiva labor de documentación que ha llevado a cabo Isusi, pero estaríamos infravalorando un trabajo que va mucho más allá. Los hechos y los personajes históricos están en su sitio, pero lo realmente meritorio es todo lo que no sucedió (o pudo no haber sucedido). Más allá de la documentación, lo más loable es la labor de entendimiento del personaje, de su figura, su entorno, su genio y sus miserias. Esa capacidad de introducirse en el contexto y la cabeza de Wilde es lo que hace que todas las escenas que Javier de Isusi inventa para La divina comedia de Oscar Wilde engrandecen y ayudan a conocerlo mucho más plenamente.

La divina comedia de Oscar Wilde

Sin embargo, La divina comedia de Oscar Wilde no es un documental. Tal vez pueda parecerlo en un primer momento, dado que uno de sus recursos más característicos son los cortes a entrevistas a distintas personas del entorno de Wilde. Pero obviamente estas entrevistas nunca tuvieron lugar, con lo que quizá este tipo de rupturas con la realidad nos estén dando algunas pistas de por donde discurrirá este cómic. Del mismo modo, no hay ni una sola viñeta con bordes en toda la historia. Los límites son nebulosos, etéreos, pero de algún modo se las apaña para hacerlo fluir de manera tan coherente que éste o cualquier componente de irrealidad funciona como si no fuera tal.

Isusi nos avisa desde el primer momento y comienza la historia con el gran montaje teatral de esta obra que está a punto de empezar, pero se cuida de ubicarnos e introducirnos en ambiente casi cucharada a cucharada y en un momento hemos olvidado el escenario y somos espectadores de una historia de corte realista. Acompañamos a este Wilde decadente, pero de genio intacto por las calles de ese París repleto de literatos y artistas. Por descontado que por estas páginas deambularán Robert Ross, Robert Sherard, Reginald Turner, Bosie, Maurice Gilbert y tantas otras figuras de la órbita de Oscar Wilde, pero también otros no tan afianzados a su nombre como Tolousse Lautrec o los hermanos Machado. Así conforma este fresco del París de las vanguardias solo para ir introduciendo el realismo mágico de manera muy gradual, completamente connatural y elevando la intensidad de la obra hasta un último acto tan abrumador como conmovedor.

La divina comedia de Oscar Wilde

Isusi nos brinda un relato que confía en la inteligencia del lector aportando más preguntas que respuestas, un relato repleto de máscaras y espejos, de poesía y simbolismo, pero siempre con un pie en la tierra y profundamente absorbente. Isusi consigue construir La divina comedia de Oscar Wilde con varios niveles de lectura de forma que haya una experiencia completa en cualquiera de ellos y nos deje asomar lo justo del siguiente para hacer de esta obra algo que apetezca volver a leer.

Una de las mejores cosas de Wilde es que da igual que estés o no familiarizado con su obra o su mito, su ingenio provocador, tan agudo y perspicaz como contradictorio, resulta igual de seductor para devotos y profanos y el modo en que Isusi dirige su representación nos lanza lo mejor del arsenal de una de las personalidades más magnéticas de la historia. Sus giros dialécticos, su ironía y cinismo, sus virtudes y flaquezas y hasta sus momentos más decadentes nos guían en este viaje de belleza y dolor por los círculos de su propio infierno.

Rápido, haceos con el tebeo, que está a punto de levantarse el telón.

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La divina comedia de Oscar Wilde
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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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