Después de la cancelación en el sello Vertigo y del fallido relanzamiento de Hellblazer como parte del Universo DC y miembro de una de...

Después de la cancelación en el sello Vertigo y del fallido relanzamiento de Hellblazer como parte del Universo DC y miembro de una de las Ligas de la Justicia (en serio, ¿a quién se le ocurren estas geniales ideas?), tenemos ya por aquí el segundo número de la nueva serie regular (la tercera, ya) dedicada a John Constantine. En este caso, el título es un híbrido entre las dos anteriores, Constantine: The Hellblazer.

constantine hellblazer 2

En el segundo tomo de la nueva serie regular protagonizada por John Constantine, el cínico y carismático mago se reencuentra con un viejo conocido: el Campeón del Verde, quien le ayudará a afrontar una inusual amenaza. ¿Acaso Central Park ha cobrado vida?

Me encontré por primera vez con John Constantine, como la mayoría de los veteranos del lugar, en la edición de Zinco de la magistral saga American Gothic de La Cosa del Pantano (en mi caso, en los tomos retapados que ya he mencionado en alguna ocasión). Cuando la misma Zinco sacó a la venta una serie limitada de cinco números del personaje y un especial, yo ya estaba ahí. Cuando se saltaron prácticamente toda la etapa de Jamie Delano para empezar con la de Garth Ennis en Hábitos Peligrosos, con paradas puntuales en los números de Neil Gaiman y Grant Morrison, ahí seguí. Pasé por los precios prohibitivos de Norma y por un nuevo salto, dejando a medias esta vez la etapa de Paul Jenkins, para empezar con la decepcionante de Brian Azzarello. Afortunadamente, de ahí hasta el final no hubo más sustos. Posteriormente, y gracias a la serie mensual en prestigios de Planeta DeAgostini, recuperé la etapa de Jamie Delano, aunque mi colección siga teniendo varios huecos de fill ins que diversas editoriales se fueron saltando, que supuestamente iban a ser recogidos en un tomo entre etapas que finalmente no llegó a materializarse.

Lo que quiero decir con esto es que John Constantine es uno de mis personajes preferidos, y que desde que lo conozco hace casi 30 años he sido seguidor fiel. Demonios, hasta me compré original en DVD la película de Keanu Reeves, aún sabiendo lo que era, que la había visto en el cine el día del estreno.

Hasta que llegó la serie Constantine, el reboot de los Nuevos 52 a cargo de Ray Fawkes y Jeff Lemire. Me horrorizó tanto que, por primera vez en veintitantos años dije «hasta aquí». Me resultó un tebeo mediocre, desdibujado, en el que el personaje protagonista era reconocible sólo por el nombre y el aspecto físico. Y con todo el dolor de mi corazón, me bajé del personaje.

Esa serie no llegó a dos años, y fue, de nuevo, relanzada gracias al evento DC You. Aún así, yo ya le había dado la espalda a ese amigo de tantos años atrás y tampoco me acerqué. Pero cada vez que iba a mi tienda, ese primer tomo de la nueva serie me hacía ojitos desde la estantería. Y el dibujo de Riley Rossmo me resultaba interesante. Y cuando hace seis meses Laintxo reseña ese primer tomo, y aún no habiéndole convencido del todo a él, señala ciertas virtudes que fueron la gota que colmó el vaso de mi contención. Esa misma tarde me reenganché a John Constantine.

La historia

Continúa este tomo del cliffhanger en el que se quedó el primero. El ente que está acabando con los amigos fantasmas de Constantine queda finalmente identificado y definido. Y como ya se ha dicho en el rincón mágico del Universo DC en varias ocasiones, los nombres tienen poder. Una vez sabes a lo que te enfrentas, sabes cómo combatirlo.

En el segundo número, un divertido número aunque fill in de manual, Constantine decide actualizarse a los nuevos tiempos, y aunque magia y tecnología no suelen llevarse bien, se pone a buscar trabajos por internet para solucionar un pequeño problema de efectivo.

