Con el tomo 10 de Please Save My Earth, a falta de dos volúmenes para la conclusión de la serie, estamos en un punto emocional y narrativo que no se puede explicar sin antes mirar atrás. En reseñas anteriores señalábamos que Saki Hiwatari no se andaba con rodeos: había abierto el melón del trauma, del abuso, de la fragilidad humana. A estas alturas, esa semilla de dolor florece en conflictos éticos y de identidad y tensiones que marcan encarnaciones pasadas y presentes.

En este tomo tenemos Alice yendo al hotel donde se refugian Haruhiko y los demás. Allí, agotada, se duerme y sueña —cómo no— con la luna. Pero los sueños aquí no son un escape, sino un eco de un pasado que no deja de resonar. Para Mokuren, aún rota tras la violación, no hay tregua. Ni para nosotros. Porque lo que viene a continuación es, posiblemente, uno de los momentos más descarnados de la serie: la confesión de Mokuren, ya sin máscaras, reconociendo que ama a Shion y exigiendo su liberación.
La autora maneja este momento con una dolorosa ambigüedad emocional. ¿Es amor, redención, dependencia? ¿Es Mokuren rescatando a su agresor, o es la última tabla de salvación de alguien que necesita creer en la posibilidad del cambio? La respuesta, como tantas en esta obra, no es sencilla. Porque Please Save My Earth no es una historia de blancos y negros.

Pero Hiwatari no se queda en la esfera íntima. El presente terrestre vuelve a tensarse con Majima moviendo hilos en las sombras, instrumentalizando niños y preparando trampas. La escena en la que Haruhiko se teletransporta al hotel para dar la voz de alarma, seguida del secuestro de Alice, es un puro thriller psíquico.
En paralelo, Mokuren y Shion comparten un breve interludio de intimidad, empañado por el anuncio de que ella está enferma. Y es entonces cuando el lector se da cuenta de que ya no está leyendo un shōjo clásico. Esto es otra cosa. Esto es Please Save My Earth haciendo lo que mejor sabe: estrujarte el alma con una dulzura amarga que duele más cuanto más sincera es.
El clímax del tomo llega cuando Rin y Alice, ya cara a cara, desnudan todas sus. ¿Quién amó a quién? ¿Quién usó a quién? ¿Qué queda de Shion en Rin? ¿Y qué queda de Mokuren en Alice? Las líneas se difuminan, los recuerdos se contaminan, y la identidad se convierte en campo de batalla. Rin —o mejor dicho, el Rin poseído por la sombra de Shion— quiere usar el poder de Alice para activar el dispositivo de control psíquico. Pero lo interesante no es el plan maquiavélico, sino el desgarrón emocional que revela: Shion quiere dominar el mundo. Rin quiere destruir la base. Ninguno está entero. Ambos están rotos de formas distintas.

Si en tomos anteriores nos hemos encontrado con mazazos emocionales que nos obligaban a afrontar el trauma, Please Save My Earth 10 es el lento proceso de recomponer los pedazos. No desde la ingenuidad, sino desde la aceptación del daño y la búsqueda de algún tipo de futuro.
Hiwatari sigue contando la historia que quiere contar. Una en la que los conflictos no se resuelven con peleas ni con confesiones románticas, sino con el peso de las decisiones, los errores y las cicatrices. Este tomo no es fácil. No lo pretende. Pero es, sin duda, uno de los más intensos, honestos y conmovedores de toda la serie.


