Hola niños y niñas. Tenemos el placer de realizar una interesante entrevista con el último ganador del premio otorgado por Planeta, Colo, autor del...

Hola niños y niñas. Tenemos el placer de realizar una interesante entrevista con el último ganador del premio otorgado por Planeta, Colo, autor del tomo De Perros y de Huesos, que nos ha contado con todo detalle la elaboración y desarrollo del tomo ganador, así como dar su opinión del desagradable suceso que supuso su premio.

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Además, tenemos en exclusiva dos páginas de su próximo trabajo, Virus (título provisional).

¿Ha cambiado algo tu vida y carrera profesional con el premio?

Esencialmente no, la verdad. Hacer cómics es una actividad que me apasiona por el propio proceso creativo de construir una historia y que nunca he vivido con la aspiración de profesionalizarlo. En eso no ha cambiado nada, afortunadamente. Continúo dibujando cómics por el mero placer de hacerlos así que básicamente los hago para mí.

Me gano las lentejas como ilustrador publicitario y en ese negocio las cosas me van bien, así que hacer cómics sigue siendo un vehículo que utilizo para ordenar mis fantasmas personales, para volcar en una historia los contenidos que me interesan o no comprendo y, siendo así, no teniendo la necesidad de rentabilizar económicamente las horas que le dedico, me permito el lujo de seguir explorando ese medio sin esperar un resultado práctico. Está muy bien.

A raíz del premio me ha salido algún encargo, como una historia corta que estoy haciendo para Amnistía Internacional con motivo de sus 50 años, por ejemplo, pero no ha habido ningún cambio sustancial en mi vida.

Lo que si ha cambiado es una cierta percepción de lo que hago. Ahora tengo la sensación de poder editar otras historias y esa es una sensación que antes no tenía. El reto ha estado en no renunciar a mi manera de hacer para asegurarme esas posibles ediciones porque somos de una extrema debilidad y a la que uno se descuida pone precio a sus sueños, a lo que considera más sagrado y renuncia a las cosas que consideraba importantes por algo de pasta.

Lo que sucede es que mi postura ante los cómics que hago tiene más que ver con vivir una experiencia personal al hacerlos que con pretender ser un profesional. Me gusta esa posición.

Después del premio pasé un periodo para ajustar lo que me motiva a sentarme en el tablero y ponerme a hacer cómics. Supongo que la tentación de convertirme en un profesional debía rondar por mi cabeza, pero al final fue el corazón el que me indicó los motivos reales de lo que hago, así que ahí quedó la cosa.

Cuáles fueron tus inicios a nivel gráfico.

He dibujado siempre. Desde que era un chaval. En realidad, si pienso en las horas que me he pasado con un lápiz en la mano me doy cuenta de que soy un dibujante malísimo. Con todas esas horas debería dibujar que te cagas y sin embargo solo soy un dibujante apañado.

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Tengo 42 castañas, así que me pilló de pleno la explosión de cómics que hubo con la llegada de la democracia. El 1984, el Comix Internacional, el Creepy y todas esas revistas que editaba Toutain por aquel entonces. Muchísimos de esos autores fueron mi fuente de inspiración y la causa de que me pasara horas dibujando unas historietas horribles que nunca pasaban de la página 5, pero que me sirvieron para ir aprendiendo poco a poco. Recuerdo que en algunos autores encontraba algo que les hacía excepcionales en algún aspecto. La manera de narrar de Alfonso Font, por ejemplo.

Cuando leías sus historias podías escuchar la voz de sus protagonistas. Mirando los secundarios de Altuna podías adivinar sus vidas y las expresiones que dibujaba Corben te permitía ver lo que estaban pensando sus personajes. Rafa Negrete, Azpiri, Juan Giménez, Breccia, Liberatore, Bilal, Moebius, Jan… Toda esa hornada de increíbles contadores de historias fueron los que me metieron en este berenjenal.

Con unos 18 años empecé a trabajar haciendo story board en un estudio publicitario y llevo en ese campo más de 20 años así que creo que gran parte del estilo cinematográfico que tienen mis cómics viene de ahí, de haber secuenciado miles de películas.

Se han ido sumando cosas poco a poco, vamos.

