Se acabó el verano. Toca volver a clase, sacar los libros de la mochila y reencontrarse con los compañeros. Pero ¿y si esta vuelta al cole viene con limón, burbujas y un chico dispuesto a ponerlo todo patas arriba?
Distrito Manga nos trae Honey Lemon Soda, de Mayu Murata, un shōjo que combina instituto, amistades, primeros amores y nuevos comienzos.
Porque la vuelta al cole puede ser un drama, pero con un poco de limón todo entra mejor.
100% zumo de drama adolescente
Uka Ishimori, nuestra protagonista, no ha tenido precisamente una adolescencia de película. Durante la secundaria fue víctima de burlas y acoso por parte de sus compañeros, hasta el punto de quedarse completamente aislada. Ahora, al comenzar el instituto, quiere dejar todo aquello atrás y atreverse a ser diferente: relacionarse con los demás, hacer amigos y disfrutar de una etapa que hasta entonces le había resultado bastante amarga.
Pero empezar de cero no es tan sencillo como parece.
Uka sigue siendo tímida, insegura y tiene enormes dificultades para acercarse a los demás. Hasta que aparece Kai Miura, un compañero de clase con el pelo color limón y una personalidad burbujeante.
Kai es popular, seguro de sí mismo y bastante directo. Dice lo que piensa, hace lo que quiere y parece no entender demasiado bien por qué Uka se complica tanto la vida para hablar con los demás. Y será precisamente esa forma de ser la que empuje a Uka a enfrentarse poco a poco a sus inseguridades y a atreverse a dar el primer paso.

Honey Lemon Soda no es solo un romance de “chica conoce chico y se enamoran”, sino también una historia sobre cómo Uka empieza a cambiar, a relacionarse con los demás y, sobre todo, a tomar sus propias decisiones.
De limón a limonada
Uka es, sin duda, el personaje que más fácilmente consigue conectar con el lector. Su inseguridad resulta bastante comprensible y su evolución es uno de los grandes atractivos de este primer tomo.
No estamos ante una protagonista que de repente se vuelve popular porque el chico guapo se fija en ella. Uka tiene que ir dando pequeños pasos: hablar con sus compañeros, participar en actividades, hacer amigos, atreverse a decir lo que piensa…
Y cada uno de esos avances tiene importancia.
Kai, por su parte, es el contrapunto perfecto. Tiene esa actitud de chico aparentemente despreocupado que sabe perfectamente el efecto que causa, pero también demuestra desde el principio que presta mucha más atención a Uka de lo que podría parecer.
Además, la historia no se olvida del resto de compañeros, que poco a poco van formando ese pequeño grupo que convierte el instituto en algo mucho más parecido al lugar al que Uka siempre había querido pertenecer.

Burbujeando sentimientos
Si hay algo que hace que Honey Lemon Soda entre por los ojos desde la primera página es el dibujo de Mayu Murata.
Su estilo tiene todo lo que uno espera encontrar en un shōjo romántico: personajes estilizados, rostros delicados y unos ojos grandes y expresivos. Pero reducirlo a “es bonito” sería quedarse bastante corto.
El dibujo de Murata es limpio, luminoso y tremendamente expresivo.
Los personajes tienen diseños muy reconocibles y, sobre todo, unas expresiones que permiten entender perfectamente qué están pensando incluso cuando no dicen una palabra.
Por ejemplo, al principio nuestra protagonista parece querer desaparecer dentro de cada viñeta. Sus posturas, sus miradas y la manera en la que reacciona cuando alguien se dirige a ella transmiten constantemente la inseguridad que arrastra desde secundaria.
¿Y sobre el uso de primeros planos? Murata se acerca a los rostros y deja que sean las miradas, las sonrisas o los gestos los que hablen por los personajes.
¡Pero no solo eso! Murata también sabe muy bien cuándo dejar que el dibujo respire. Cuando quiere darle importancia a un momento concreto, los fondos se simplifican, las viñetas se abren y el foco desaparece para dejar paso a los personajes y a lo que ocurre entre ellos. Si bien es un recurso bastante habitual en el shōjo, aquí Murata lo utiliza con elegancia, consiguiendo que los momentos más emocionales tengan todavía más fuerza.
Y, por supuesto, están las escenas de grupo. Honey Lemon Soda no vive únicamente de Uka y Kai: el entorno escolar y sus compañeros tienen bastante peso, y Murata consigue que las páginas con varios personajes no se conviertan en un caos de cabezas, uniformes y flequillos imposibles de distinguir. Cada uno tiene su propia apariencia y personalidad visual, algo que ayuda mucho a reconocerlos incluso cuando comparten viñeta.
Porque sí, Honey Lemon Soda está lleno de personajes guapos y ojos enormes, pero el dibujo de Murata es mucho más que eso. Las expresiones, las miradas, los gestos y la composición sirven para mostrar cómo se relacionan, qué sienten y cómo van evolucionando. Aquí el dibujo no solo entra por los ojos: también cuenta.

Il limone, signora
Y llegamos a Distrito Manga, que aquí ha decidido apostar por una edición que, personalmente, me parece todo un acierto.
Honey Lemon Soda fue una de las licencias más aplaudidas y esperadas por las shōjeras cuando Distrito Manga la anunció en el Salón del Manga de Barcelona de 2025. Y no era para menos: estamos ante uno de los grandes títulos de romance escolar contemporáneo, una serie que llevaba tiempo en el radar de muchas lectoras – me incluyo – y que por fin encontraba casa en España.
La editorial publica Honey Lemon Soda en tomos dobles, una decisión especialmente interesante para una serie de estas características. No solo permite avanzar más rápidamente en la historia, sino que hace que la lectura resulte mucho más satisfactoria que tener que esperar a acumular varios tomos para que las tramas avancen.
Pero hay otro detalle que me encanta: ¡las sobreportadas son reversibles!
Es una de esas pequeñas cosas que quizá no cambien la lectura, pero que hacen que la edición tenga un plus. Y teniendo en cuenta lo bonitas que son las ilustraciones de Mayu Murata, aquí el extra merece mucho la pena.
Y poco más se le puede pedir a esta edición: buen papel, una traducción que funciona de maravilla y una impresión a la altura.
Así que, señora… ¡no se olvide de los limones!

El primer tomo llegó en junio, pero qué queréis que os diga: si hay una época perfecta para leer Honey Lemon Soda, es septiembre. Vuelta al cole, compañeros nuevos, primeros amores y esa sensación de que quizá este año sí pueda ser diferente.
Después del verano, volver a clase siempre da un poco de pereza. Pero si este regreso viene acompañado de Honey Lemon Soda, al menos podemos decir que este año empieza con algo más refrescante.


