Ahora que vuelve a estar de moda hablar sobre la regulación de los alquileres, las ayudas para el alquiler y primeras viviendas para la... Bottomyards, de Claytan Daniels & Passmore

Ahora que vuelve a estar de moda hablar sobre la regulación de los alquileres, las ayudas para el alquiler y primeras viviendas para la lozana gente joven, y la alineación de astros que se tiene que dar para poder vivir sin agobios y a menos de un año luz de tu trabajo —si lo tienes—, rescatamos un tebeo, Bottomyards, que sobre todos los mensajes que pueda encerrar, destaca la gentrificación de las ciudades. Ese anglicismo reconvertido en pesadilla, que viene a significar la rehabilitación de barrios deprimidos que supone el encarecimiento del suelo y el desplazamiento de la gente con menor poder adquisitivo por otra con más panoja. Algo, que si vives en Madrid o Barcelona, conocerás de primera mano, porque ejemplos no faltan.

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Pero la gracia de Bottomyards (BTTM FDRS en la edición original de Fantagraphics), de Ezra Claytan Daniels y Ben Passmore, y publicada aquí por Nuevo Nueve, va más allá del mensaje, y nos da un entretenimiento de ficción mezclando el rollo indie del puro slice of life noventero (ya sabéis, la definición moderna de indie) con el body horror y el black terror, que tan en boga está con películas como Us o Get out (un lustro es en boga, ¿verdad?). Un estilo que nos está devolviendo el terror con toques de humor, y con pie y tres cuartos en la sátira.

En Bottomyards, Darla, una recién licenciada en Bellas Artes que trata de meter la patita en el difícil mundo de la moda, se muda a un viejo edificio industrial reconvertido en viviendas en un barrio de las afueras de Chicago bastante dejado de la mano de Dios: los Bottomyards. Un nuevo sitio… «chic», en el que Darla pretende encontrar independencia e inspiración para sus diseños. Un edificio de amplios espacios y poca luz, con una atmósfera algo tétrica; un ambiente al que poco ayuda que haya personajes un tanto «creepy» merodeando por los alrededores, y una endemoniada cosa viscosa e informe absorbiendo la vida de… pues de lo vivo, claro está.

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Al margen de la trama de horror con bicho, gran parte del encanto del tebeo radica en los diálogos de Darla con su amiga flipada y superficial, con su noviete, o con las gentes trabajadoras que ya estaban allí antes de las hordas hipsters. De hecho, consigue un correcto equilibrio entre las vísceras, las entrañas y lo truculento, con este rollo más cotidiano con carga en los diálogos. Porque al igual que Get out no es Funny Games, Bottomyards no es The Thing. No esperes encontrar Alien en este tebeo, porque la ciencia ficción aquí es telón de fondo para otras cosas. Quizás por ello, y aquí van mis gustos por delante, te da tanto suspense al principio con el tema del «mostro» que, cuando lo resuelve, y al haber cargado tintas en otros aspectos de la historia, no me termina de saciar.

Y aunque a nivel narrativo me encanta que se haga sitio a la viñeta muda, la pausa y la contemplación, potenciada por esos espacios diáfanos enormes bastante vacíos, con el fin de compartir con Darla la sensación de exploración por los recovecos de su nueva vivienda, lo más singular y verdaderamente destacable en cuanto al apartado gráfico me parece sin duda el color. Si abres el tebeo y lo ojeas te va a llamar la atención, porque podrás ver páginas enteras —o prácticamente— monocromas, puede que con alguna sombra de igual tonalidad más o menos saturada. Y es que la combinación de los vacíos del edificio, junto con el uso del color pastel inundando todo como si se hubiese derramado el caldero del Paint, como recurso para los cambios de escenario y de luces, consigue transmitir una mayor sensación de agobio, claustrofobia y mal rollo. Un claro acierto que da mucha personalidad al cómic.

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De hecho, el tema del color es algo en lo que no puedo parar de fijarme durante toda la lectura hasta el punto de distraerme.

Ya termino, no sin antes recordaros que leáis muchos tebeos, y que antes de sentar vuestras aterciopeladas posaderas en el inodoro, os fijéis bien en que el agua de vuestro váter no burbujee ni aloje tentáculos. Hasta la próxima.

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

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