Se puede compatibilizar tu profesión con el cómic.

Si. Yo creo que se puede pero es posible que dependa de cómo esté planteado el asunto.

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A mi me gusta hacer historias largas, que me ocupen algunos años de trabajo y en las que invierta gran cantidad de energía. La llegada de la crisis ha traído un descenso de la cantidad de trabajo publicitario que me sale, así que dispongo de más tiempo libre para hacer cómics. Hace algunos años, cuando atravesábamos el periodo de bonanza económica, casi todos los días me llamaban para hacerme algún encargo pero siempre tenía un hueco para sentarme a hacer una viñeta y avanzar un poco la historia que estuviera haciendo. La anterior a “De Perros y de Huesos” me llevó ocho años concluirla ya que no tenía demasiado tiempo para poder dedicarme a ella y, además, me faltaba algo de silencio mental a causa de la presión que conlleva trabajar en publicidad, que es muchísima.

He ido haciendo que las dos cosas fueran compatibles por una razón de supervivencia, de pura necesidad vital. En la publicidad soy un profesional y con ello obtengo el dinero necesario para vivir, pero como no solo de pan vive el hombre hago cómics para que mi existencia no quede reducida a la pura existencia física y poder ocuparme en ellos de asuntos que también me parecen importantes.

Háblanos de tus primeros pasos en el mundo del cómic.

Pues mi relación con los cómics es la historia de un fracaso, je.

Los cómics son una vocación para mí. Algo que necesito para vivir y que en su día intenté convertir en una profesión sin conseguirlo.

Con unos 20 años empecé a publicar una página semanal en el suplemento infantil del periódico El Mundo. Una historietilla de un pez que se llamaba Bob con guión de Javier Pilar y dibujos míos. Creo que cobrábamos unas 30.000 pesetas por página, así que salíamos a menos de 15.000 pesetas por cabeza. Una completa ruina.

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Hacía alguna tira en algún otro medio y moví algún proyecto pero no fui capaz de colocar ninguno. Colaboré en fanzines que, lógicamente, no daban ni un duro así que las posibilidades de vivir de los cómics eran tan inalcanzables para mí entonces, que me vi forzado a buscar otra salida profesional para no morirme de hambre y así llegué a la publicidad.

Mi mediocridad como dibujante me impidió entrar en el mercado, pero esa circunstancia resultó ser una bendición con el tiempo ya que me permitió poder hacer las historietas que me apetecía por el puro placer de hacerlas, sin necesidad de publicarlas. Seguramente, si hubiera sido un dibujante con talento y hubiera conseguido empezar a publicar, me hubiera visto obligado a hacer un tipo de historias, hubiera estado atado a unas exigencias de lo que se vende bien y lo que no, de lo que se paga bien y lo que no y, en realidad, mi vocación se hubiera convertido el algo muy alejado de lo que es ahora.

Lo mejor que me ha pasado en la vida fue fracasar, ya que me ayudó a descubrir lo que de verdad me interesaba de los cómics, que es, precisamente, lo que hago ahora con ellos. No conseguí vivir de ellos, pero aprendí a vivir para ellos y, francamente, creo que salí ganando con el cambio.

De perros y de huesos. De dónde viene la idea para realizar esta historia. Cómo creas a los personajes.

La idea es una mezcla de varias cosas que me interesaban y que se fueron sumando.

Quería hacer una historia fresquita, sin complicaciones, que me permitiera descansar del proceso creativo de mi anterior historia, que me dejó completamente agotado por el tipo de historia que era.

También me interesaba hacer algo con el barrio de Lavapiés y llena de charlas de café, en el que los protagonistas hablaran mucho y sin prisas. Y el tercer factor fue que me interesó hacer algo basándome en el género negro, pero sacándolo del contexto que tenemos asociado a él, que es el de las historias de gangsters americanos.

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Me parece muy jugoso tratar de escapar de los arquetipos asociados a un género por que si lo haces entras en un espacio que no está sujeto a las limitaciones de ese género. Si, por ejemplo, me planteara hacer una historia de espada y brujería, lo primero que intentaría es cargarme la idea del guerrero que viene a la cabeza cuando piensas en ese tipo de personajes. Trataría de hacer algo con un guerrero flacucho que estuviera en una silla de ruedas o algo por el estilo, en lugar de poner a un tío mazas con una espada enorme en la mano. Esos factores que se sumaron durante años fueron la base de la historia.

