Estarían en pantalla tan solo 6 temporadas, desde 1960 hasta 1966, pero con las reposiciones, series derivadas y películas, son varias generaciones de niños... Los Picapiedra de Mark Russell y Steve Pugh

Estarían en pantalla tan solo 6 temporadas, desde 1960 hasta 1966, pero con las reposiciones, series derivadas y películas, son varias generaciones de niños y adultos los que han oído hablar de troncomóviles, brontohamburguesas o escuchado el grito de yabadadú. Pese a la facilidad con la que los niños podían devorar capítulos y capítulos de esta producción de Hanna-Barbera, Los Picapiedra fue una serie pionera en traer temas adultos a la ficción televisiva y sin ella tal vez no habrían sido posibles series posteriores como Los Simpson o Padre de familia.

Los Picapiedra

Y he aquí que en 2016 la actual propietaria de Hanna-Barbera resulta ser Warner y justo se han decidido a retomar en cómic algunas de sus viejas franquicias animadas. No son muchas las que han llegado a España de esta última hornada, pese a experimentos de indudable calidad como el Batman/Elmer Fudd, y se ha hecho esperar lo que ha resultado ser una joya tardía del 2018 en las librerías españolas. La culpa de una inmensa parte del éxito de esta última encarnación de Los Picapiedra la tiene Mark Russell, un guionista que parece haber salido de la nada, ya que es prácticamente la primera obra de su factura que llega a España. Russell había comenzado a dejarse ver en los USA en Top Shelf a través de títulos como God Is Disappointed in You o Apocrypha Now, que repasan bajo un punto de vista satírico textos religiosos judeocristianos. DC le echaría el ojo y en 2015 le pondrían a cargo de una miniserie revisando el viejo personaje de Prez, que estaría francamente bien poder ver en España. Sin embargo, la explosión ha venido con los Eisner de 2018 donde Russell ha sido nominado como mejor guionista y Los Picapiedra como mejor serie limitada y mejor serie de humor.

Con todo esto en cuenta, esta encarnación de Los Picapiedra no deja de ser una puesta al día de los de toda la vida, sólo que con una dosis de puntería, mala leche e ingenio realmente sorprendente y orientado ya sin rodeos a un público adulto (y sin sexo ni violencia, oiga). Los Picapiedra animados de los sesenta desmenuzaban su época y la misma edad de piedra servirá a Russell y Steve Pugh para diseccionar la nuestra. Acudir al origen de la civilización para explicar la majarada en la que se ha convertido no es un hallazgo de Russell, pero todo los demás sí. Nada queda a salvo de su sátira: explotación laboral, racismo, consumismo, el turismo hooligan, la religión, la ciencia, el Arte y los artistas, la podredumbre del juego político o incluso la gentrificación y en general todo lo decadente de nuestra sociedad de clases y nuestra alienada cultura de triunfadores y perdedores. Lo bonito de la sátira es primero su ánimo de subrayar sin tratar de aleccionar ni caer en críticas pretenciosas y condescendientes. Lo segundo es que gracias a ello es posible de explorar decenas de temas sin necesitar apenas detenerse y dejando a la inteligencia del lector el resto.

Los Picapiedra

Es posible que muchos no encuentren en Los Picapiedra ningún planteamiento revolucionario que no haya visto en otros medios o incluso en otros cómics (me viene a la cabeza The Fix). Puede incluso que durante los primeros números se eche de menos algo más que un puñado de ideas que aunque agudas y graciosas parecen diseminadas sin línea argumental ni estructura y además tampoco particularmente sutiles. Sin embargo, basta con darle algo de tiempo para presentar el tablero de juego y sus jugadores para crear una serie coral donde la propia Rocadura es el pegamento estructural que lo hace funcionar todo. Sus personajes acaban atravesando nuestra coraza de lector escéptico y lo que parecían ideas escupidas a la cara resultan ser los ladrillos de algo más grande.

Quizá en el dibujo sea donde encontramos los puntos más débiles de este integral de Los Picapiedra. No es que se me ocurra menospreciar la calidad de Steve Pugh, un veterano que nos puso como nadie los pelos de punta en Animal Man y con sobradas credenciales. Incluso cuando otro monstruo y dechado de solidez como Rick Leonardi lo sustituye durante un número, el problema en el apartado visual es el mismo. Pese a ser dos profesionales de indudable oficio y talento, ambos trabajan un acting excesivamente neutro que puede funcionar de cine en el terror o los superhéroes, pero que en una serie de humor como ésta hace echar de menos un dibujante quizá menos capaz, pero más exagerado y expresivo. Tal vez artistas como Amanda Conner, dibujante de una de las portadas, no lleguen a alcanzar los niveles de calidad de Pugh o Leonardi, pero en ocasiones vale más ser el dibujante adecuado antes que el mejor.

Los Picapiedra

No podíamos terminar esta reseña sin mencionar el formato que no deja de suponer una contradicción. ECC tira de su llamado formato integral de tamaño reducido. Hablamos de una reducción a 239×156 mm frente a los 255×170 mm habituales, lo que es poco más de centímetro y medio, con lo que la pérdida de detalle es prácticamente imperceptible. Esta reducción puede ser comprensible en productos a priori arriesgados como Los Picapiedra de cara a ahorrar costes, pero lo que no resulta coherente es que una edición con este tipo de planteamiento se presente entonces en cartoné. Francamente un misterio.

En cualquier caso, Los Picapiedra es uno de los tebeos del 2018 y cada capitulo mejora el anterior y construye algo más grande. Lo peor de Los Picapiedra es que cuando más completo, complejo y mejor articulado está, cuando más enamorados nos tienen los adorables bola de bolos y aspiradora, cuando más loco se pone el profesor Sag… digo Sargon y más nos sentimos como un habitante más de Piedradura, la miel se queda en los labios y llegamos al final.

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Los Picapiedra
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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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