En el tercero, también autoconclusivo, la Cosa del Pantano hace aparición en casa de Constantine mientras está teniendo una cita con el cocinero cachas que conocimos en el volumen anterior. Y para los que vena la bisexualidad de  John Constantine como algo problemático en esta nueva versión del personaje, recordemos que, aunque nunca había sido mostrado explícitamente, sí que se había insinuado en la serie clásica, tanto en las etapas de Azzarello como de Ennis.

Y en el cuarto y último número de esta entrega, empieza una historia nueva, en la que John y Papá Medianoche se alían para recuperar el edificio en el que éste tiene su sede mística… quedando, igual que en el tomo anterior, la historia cortada a medias.

El formato

Actualmente, ECC está sacando las series regulares de DC Comics básicamente en cinco formatos y tengo serios problemas con dos de ellos. La primera, y la más deseable, es la grapa mensual para una colección. Perfecto. Ninguna objeción. La segunda es la grapa mensual de 48 páginas que combina dos series distintas. Muy bien si te interesan las dos, pero un absoluto despropósito si sólo quieres seguir una de ellas. Este formato es el motivo por el que dejé de comprar Batman, por el que dejé de comprar Green Lantern y por el que dejé de comprar, durante una temporada, Superman. El tirón de orejas no es sólo para ECC, también Panini ha usado en ese formato en alguna ocasión. Sin ir más lejos, la inclusión de Spider-Gwen en el tomo mensual de Spiderman estuvo a punto de hacer que me bajara de una serie que llevo siguiendo 14 años. Pero vamos, que tampoco es nuevo. Ya en su día lo hizo Fórum con los Marvel Two In One y Zinco con la breve Clásicos DC. Todas ellas acabaron cerrando, por cierto. Pasando a tomos para las series menos comerciales, el tercero es el de tomos aperiódicos con arcos argumentales completos, de los que salen, aproximadamente, un par de ellos al año y suelen llevar media docena de números, siguiendo -más o menos- los TPBs de la editorial original, aunque a veces vayan por libre, como es el caso de Harley Quinn o Escuadrón Suicida. Éste es el formato en el que sale, por ejemplo, Batgirl y contra el que tampoco tengo nada que objetar. Y el cuarto y último, en el que tenemos esta serie, es el tomo cuatrimestral de cuatro números.

A ver, no voy a dejar de comprar una serie por que salga en este formato, pero es francamente frustrante. Corta arcos argumentales sin compasión, ya que el argumento para definir el contenido del tomo es exclusivamente cronológico. Las cuatro entregas posteriores al tomo anterior y punto. Y así, nos encontramos cosas como el tomo de hoy. El final de un arco argumental que se quedó colgado hace cuatro meses y el principio de uno nuevo.

Los autores

Mantenemos a los del número anterior. Tenemos al guión a James Tynion IV (colaborador habitual de Scott Snyder en la franquicia de Batman y escritor, en solitario, de la muy disfrutable etapa post-Rebirth de Detective Comics) y a Ming Doyle (primer trabajo regular como guionista de la dibujante de Jennifer’s Body para Boom! o The Kitchen para Vertigo). A los lápices tenemos a Riley Rossmo, un dibujante al que no tenía el gusto de conocer con un estilo muy personal y reconocible, cuyas obras más largas hasta el momento (Bedlam, Proof o Rasputin) habían salido en la editorial Image, ayudado en el primer número por el ilustre desconocido Scott Kowalchuk (The Intrepids en Image  o The Mysterious Strangers en Oni Press)

En resumen

A ver, hablemos claro. Mentiría si dijera que esta nueva etapa de Hellblazer está a la altura de las de Mike Carey o Garth Ennis (para mí, y por este orden, las dos mejores que ha tenido el personaje desde su creación). Pero sí que es infinitamente superior a la anterior de infausto recuerdo, o incluso a alguna de las etapas de la serie clásica, como las de Denise Mina o Andy Diggle. Además, el estilo más indie de la serie es una nueva mirada al personaje muy fresca e interesante. Recomendable para los seguidores del personaje de toda la vida y para los que disfrutan del nuevo estilo que Vertigo está dando a sus series, más cercano a lo que es hoy en día Image que a la historia previa del sello (al que no pertenece esta serie, por cierto).

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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