Los personajes se crearon prácticamente solos. Tenía una visión de una escena en la que un protagonista, un pintor, se encontraba con que habían destrozado su obra por un asunto turbio relacionado con un asesinato, pero no sabía mucho más de la historia cuando empecé a dibujar. Había un asesino, un muerto, un tipo sorprendido y nada más. Ni guión ni nada de nada.

Decidí empezar con el asesino y traté de cargarme el estereotipo del asesino a sueldo, así que dibujé a un anciano de aspecto frágil y triste metido en un coche con un tipo joven que van a algún lugar del que aún no tenía ni idea y les dejé que hablaran de sus cosas y ver qué pasaba.

Esa escena se desarrolló libremente y me llevó a la página 20, así que me tentó hacer toda la historia con episodios de 20 páginas protagonizados por un personaje. Volví a la primera página, puse de título “El Turco” y empecé un segundo episodio con otro protagonista del que tampoco sabía gran cosa, “Boris”.

Todos los personajes son inventados, pero traté de incorporar en ellos características de algunos personajes reales que conocí en el barrio de Lavapiés hace más de 20 años, cuando viví allí. No hice ni un solo boceto de ninguno de los protagonistas. Dejé que aparecieran en su primera viñeta y traté de ir descubriendo quienes eran sobre la marcha. Lo genial de ese sistema de trabajo es que el personaje termina tomando sus decisiones y hay cosas que te pide hacer y otras que se niega rotundamente a realizar, así que uno se limita a acompañar al personaje en su camino y mantiene una postura de espectador ante lo que va haciendo. Es como una proyección inconsciente de uno mismo en unos personajes y esa forma de trabajar me fascina por que al final las cosas terminan encajando y las preguntas que se han formulado sobre la marcha se cierran. Me resulta increíble, la verdad, pero sucede.

Este cómic está realizado de una manera muy peculiar, dibujado directamente con un bolígrafo. Cuenta sus secretos gráficos.

Si. Como me gustan las historias largas intento buscar un tipo de dibujo que me resulte asequible de hacer, con el que me sienta cómodo. Cada historia que hago tiene un estilo diferente pero nunca me meto con estilos muy elaborados o que me lleven demasiada energía, ya que si tengo que mantener el listón a esa altura durante 200 ó 300 páginas es muy posible que me termine aplastando si me he complicado demasiado, así que intento que me sea cercano y en el caso de “De Perros y de Huesos” sucede aún más, ya que pretendía ser un proyecto que me permitiera descansar y divertirme.

La línea de “De Perros y de Huesos” está dibujada en folios normales y con bolígrafo Bic cristal negro. Escaneaba las páginas y trabajaba por capas. La primera capa de todas las páginas, la base de todo, es una foto que tomé de una pared de Lavapiés. Una textura, vamos. Si miras las viñetas, asoma esa textura por muchos sitios. Sobre esa base ponía otra capa con la línea escaneada y en un par de capas más le daba algo de color, luces y sombras. Es una técnica muy sencilla pero que creo que funciona muy bien y que no me llevaba mucho trabajo.

Vives cerca del barrio de Lavapiés, de ahí esas imágenes tan realistas. Ha condicionado el lugar la historia, o hubiera dado lo mismo si fuera otro sitio de Madrid (por ejemplo el barrio de Salamanca).

Hum…Creo que si hubiera transcurrido en otro barrio no hubiera sido igual formalmente pero su esencia hubiera sido muy parecida. Conozco Lavapiés y la forma de relación que guardan los personajes que viven allí. Hay algo en el tejido social de ese barrio muy primitivo que permite un tipo de relaciones que en el barrio de Salamanca serían impensables.

