Si tuvieran que preguntarme por uno de esos cómics de Superman que recomendaría sin dudarlo se me ocurrirían unos pocos, pero seguro que Superman:... Batman: Criatura de la noche

Si tuvieran que preguntarme por uno de esos cómics de Superman que recomendaría sin dudarlo se me ocurrirían unos pocos, pero seguro que Superman: Identidad secreta saldría antes o después en la lista (más antes que después). Trece años después de esa maravillosa reflexión sobre la figura de Superman en la cultura popular aparece Batman: Criatura de la noche, escrita también por Kurt Busiek, que cambia a Stuart Immonen por John Paul Leon. ECC edita los cuatro números dobles en un tomo integral de 216 páginas.


La premisa es similar a la de Identidad secreta, un mundo real en el que Batman es un personaje de ficción, y una persona que tiene un nombre, en este caso, muy parecido al del personaje de ficción. Bruce Wainwright es un lector empedernido de las aventuras de Batman, y vive con sus padres en Boston. Un día, unos individuos entran a robar en su casa y sus padres son asesinados. La fortuna de sus padres la tiene que gestionar el tío abuelo del niño, Alton Frederick, a quien el niño llama Alfred. Tan traumático suceso provoca que el niño comience a ver cómo una criatura de la noche en forma de murciélago comienza a defender las calles de Boston.

La fórmula es parecida, pero el punto de vista es bien diferente. Es normal, dado que la intención de Busiek es la misma para ambas obras, pero lo que cambia por completo el tono es la propia idiosincrasia de su protagonista. El guionista pretende hacer una reflexión sobre la figura del héroe de ficción, y hace que este personaje, supuestamente real, acabe llegando a un punto de encuentro con el propio personaje. Si Identidad secreta tenía un tono luminoso y brillante, como su héroe protagonista, aquí indefectiblemente el tono va a ser todo lo contrario. Y además Busiek lo introduce con habilidad, puesto que aprovecha el tono oscuro del personaje de DC para darle un toque sobrenatural, sembrar la duda de qué es real y qué no, y que proporcionan el tono perfecto para la historia a pesar de estar ambientada en un mundo real.

También vamos a ver muchas similitudes con toda la mitología de Batman: los citados Bruce Wainwright y Alfred, vamos a ver a una Robin, a un detective Gordon… detalles a priori anecdóticos, meras casualidades, pero que al final tienen un peso importante en el desarrollo de la historia, aunque no sea necesariamente del mismo modo que en los del murciélago original.


La historia está narrada en cuatro actos, a modo de capítulos de 48 páginas en los cuales todo queda bien delimitado y definido y vamos viendo cómo Bruce pasa de niño, a adolescente y a adulto. En mi opinión, arranca con mucha fuerza, lo que plantea es muy interesante, aunque en el último acto pienso que se desinfla un poco, por dedicase a reflexionar sobre esa figura del Batman de este mundo, y a dejar cosas en el aire para que el propio lector saque sus propias consecuencias. Sí me gusta mucho que no de ninguna pista de cuál es la versión del propio autor, como si realmente no tuviera importancia, y el verdadero peso recayese en el peso de un suceso de esa índole sobre la frágil psique de un niño y en la atmósfera cercana a la locura que siempre ha rodeado al personaje. Pero el ritmo regular que lleva en los tres primeros actos sufre un cambio en el último acto, y se nota. Puede que influya también ese narrador cambiante, que reflexiona continuamente sobre lo que sucede, y vamos viendo la historia desde el punto de vista de Bruce, Alfred e incluso Robin.

De Immonen pasamos a John Paul Leon, otro cambio natural. Ambas obras tienen en común un uso predominante de los contrastes, un trazo más bien grueso para los contornos… pero el color es radicalmente diferente. La luz da paso a la oscuridad, como es predecible para aquellos familiarizados con ambos personajes. En mi opinión Leon, a quien conocíamos sobre todo por su Tierra-X, está a la altura del reto de mantener el nivel de todo un Stuart Immonen en una obra emblemática. Es un estilo realista, con ese aire a lo Mazzucchelli en Año Uno o al Michael Lark de Gotham Central. Además, rinde continuos homenajes a los cómics de la Edad de Oro de Batman e incluso a otras versiones populares como la televisiva del 66.


En definitiva, Batman: Criatura de la noche es una reflexión sobre el icónico personaje de DC. Si bien no me parece tan redonda como Superman: Identidad secreta, creo que está muy por encima del nivel medio de las historias actuales y es un gran cómic. Sin duda alguna estamos ante una más que digna sucesora. Si en la primera, Clark tenía que aprender a ser Superman, en Criatura de la noche, Bruce tiene que aprender a vivir con la losa de Batman, algo que comienza como estimulante para el fan del personaje pero que acaba siendo una pesadilla.

Lo mejor: El ambiente que consigue John Paul Leon con su dibujo. El tratamiento de Alfred.

Lo peor: Que el que no esté al mismo nivel que su antecesora pueda interpretarse como que no merece la pena.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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