Hay obras y autores que deben estar siempre disponibles en nuestro mercado. Sin duda alguna, Junji Ito es, por mérito propio, miembro de este selecto club. Con el fin de la andadura empresarial de ECC, la obra de este mangaka quedó en un limbo hasta el pasado mes de noviembre, fecha en la que Planeta Cómic anunció que se había hecho con los derechos de sus obras y que comenzaría a recuperarlos en 2026 en formato tapa dura.

Lo cierto es que el hecho de que haya sido Planeta la nueva licenciataria de las creaciones de Junji Ito es la elección más lógica. Fue esta misma editorial la que nos presentó al maestro de lo macabro en el lejano año 2004 con Uzumaki. Curiosamente, la siguiente obra que llegó a nuestro país fue Tomie, en dos volúmenes publicada por La Cúpula, y que hasta la fecha ha sido publicada de muchas maneras: tankoubon B6, flexibook A5… y ahora en ese mismo tamaño, pero en cartoné cosido. Y convencido estoy de habrá más en el futuro.
Pero mejor nos centramos en nuestra querida Tomie. Una serie capital para la trayectoria de Ito como autor profesional, puesto que su éxito en las páginas de la revista Gekkan Halloween (donde se publicó entre 1987 y 2000) hizo que abandonase su carrera como dentista para centrarse en los mangas de terror. El éxito de las peripecias de esta chica fue tal, que ha contado con más de media docena de adaptaciones cinematográficas y una serie de televisión. Nada mal, la verdad.
Tomie, avatar de la perdición
La premisa de este manga es sencilla, directa y muy efectiva. Nuestra protagonista es la chica más guapa e interesante de su instituto. Todos los alumnos beben los vientos por ella, mientras que el resto de sus compañeras sufre una envida malsana. Un buen día, Tomie es asesinada por una turba de estudiantes que la llegan a descuartizar en más de cuarenta pedazos diferentes. Lo que nadie esperaba es que regresase al día siguiente como si no hubiera pasado nada gracias a su capacidad para regenerarse.

Sobre esta habilidad, Ito construye uno de los pilares del Ero guro de finales de los ochenta, con un relato que nos muestra a Tomie como si fuera una fuerza de la naturaleza: Parte súcubo por su naturaleza infernal, parte sirena por su capacidad para embaucar las mentes más débiles. Además, con algo de mantis religiosa por la forma con la que fulmina y fagocita simbólicamente a sus pretendientes.
Dividida en fragmentos, este primer volumen ofrece nueve historias cortas en las que veremos a Tomie ajusticiar a sus víctimas demostrando ser una mujer de armas tomar. Pese a lo que se podría presuponer, la variedad es mucha, con aproximaciones al gore, al body horror o al terror onírico más pesadillesco. Cualquier cosa vale para que está musa letal nos dé una lección sobre el precio de la belleza o lo caro que sale caer en sentimientos tan burdos como la envidia o la codicia.

En Tomie, Junji Ito ya demostraba que era un maestro total en el dominio de la escena y la ambientación. Cada página del volumen rezuma una atmósfera mal sana. También maneja de manera soberbia la tensión. Sabemos que, pase lo que pase, alguien va a terminar mal (o escandalosamente mal). Pero, cautivos del morbo, no podremos apartar por un solo instante la mirada del papel por culpa de esta mujer seductora, persuasiva y enigmática que nos coge de la mano para mostrarnos sus hipnóticas manipulaciones.
Ito no toma prisioneros, disparando con un trabuco a todo lo que considera nocivo de una sociedad japonesa que se sostiene sobre frágiles apariencias y se basa en la más descarnada meritocracia que podáis imaginar para poder prosperar en ella. Puede que la trama orbite sobre una mujer que resulta tan tóxica como bella, pero sus objetivos trascienden el noveno arte para criticar de manera furibunda lo indicado un poco más arriba.

A nivel artístico, es apreciable que Tomie es una obra primeriza. Lo bueno que tiene esto es que también sirve para apreciar la clara progresión de un autor en plena efervescencia creativa. Pese a lo temprano de su publicación, ya se nota el gusto de Ito por los claroscuros, su pasión por el detalle o su siempre bien dirigida intención de mostrar anatomías realistas para luego deformarlas en el momento en que sus guiones se desmelenan.
El segundo volumen de Tomie, salió hace apenas unas semanas, estoy deseando de hacerme con él. Si os estáis preguntando si este manga merece mucho la pena, la respuesta es un rotundo sí. Engancha como pocos y es bastante accesible si lo comparamos con algunas otras cosas que ha ido pariendo el mangaka.