Creo que las sombras del alma humana son en realidad universales, pero se expresan de manera diferente dependiendo de donde te encuentres y de las necesidades que tengas cubiertas. En Lavapiés o en cualquier barrio desfavorecido del mundo los intereses del individuo tiene más que ver con asegurarse llenar el plato cada día, mientras que en barrios como el de Salamanca, en los que el plato está lleno, los intereses son otros menos primarios, pero la parte oscura del ser humano es prácticamente la misma y asoma y actúa en cualquier parte del mundo y en cualquier clase social.

No asocio esas sombras del alma con la pobreza o con la marginalidad ni creo que vivir dentro de la legalidad sea lo mismo que ser un buen tipo, vamos.

Hubiera sido una historia diferente y con otro tipo de dibujo, pero los paisajes internos de los protagonistas hubieran sido los mismos.

El final de la historia, al igual que las películas de El Padrino, está cerrado, pero con una vía abierta a un posible segundo tomo. Volverás para contar las desventuras de sus protagonistas.

Je, je. Es muy posible, si.

Uno de los protagonistas, “El Turco”, continua viviendo en mi cabeza y de cuando en cuando me pide continuar su historia, regresar a Turquía, al lugar donde mató a su primer hombre, y cerrar allí su ciclo vital. Ya me lo pedía cuando terminé “De Perros y de Huesos”. Creo que de alguna manera necesita morir reconciliado con lo que ha sido su vida así que no descarto la posibilidad de retomar a ese personaje dentro de un tiempo y echarle una mano. El resto de personajes ya no viven conmigo, pero “El Turco” sigue ahí.

Si retomo ese proyecto creo que será el único protagonista que aparezca y es casi seguro que terminaré haciéndolo. No creo que sea una historia muy larga pero cada historia que hago es un misterio así que puede que termine saliendo un ladrillo de 300 páginas.

De momento, la compañía de “El Turco” me agrada, así que no tengo prisa en empezar esa historia.

La interacción entre todos los personajes, los diálogos son muy naturales, fluidos. Cómo encaras este tipo de narración, muy pausado, complicado de afrontar para un artista.

Dejo que digan lo que les apetece y me limito a seguirles durante el proceso.

Los contenidos de las conversaciones que tienen los protagonistas son asuntos que me interesan pero que no tengo claros dentro de mi, que no he trabajado lo suficiente o sobre los que no tengo una opinión muy clara, así que hago una proyección en ellos y dejo que discutan el tema para ver a qué conclusiones llegan.

Los alquimistas tenían un ejercicio muy curioso al que llamaban el “Consejo de Yoes”.

Si había algún tema que preocupaba al alquimista, podía convocar al consejo, que estaba formado por cuatro personas. La primera, era el alquimista, y las otras tres eran el mismo alquimista cuando era un niño, cuando fuera un anciano y cuando ya hubiera muerto. El alquimista planteaba el problema y dejaba que cada una de sus facetas hablara libremente sobre el asunto. El niño que un día fue el alquimista daba su opinión, lo mismo que el anciano que sería en un futuro y también la parte que sobreviviría a la muerte. Era una charla entre cuatro estados diferentes de la misma persona, de cuatro “yoes”.

Lo que hago con mis personajes es algo parecido, así que en ese sentido me acerco más a la figura de un místico que a la de un artista. Todos los protagonistas representan alguna parte de mí, para bien o para mal, así que es una especie de herramienta con la que arrojar algo de luz en temas que, por mi mismo, soy incapaz de resolver o ver con claridad. Está muy bien, la verdad.

Bueno, al final solo se trata de un cómic, pero me gusta complicarme la existencia.

En qué estás trabajado a día de hoy.

¡Ah! ¡Estoy entusiasmado con el proyecto que estoy haciendo!

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Es una historia larguísima, creo que pasará las 300 páginas. Ahora llevo unas 115 y la cosa prácticamente acaba de empezar. Es una historia en un futuro cercano con personajes mucho mas cercanos que los de “De Perros y de Huesos”, mas normales, no tan extremos. Quiero hacer una historia apocalíptica pero lo que me interesaba era contar lo que sucedía antes del caos y no tanto lo que pase después.

El eje de la historia es un modesto grupo de rock que se reúne los fines de semana con la intención de hacer una maqueta. Cada personaje pertenece a una realidad diferente pero todos confluyen en ese proyecto común. Lo bonito del trabajo es que pretendo grabar junto al grupo con el que toco la maqueta que harían esos protagonistas, así que no se trata de un proyecto individual, sino que me he organizado con los músicos para sacarlo adelante.

