La nostalgia es una zorra caprichosa. Muchas películas y tebeos que nos han marcado de niños no resisten un segundo visionado o relectura. A...

La nostalgia es una zorra caprichosa. Muchas películas y tebeos que nos han marcado de niños no resisten un segundo visionado o relectura. A veces sí, pero somos plenamente conscientes de la flojera del material revisitado. Hablemos, por ejemplo, de películas como Commando o Golpe En La Pequeña China (recientemente proyectadas en el Phenomena de Madrid en programa doble), que nos dejaron boquiabiertos cuando las vimos con 13 o 14 años. Hoy en día no son películas que nos dejen dormidos, pero el principal valor que tienen es el recuerdo con un puntillo de tristeza de una época más inocente, en la que todo nos maravillaba.

Con bastantes tebeos de la época pasa un poco lo mismo. Las Secret Wars originales fueron la hostia en su día. Releídas ahora… bueno, Mike Zeck es un dibujante de trazo ochentero que, contextualizado en su época aprueba con nota, aunque tenga trabajos mejores (mucho mejores) en su currículum, como La Última Cacería de Kraven o Punisher. Pero el guión de Jim Shooter… Digamos, siendo benévolos, que para un tebeo cuyo objetivo era vender muñequitos es aceptable. Pero todos recordamos con cariño esos tebeos.

Siendo por tanto un tebeo mediocre, ¿por qué tuvo entonces una secuela? En palabras de Carol Kalish, directora de ventas de Marvel en la época: “Seamos sinceros, Secret Wars ha sido una mierda, ¿verdad? Pero, ¿ha vendido? ¡Bueno, pues preparaos para la segunda parte de Secret Wars!”

SW2

Las Secret Wars II no provocan tanta nostalgia. Ninguno de mis amigos de la época faltó a la cita mensual de la primera parte, y de la misma forma ninguno fuimos fieles a la mastodóntica secuela. Sí, todos leímos algún número, pero SWII ya no fue el centro de atención que sí fue la primera. De hecho, releída la nueva edición de Panini sólo recordaba –y vagamente, además- los números de Uncanny X-Men de John Romita Jr. y uno de los Nuevos Mutantes. Además, el de los Nuevos Mutantes me pareció un tebeo súper dramático en su día y ahora… bueno, está bien pero no mata. Desde luego, no llega a la altura del Oso Místico.

Y ahora, 30 años después, ya he conseguido leer completa esa saga de la que tantas pestes se han echado. ¿Y qué? Pues… no sabría qué decir.

Por un lado, hay que dejar claro que la serie central es mala. Jim Shooter nunca me ha parecido un buen guionista, pero si encima va acompañado de un “artista” como Al Milgrom, las probabilidades de que saliera de ahí un buen producto eran escasas. El argumento es bastante tontorrón: El Todopoderoso (Beyonder, en el original, “El del Más Allá”, que suena más a habitante de Móstoles que a entidad cósmica) quiere comprender a la humanidad, y para ello, en lugar de construir una granja de hormigas con personajes varios y observarles como hizo en la primera parte, se materializa en la Tierra decidido a experimentar la vida de primera mano. Y ya.

¿Cuál es el interés que tiene? Los crossovers, precisamente. Hoy en día, los eventos de estas características tienen un planteamiento opuesto: la serie limitada central cuenta el meollo de la historia, y muchos de los números afectados por ella en las colecciones mensuales son intrascendentes cuando no directamente metidos con calzador. Pero en Secret Wars II no es así. Con una historia central tan poco inspirada, el peso de los crossovers recae por completo en los hombros de los responsables de la serie mensual, creando historias más o menos autoconclusivas en las que una entidad cósmica pretende mezclarse con los humanos y su inexperiencia social provoca conflictos diversos. Y así nos iremos encontrando con minieventos como los de Amazing/Web con el Puma (no, José Luis Rodríguez no, el otro Puma), un toque del magnífico Thor de Walt Simonson, números infumables como el final de la serie The New Defenders o pequeñas joyitas como la participación de Capa y Puñal. Pasando por todas las series de la editorial, tenemos un muy completo vistazo global de lo que era la Marvel de 1985.

¿Es tan mala, entonces? A ver, por partes. Claramente no es una obra que te vaya a cambiar la vida. No es un V de Vendetta. Ni siquiera un 4F de Byrne. Es un tebeo ligerito, sin demasiada trascendencia, aunque Shooter lo pretendiera. Un tebeo de serie B que se deja leer. Más aún, al ser tan variado, en ningún momento llega a hacerse plomizo. Me he leído las casi 1400 páginas de los dos tomos que ha sacado Panini recopilando la serie del tirón, dentro de lo que “del tirón” puede significar para alguien que trabaja y tiene una casa que mantener. Vamos, sin necesitar intercalar otras lecturas entre medias para despejar la cabeza, como sería esperable del tostón que supuestamente era.

Completan los tomos, a modo de bonus tracks, una saga de los 4F de Steve Englehart cuyo último capítulo se llamó Secret Wars III, un número de Quasar, con una ligerísima relación con el tema, un plomizo número de Masacre parodiando el evento (el único número de los dos tomos que he sido incapaz de terminar, pero es que la broma de Masacre ya me resulta cargante, como acabó pasando con Lobo en DC), una serie limitada de Dwayne McDuffie y Scott Kolins (me encanta Kolins, copón) llamada Beyond! que viene a ser una revisitación de la Secret Wars original a menor escala, y un rarísimo anual de Marvel Age que cambia de autores a cada página.

Entonces, ¿qué? Pues que a veces no es Origen o American History X lo que nos apetece ver. A veces, el cuerpo nos pide Kung Fury, y para momentos así Secret Wars II es perfecto.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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