DRAMA QUEEN: EXTRATERRESTRES Y RESENTIMIENTO
Si uno lleva años siguiendo lo que se publica en el mercado español, empieza a tener una sensación bastante clara: el mercado funciona en piloto automático. Cada mes llegan toneladas de novedades, las editoriales anuncian licencias con gran entusiasmo y el catálogo no deja de crecer… Pero, oh, sorpresa: la mitad de ellas (como poco) son otro shonen más.
Shonen de peleas, shonen de instituto, shonen de deportes, shonen donde alguien sin poderes resulta que tiene un poder especial, shonen donde alguien quiere ser el mejor del mundo… Shonen, shonen y más shonen.
En medio de ese ecosistema aparece Drama Queen, manga shonen de Kuraku Ichikawa que publica IVREA.
De salvadores a explotadores
El arranque de la trama nos sitúa en un mundo donde los extraterrestres salvaron la Tierra de ser destruida por un meteorito. Tras ese hecho, se inicia una convivencia armónica humano-alienígena que atraviesa toda la sociedad a nivel personal, afectivo y laboral.
El problema es que la convivencia no es tan idílica como el discurso oficial quiere vender.
Nuestra protagonista es Nomamoto, una joven que trabaja en una fábrica y que odia a los extraterrestres por culpa de su jefe, un alien que la explota laboralmente. Inicialmente guarda sus opiniones para sí misma, puesto que queda feo odiar “a nuestros salvadores interplanetarios”.

La situación cambia cuando Nomamoto conoce a Kitami, otro trabajador que carga con un odio mayor por un trauma mucho más oscuro: su familia fue asesinada por un extraterrestre.
Lo que empieza como una conexión entre dos personas que comparten resentimiento hacia los alienígenas pronto empieza a deslizarse hacia algo bastante más turbio.
Drama Queen no es una obra maestra escondida ni el nuevo gran clásico del manga. Pero sí es algo que, visto el panorama, casi parece raro: una historia que al menos intenta hacer algo un poco distinto.
Este manga se convierte en una historia sobre odio, complicidad y las consecuencias de dejarse llevar por la rabia.

Nonamoto y Kitami: racismo interplanetario
El corazón del manga está claramente en la relación entre Nomamoto y Kitami.
Nomamoto empieza siendo un personaje bastante reconocible: una trabajadora agotada, un poco cabeza hueca y atrapada en un empleo horrible. Su resentimiento hacia los extraterrestres nace de algo muy cotidiano.
Kitami, en cambio, está en otro nivel: su odio viene de una tragedia personal brutal.
Cuando ambos personajes conectan, surge una especie de eco emocional donde sus frustraciones se refuerzan mutuamente. La historia juega precisamente con esa tensión.
Y como suele pasar en la vida real, cuando dos personas enfadadas se alimentan mutuamente el resentimiento… las cosas pueden ir bastante mal.

Cuando el dibujo también está enfadado con el mundo
En lo que al apartado visual se refiere, Kuraku Ichikawa apuesta por un estilo bastante directo y expresivo.
Que la portada no te engañe. Al abrir las primeras páginas, se puede apreciar un dibujo sencillo, con escaso uso de sombras y poco elaborado. No estamos ante un despliegue gráfico espectacular ni ante páginas que vayan a hacer que te levantes de la silla a aplaudir. Pero el dibujo tiene una virtud muy clara: transmite perfectamente las emociones incómodas.
Los diseños de personajes también son bastante claros y diferenciables. No hay demasiada confusión entre quién es quién y no son especialmente idealizados; hay algo ligeramente incómodo en cómo se presentan a veces, lo que encaja bastante bien con el tono moralmente ambiguo de la historia.
También hay un contraste interesante entre el aspecto relativamente cotidiano del mundo y la presencia de los extraterrestres, que se integran visualmente en la sociedad de una forma casi absurda… lo cual probablemente es parte del chiste.
En conjunto, el apartado gráfico funciona bien para el tipo de historia que quiere contar.

En el océano de mangas shonen
La edición española de IVREA cumple con lo mínimo esperado: formato B6, buena traducción y un acabado correcto, cuatro tiras cómicas en las dos últimas páginas y ya está.
No hay extras. No hay páginas a color recuperadas. No hay artículos, ni entrevistas, ni ningún tipo de contenido adicional.
Es una edición perfectamente funcional, pero también completamente olvidable.
En un mercado donde cada mes aparecen decenas de mangas nuevos, publicar un tomo así, sin ningún elemento que lo haga destacar, es básicamente condenarlo al olvido.
Pero tampoco vamos a fingir que el problema es solo la edición. El verdadero problema es el mercado.
Si uno revisa el panorama general del manga publicado en España, la conclusión es evidente: el shonen invade absolutamente todo.
Drama Queen tiene ideas interesantes: resentimiento social, trauma y radicalización personal (o, si lo preferís, racismo interplanetario). La relación entre Nomamoto y Kitami tiene suficiente tensión como para mantener el interés, y el tono de la historia se mueve en una zona moral bastante incómoda que puede resultar atractiva.
Pero también es fácil imaginar qué va a pasar con este manga:
- Saldrá al mercado.
- Algunos lectores curiosos lo descubrirán.
- Muchos shonen-bros (siempre desde el cariño) ni lo tocarán, ocupados buscando su próximo shonen de torneo, pelea o “convertirse en el mejor del mundo”.
- Y luego, poco a poco, desaparecerá entre el aluvión de novedades.
No porque sea una mala obra, sino porque el sistema editorial actual está diseñado para que solo sobrevivan los gigantes.
Mientras tanto, dentro de unos meses probablemente estaremos celebrando la licencia de otro shonen sobre alguien especial sin poderes que resulta tener un poder único.
Pero oye, al menos ese vendrá con anime, treinta y ocho tomos y media docena de figuras de colección.