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En realidad no se trata de una banda sonora. Pretendemos que la música se integre en los protagonistas de la historia, que sean una especie de diario sonoro de cada uno de ellos, así que cada uno de nosotros toca como lo haría su protagonista. Es casi un ejercicio actoral.

Voy enviando a todos las páginas que van saliendo y en base a lo que va sucediendo vamos componiendo la música. Lo bonito del tema va a ser comunicar la música y el cómic. Que la música se tiña de las experiencias personales de los protagonistas y que las ideas que salgan en el local de ensayo me sugieran escenas para el cómic que de otra manera no hubieran aparecido. Todos los miembros del grupo están muy comprometidos con la historia y las cosas que están saliendo tienen muy buena pinta, así que… es una preciosidad de trabajo y hacerlo está resultando un lujo.

Creo que vamos a tardar unos dos añitos en terminarlo todo, pero hasta ahora llevamos buen ritmo y está saliendo todo con fluidez.

Toquemos un tema espinoso, el fallo del concurso de Planeta, que muchas ampollas ha levantado en la red. Estaría bien que nos contaras qué ocurrió, desde el momento que presentaste tu tebeo hasta que te dieron el premio y saltara la liebre.

Pues está muy bien tocarlo.

En el momento en que se hizo público el fallo del jurado se montó una polémica tremenda por unas páginas que yo tenía colgadas en mi viejo Fotolog. La gente decía que una de las bases especificaba que las historias que se presentaran al concurso no podían haber sido editadas en ningún tipo de soporte y era cierto. Las bases eran muy claras en eso.

Cuando me llegaron las bases y las leí, me di cuenta que mi situación podría entrar en conflicto con ellas así que hice lo que creí que tenía que hacer. Escribí a los organizadores del concurso, les conté lo que había, que tenía intención de presentarme y les pregunté si era un problema o no. Me contestaron que no, me animaron a presentarme y me desearon suerte, así que imprimí un dossier y lo envié. Ese e-mail lo recuperé tiempo después, cuando se formó el lío, pero como la sensación de tener que defenderme, de demostrar mi inocencia, me tocaba los cojones y me daba aún mas miedo que las acusaciones, terminé por borrarlo, para liberarme de alguna manera de vivir en un estado mental en que tenía que andar con un escudo por la calle.

Un tiempo después de enviar el proyecto, Ricardo Esteban, que por aquel entonces era el editor de Planeta, me notificó que había ganado el premio, me preguntó en qué estado andaba la obra y si creía que podría cumplir los plazos, me felicitó y yo seguí trabajando. Esto fue días antes de que se hiciera oficial el fallo y en esos días ocurrió una cosa curiosa. En mi cabeza saltó una alarma con el tema de esas páginas colgadas en mi Fotolog.

Yo soy español, reconozco en mí el carácter de mi tierra y se que dentro de nosotros aún vive un pequeño Torquemada deseoso de encender la antorcha y liarse a quemar vivo a cualquiera, así que me entró el pánico y cerré el Fotolog. Cerrarlo me dio igual ya que era una web donde colgaba cualquier cosa que se me pasara por la cabeza. No era una página para mostrar trabajos y de hecho, ningún cliente supo nunca de su existencia así que me dio lo mismo.

Cuando se montó el follón, Álvaro Pons en la “Cárcel de Papel”, su web, me dio una coartada perfecta para haberlo cerrado que era que Planeta obligaba retirar todas las páginas al ir a editar la historia, que era parte del contrato, pero la cruda realidad fue que el único motivo por el que cerré ese Fotolog fue el pánico a Torquemada. Y, fíjate lo que son las cosas, al final me encontré con un montón de inquisidores.

Se me tildó de estafador, de sinvergüenza, de conocer al jurado, de entrar en los foros e insultar a la gente con nombres falsos. Se dijo que todo estaba amañado y el premio se había concedido “a dedo”, se dijo que había que boicotear la historia y que me iban a llevar ante los tribunales, así que entré en una espiral de asombro que crecía por momentos y pasé una temporada crítica ya que tengo un sistema nervioso muy débil y me cuesta muchísimo aguantar la presión.

