Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

La cantina de medianoche. Tokyo stories 10

La cantina de medianoche. Tokyo stories 10
Guion
Yaro Abe.
Dibujo
Yaro Abe.
Traducción
Alberto Sakai.
Formato
Rústica con solapas, 296 págs, B/N. 15x21 cm.
Precio
20€.
Editorial
Astiberri. 2026.
Edición original
Shin’ya Shokudo #19-20 (Shogakukan).

No había sido un sueño, Astiberri sigue apostando por la cadencia semestral de una de las series de manga más entrañables que se publican en la actualidad. La cantina de medianoche. Tokyo stories 10 nos presenta 28 nuevas historias acompañadas de sus correspondientes platos de la cocina japonesa. Una serie que sigue siendo de esas lecturas que no te permiten soltar esa sonrisa de bobalicón desde que empiezas hasta que acabas, con la única pega de que conviene leer siempre con el estómago bien lleno, porque abre el apetito con cada detalle de la preparación de los platos o la manera de tratar los ingredientes. Con este décimo tomo recortamos diferencias con la edición original y nos colocamos a solo diez números de ella, puesto que en la edición española se incluyen los tomos 19 y 20 y hace apenas unos días se acaba de publicar el 31 en Japón.


Resulta curioso ver una serie que lleva publicándose en Japón ya casi veinte años, con una fórmula que se mantiene, no aporta demasiadas novedades más allá de alguna de las que he comentado en  anteriores reseñas sobre algún personaje recurrente, o comenzar a introducir recetas de restaurantes reales y cosas menores. Pero la fórmula no cambia: pequeñas historias de 10 páginas en las que un cliente entra a la taberna y pide algún plato, permitiendo mostrarnos un poco más de su vida, lo que les ha llevado allí, un encuentro con un viejo amigo, un desamor, un problema en el trabajo… Y hacen bien en no cambiarla: si algo funciona, no lo arregles.

La lectura de este tomo me ha resultado especial, porque este verano he podido cumplir por fin mi sueño de visitar Japón y tengo que decir que leerla después de conocer mejor las costumbres, cómo es su sociedad, cómo viven la gastronomía… te cambia la perspectiva. Ojo, que los nueve tomos previos me los había leído antes del viaje y los he disfrutado muchísimo, ya sabéis si habéis leído las reseñas que es una de mis series favoritas y mi actual «happy place» comiquero. Pero es verdad que alguna vez he comentado el choque que puede resultar al ver algunas de las historias que cuentan un problema familiar o un conflicto entre compañeros de trabajo o jefe/empleado, como en este tomo la de la stripper que recupera el contacto con su hijo, y le invita a ir a verla actuar… Cuando conoces de cerca cómo es un japonés comprendes mucho mejor algunas de esas historias, igual que cuando ves la importancia que se le da a la cocina y sobre todo a la tradición que pasa de generación en generación, con recetas que son distintas según la región donde te hayas criado. Es uno de los motores que sirve a su autor para poder mostrar tantas recetas de platos (en el siguiente tomo alcanzaremos la número 300), porque hay muchos platos que se repiten con ligeras variaciones. Cuando aquí vas y pides un ramen a un restaurante no reparas en que hay mil maneras diferentes de prepararlos y la misma receta en dos regiones diferentes pueden incluir ingredientes muy distintos.


Si por algo triunfa y se mantiene la serie es por la fórmula de contar las historias. El dueño del local es un tipo discreto, tranquilo, no se mete en la vida de sus clientes, si alguien interviene en los problemas del protagonista «invitado» va a ser otro de los clientes, pero el jefe es un tipo que se limita a intentar cumplir los deseos de sus clientes sin inmiscuirse, como mucho se va a interesar por saber cómo van sus casos, pero rara vez lo veremos intervenir recomendando nada. Así, mantenemos la familiaridad con el entorno, pero mostrando los diferentes casos de un modo ocasional, casi como si estuviésemos escuchando a alguien sentado cerca de nosotros en un bar contándole algo que le ha sucedido a un amigo. Los personajes recurrentes tienen un protagonismo muy discreto, sin llegar a ser invasivos, simplemente aportan esa familiaridad de cliente habitual y algún guiño a historias previas puntuales.

En definitiva, si has leído los anteriores, poco necesitas saber más de La cantina de medianoche. Tokyo stories 10 que es la misma serie desde el principio, con los mismos aciertos y el mismo efecto sobre el lector, sin que se haga pesada o monótona. Historias personales que muestran personajes muy reales, con problemas del día a día y con conflictos familiares, con amigos, parejas… que, por mucho que algunos puedan parecer una tontería, son tremendamente creíbles y seguro que alguna de las muchas historias te pilla de muy cerca, y has pasado algo parecido. Además, se complementa con un carrusel de recetas japonesas, de maneras de preparar los alimentos… que te dejan con el apetito reactivado. Un delicioso menú de emociones humanas.


Lo mejor: Que después de tanto tiempo, siga funcionando exactamente igual de bien.

Lo peor: ¡Que incluso con la periodicidad semestral se nos siga haciendo larga la espera!