Con tan solo seis meses de diferencia de su publicación en Francia llega Después de la ola, la adaptación de la novela de Sandrine Collette, realizada en cómic de Dominique Monféry para la editorial francesa Rue de Sèvres. Una obra que nos sitúa en un mundo postapocalítpico cubierto de agua en el que una familia tendrá que sobrevivir a un escenario en el que las ciudades están sumergidas, minimizando los recursos y los sitios donde vivir. Yermo Ediciones lanza la edición en un tomo cartoné de tamaño europeo con papel de gran calidad.

La obra nos presenta a una familia formada por una pareja con 9 hijos de diversas edades que ven cómo la subida del agua comienza a poner en riesgo su hogar y tienen que plantearse irse a otro sitio con edificios más altos. Para ello el padre fabrica una embarcación, pero no van a caber todas en ella. ¿Cómo decidir quién va y quién no? ¿Serán capaces de dejar atrás a alguien? ¿Renunciarán a la idea de sobrevivir con tal de mantenerse todos juntos? Una historia dura, que plantea situaciones muy difíciles en un mundo cada vez menos habitable, con criaturas marinas evolucionadas y la incertidumbre como normalidad.
La adaptación corre a cargo de Dominique Monféry, de quien en nuestro país hemos visto solo la obra La gran serpiente, también editada por Yermo. Se trata de una historia que bebe mucho de clásicos como El señor de las moscas, en las que la hipersensibilidad hacia la infancia nos coloca en un punto de alerta continua, de miedo a cómo van a poder sobrevivir esos niños en un mundo tan hostil. Aquí no hay posible negociación ni deus ex machina que valgan, el nivel del agua sube y o te vas a otro sitio, o te ahogas si no eres devorado por alguna criatura marina. La falta de espacio en la barca lleva a la pareja a discutir por cómo decidir y cómo se ven en una situación en la que tienen que renunciar a algunos de sus hijos. Se produce un importante contraste entre cómo perciben la situación los padres (cada uno de ellos de una manera) y los hijos, niños, con un punto de vista diferente con optimismo y pragmatismo como motores naturales. Como buena historia apocalíptica, las relaciones con personajes externos resultan un desafío y una fuente de desconfianza, ingrediente que sazona aún más el gran guiso de la desesperación y miedo.

Destaca muchísimo el aspecto gráfico, con un trabajo en el que Monféry aprovecha la página para mostrar esos grandes escenarios acuáticos, las criaturas marinas, y un mundo inundado. Es tremendamente visual, y de esas obras que invitan a detenerse en ciertas páginas a admirar el gran trabajo pictórico, que aprovecha las páginas completas o las dobles para deslumbrar. A nivel narrativo tengo que reconocer que en ciertos pasajes puede resultar un poco confuso, por combinar varias líneas argumentales y tener siempre esa intención de impactar con el dibujo y conseguir que el escenario de una sensación de grandiosidad. Los saltos de una línea a otra no siempre son evidentes y puede producir cierta confusión ocasional.
Aunque se trata de una adaptación de la novela, y desconozco el grado de fidelidad a la obra original, me ha sorprendido un poco el desenlace, que da una sensación de ser algo precipitado y que se podía haber desarrollado mucho más. No estropea la historia ni la desmerece, pero resulta llamativo, porque a lo largo de la historia precisamente el ritmo lento y el discurrir del tiempo es decisivo para producir desesperanza y fomentar la incomodidad en el lector, y uno espera que el final va a ir en una línea similar. En el fondo, se agradece que «suelten» un poco esa soga sobre nuestro cuello provocada por la intranquilidad sobre la seguridad de niños tan pequeños, pero no deja de resultar llamativo.

En definitiva, Después de la ola es una obra postapocalíptica en la que disfrutamos sufriendo. Una historia que te mantiene incómodo de principio a fin, como esperando que suceda algo malo en cualquier momento, barruntando la desgracia. Historia completa, con un dibujo espectacular, consciente de la relevancia del escenario para que el resto tenga sentido. De esas obras que no solo cuentan una historia, sino que plantea debates internos, invita a comentarla con nuestros conocidos, a preguntar qué harías tú en esa situación…
Lo mejor: El dibujo. Las dudas y debates que sugiere.
Lo peor: El final, algo abrupto.