Tío. ¡Nadie me preguntó! ¡Nadie pensó que podía haber un motivo por el que me presenté o por el que cerré el Fotolog! Todo el mundo dio por sentado que yo era algo así como Hannibal Lecter y se liaron a encender antorchas.

Lo que hice fue aprovechar esa sensación que tenía de querer ser linchado y la volqué en la historia, en la escena del asesinato y en la cara de Suso al bajar al sótano y encontrase que alguien había destruido su obra. Es algo externo a la obra de uno y que, por circunstancias, acaba en el fuego. Esa sensación está ahí, en esas páginas y creo que en ellas se ve perfectamente como me sentí. “Si hubiera visto tus ojos antes, habría podido escribir un poema que nos hubiera hecho inmortales a los dos” decía José en esa escena.

En esa polémica muy pocos me miraron a los ojos como deseaba José y muchos agarraron el cuchillo, como “El Turco”.

El dibujante que quedó finalista junto a mi, Oriol Hernández, que es buenísimo el tío, colgó un comentario en uno de los foros y demostró ser un caballero además de un maestro. ¡El finalista! Alguien que tenía más motivos que nadie para avivar esa polémica y se comportó con una altura humana espectacular. ¡Ole sus cojones!

Aprendí mucho en ese periodo. De los demás y principalmente de mí mismo.

¿Hubieras retirado tu cómic en el caso que la situación se hubiera vuelto más desagradable aún?

Decidí retirarlo antes de que se llegara a lo que se llegó, pero ese mes Ricardo Esteban estaba de vacaciones y no me pareció correcto llamarle, así que opté por ser prudente y esperar. Álvaro Pons me escribió de nuevo y me dio ánimo en esos días y al final opté por dejar las cosas como estaban y ver qué pasaba.

Lo que sucede es que yo no dibujo cómics para publicarlos o para forrarme, hombre. Los hago por que me encanta hacerlos y no podría vivir sin dibujarme mis historietillas y todo ese lío me sobrepasaba.

¿Qué necesidad tenía yo de aquello? ¿De que me compararan con un pirata? ¿Qué necesidad tenía de leer tanta barbaridad gratuita como se dijo de mí? Ninguna.

A mi me basta y me sobra con hacerme mis paginitas y pasar un buen rato así que… faltó muy poco para que mandara todo al cuerno.

Ahora, de vez en cuando, me escriben personas a las que no conozco y me dicen que han disfrutado mucho de esa historia y en esos momentos me doy cuenta que mereció la pena aguantar el chaparrón y que Torquemada ya tiene bastante lío con el hecho de convivir consigo mismo.

Aquí, cada santo que aguante su vela, vamos.

Participaste en el tomo 10 Dedos junto a varios autores y en nuestro proyecto solidario Reinventando lo Fantástico. Qué tal fue la experiencia de realizar una historia común con los autores todos ellos con diferentes estilos y personalidades.

Pues apasionante, claro. Ese tipo de cosas me entusiasman.

En 10 Dedos (publicado por la editorial Dibbuks) no sabíamos que se iba a publicar, así que se hizo sobre la marcha, para divertirnos. Me lo pasé cañón con esa historia. Supongo que si hubiera sabido que iba a publicarse me lo habría planteado de otra manera, pero…Con “Reinventando lo Fantástico” pasó algo parecido.

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Yo no soy muy dado a los cómics de superhéroes, pero dibujar a La Cosa me apetecía muchísimo así que me lo pase muy bien, también. Mis páginas no se vendieron, creo recordar, así que no fui de mucha ayuda, pero lo que importa es la intención, dicen. (Nota del editor: todas y cada una de las páginas se vendieron, algunas tardaron un poco más que otras. Las páginas de Colo, es cierto que no fueron las que más dinero recauraron, pero tampoco las que menos)

Los proyectos comunes, los que involucran a un grupo de gente, me gustan mucho. Si la cosa sale bien la energía se retroalimenta y lo que hacen los otros te pone las pilas y te da subidón, así que lo que tu haces produce el mismo efecto en los demás y… muy potente, muy potente.

