La creatividad del ser humano es fascinante. La capacidad de, método científico mediante, observar el mundo, comprender los fenómenos naturales y explicar por qué... La Bomba, de Alcante, Bollée y Rodier

La creatividad del ser humano es fascinante. La capacidad de, método científico mediante, observar el mundo, comprender los fenómenos naturales y explicar por qué ocurren nos hace maravillarnos ante la inteligencia de este primate evolucionado. En cambio, la capacidad de enfocar todo ese conocimiento hacia el mal nos deja bastante clara la catadura moral que tenemos como especie. En La Bomba, Didier Alcante, Denis Rodier y Laurent-Frederic Bollée nos relatan una sucesión de acontecimientos que tuvieron lugar entre 1938, el año en el que se descubrió la fisión nuclear, y 1945, el año en el una de sus primeras aplicaciones prácticas acabó con la vida de cientos de miles de personas en Hiroshima y Nagasaki.

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La Bomba es un álbum de 472 páginas en el que Alcante, Bollée y Rodier narran la génesis de la mayor arma de destrucción masiva de la historia de la humanidad. Desde el ascenso del nazismo y los primeros síntomas del genocidio que se estaba fraguando en Alemania hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, los autores narran de forma casi documental la idea de las reacciones de fisión en cadena, el potencial para utilizarlas en un arma, el miedo a que los enemigos la desarrollen antes y la creación de un proyecto de investigación para llegar al objetivo antes que la Alemania nazi: El Proyecto Manhattan.

La bomba atómica es un proyecto que se asienta en cuatro pilares. El primero de todos, el científico, en el que se busca desarrollar el proceso de fisión y convertirlo en una realidad. El segundo, el ingenieril, que pretende hacer el trabajo de los científicos en algo materialmente viable. Por supuesto, hay unas decisiones políticas que tomar. Y los más interesados en conseguir que la bomba sea una realidad son, evidentemente, los militares. Habría estado bien que hubiera habido un comité de ética, pero más allá de consideraciones a nivel individual no hubo lugar para que se juzgara la moralidad de semejante artefacto.

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La ejecución de esta obra es magistral. El nivel de documentación de los autores es meticuloso hasta lo enfermizo. Cinco años duró el proceso de investigación y escritura de esta obra, llegando a detenerse, según cuentan Alcante y Bollée, durante meses para escribir una sola escena. La mayor parte de lo narrado son hechos históricos, entre los que se intercalan partes de ficción para darle una dimensión (in)humana a los hechos narrados. Posiblemente el padre de Hiroshima no existiera, pero miles de historias como esa fueron segadas instantáneamente el 6 de agosto de 1945 a las 8:15 de la mañana. A priori se podría pensar que una sucesión de acontecimientos políticos y militares, de investigación científica y de soluciones técnicas, va a resultar una lectura ardua. Pero no lo es en absoluto. Es una lectura fascinante que, además, retrata un momento histórico que ha conformado el mundo en el vivimos actualmente. La pareja de guionistas, que ya trabajaron juntos en Laowai o XIII Mystery, nos consiguen atrapar prácticamente desde el primer momento y si no es una lectura que se haga de una sentada es única y exclusivamente por la larguísima extensión de la obra.

Al dibujo tenemos al canadiense Denis Rodier, viejo conocido del mercado americano, con una larga etapa a sus espaldas como entintador de Jackson Guice o Tom Grummett en las series de Superman durante los años de Mike Carlin. Aquí tiene un estilo mucho más contenido, más apropiado para el mercado europeo en el que ve la luz esta obra, pero que hace un trabajo magnífico. No hay espacio para escenas muy dinámicas, siendo esta historia más de despachos y de laboratorios que de campos de batalla, pero consigue que la narración fluya correctamente en lugar de caer en lo fácil, que habría sido convertir La Bomba en un cómic de bustos parlantes. Brilla especialmente en la escena de la detonación de Little Boy, en la que el dibujo se vuelve muchísimo más visceral y un silencio ensordecedor llena las páginas visualmente llenas de destrucción.

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La Bomba no es una historia amable. Retrata uno de los momentos más salvajes e inhumanos de nuestra historia, un momento al que no se llegó por un arrebato de ira momentáneo, sino a traves de las decisiones de múltiples personas a lo largo de varios años. Es una historia que no deberíamos olvidar e intentar que no se repita nunca más. Quizás este álbum sea una buena forma de hacer que sigamos teniéndolo presente.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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