En España, al menos a día de hoy, el único modo de ganarse la vida dibujando (más o menos) es mediante el cómic erótico y pornográfico. ¿Te ves algún día haciendo un relato X? ¿Tan pobre está la situación aquí para ganarse la vida?

He hecho algunos como ejercicio. Jeje. Malísimos todos. Llegué a la conclusión que para hacer un cómic porno o uno de terror tienes que ser un autor buenísimo. Si no es así el resultado es horroroso así que creo que son los dos géneros más difíciles que hay.

Ganarme la vida con los cómics no entra en mis planes. Como te decía los hago por placer y no pensando en el dinero, pero puede ser que en un futuro me plantee hacer algo porno, para ver qué sale, para experimentar. No se.

¿Te gustaría realizar superhéroes o álbumes para el mercado europeo?

En principio no es mi objetivo. Lo que me gusta es hacer las historias que me interesan o me llaman la atención. Pensar en un eje para una historia que me parezca interesante y empezar a tirar del hilo para ver dónde termina todo. Si una vez terminada una historia algún editor europeo la quiere publicar estaré encantado, claro, pero no tengo un plan definido de lo que voy a hacer. Me limito a prepararme un café, sentarme en mi tablero, pensar en lo que me apetece hacer y comenzar a dibujar.

Yo no soy un profesional de la historieta y creo que no me interesa serlo. Prefiero divertirme con algo que me encanta que ver cómo sacarle rendimiento. Tanto es así que no preparo proyectos y los muevo ya que mi finalidad no es publicar. Lo que me interesa es hacer, de modo que me hago historias de 200 ó 300 páginas y cuando las tengo terminadas veo si le interesan a alguien o no y empiezo otra sin pensar mucho en ello. Me interesa el cómic como medio artístico y no como industria.

No descarto ninguna posibilidad en el futuro, claro. Es posible que me llegara a interesar dibujar alguna historia de superhéroes o algo con un toque europeo, pero tendría que ser por que la historia coincide con mis intereses personales y mis gustos.

Las experiencias personales pueden llegar a condicionar el trabajo final, a nivel gráfico y de guión, a la hora de afrontar un nuevo trabajo.

Pues hasta hace poco pensaba que el algunos casos si y en otros no, que dependía mucho que como un autor se enfrentara con un trabajo. En mi caso es muy claro que hay una relación muy directa entre lo que vivo y lo que hago y que utilizo el papel y el lápiz como una extensión de mi persona, pero también he tenido la sensación que podía haber autores que no vieran las cosas así y que se tomaran el trabajo de una manera más fría, sin una conexión personal con su obra. Es un curro y ya está. Un trabajo profesional con el que ganarse la vida.

Lo que pasa es que con cada cana que va adornando mi barba voy teniendo una mirada menos ingenua y según pasa el tiempo se me va haciendo más evidente que las cosas no son así, que siempre hay una conexión directa entre lo que uno hace y lo que uno es.

Creo que la conciencia no tiene departamentos estancos, como los submarinos, y que el agua que entra no se queda en un solo sitio y penetra en todos los compartimentos pese a que, tal vez, no sea fácil reconocerlo ya que eso te pone frente al espejo y te obliga a preguntarte quién eres en realidad.

Separar el ámbito personal de lo que uno hace en el mundo puede ser una manera de protegerse uno mismo de sus propios actos en una sociedad que nos pone muy difícil el hecho de elegir lo que hacemos ya que todo está sujeto a la ley del mercado, a la dictadura del dinero. Los deseos de cualquiera, sus sueños o aspiraciones, lo que le gustaría hacer o a lo que le gustaría dedicarse no son importantes ahora, lo que importa es que sea productivo.

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Yo, cuando empiezo una historia, lo hago por un motivo muy simple. Es un tipo de historia que me gustaría leer pero que no encuentro en las tiendas. Nadie la ha dibujado aún. Pienso en ello y me doy el gustazo de hacerla yo mismo para poder leerla cuando esté terminada, así que en mi caso mis gustos o mi experiencia vital son la causa concreta de cualquiera de mis historias.

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Marcos Miguel González "Markitos"

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