Hace ya doce años, Brian Azzarello y Eduardo Risso publicaban el centésimo número de 100 Balas, concluyendo así la serie que habían iniciado diez... 100 Balas: Hermano Lono

Hace ya doce años, Brian Azzarello y Eduardo Risso publicaban el centésimo número de 100 Balas, concluyendo así la serie que habían iniciado diez años antes y entrando en el Olimpo de los grandes de Vertigo. Sin embargo, cuatro años después, en 2013, algo les llevaría a revisitar aquel mundo que habían cerrado, a recuperar a uno de los milicianos y, concretamente, al más carismático, cruel e implacable de todos ellos, que es el que protagoniza Hermano Lono.

100 Balas: Hermano Lono

Pero el Lono que encontramos aquí colabora con un orfanato religioso cercano a Durango, México y se encierra voluntariamente en el calabozo del pueblo por las noches. Ha encontrado a Dios y dejado atrás su violento pasado… ¿Hace falta decir cómo terminará esto? 100 Balas: Hermano Lono es un western crepuscular moderno ambientado en el México de los cárteles de la droga con casi todos los ingredientes de 100 Balas concentrados en 8 capítulos.

Puede que todo el lado de la conspiración quede un tanto atenuado y no vaya más allá de algún juego de poder en el cártel, pero por lo demás, Hermano Lono es una colección de las virtudes y vicios de 100 Balas: Violencia, diálogos repletos de verborrea y postureo, giros argumentales, montones de escenas de fondo, luces y sombras durísimas… y pese a ser una secuela de la serie principal, puede leerse de forma separada e incluso es recomendable como picoteo de prueba para un lector que tenga intención de adentrarse en 100 Balas.

100 Balas: Hermano Lono

Al afrontar Hermano Lono debemos tener en cuenta que estamos frente a una constante hipérbole. Malos muy malos y casi ningún bueno, salidas de madre constantes, diálogos absurdamente lapidarios e incluso algunas inconsistencias argumentales, pero, cómo decía es el juego de 100 balas ultraconcentrado en 8 capítulos, lo que lo hace mucho más notorio. Depende del lector comprarlo o no, pero Hermano Lono se convierte en una obra mucho más disfrutable si nos dejamos llevar por la hipérbole y hacemos oídos sordos a las incongruencias.

La verdad es que en este aspecto, Eduardo Risso nos pone las cosas fáciles: antagonistas temibles de cara tatuada y aspecto casi inhumano, monjas de belleza explosiva, violencia minuciosamente gráfica, claroscuros imposibles… todo en el trabajo de Risso refuerza la propuesta de Azzarello. Es más, incluso gracias a sus peculiares escenas de fondo herederas de las de José Muñoz aligera y da mayor atractivo a la verborrea del guionista de Cleveland. No deja de ser también una nota curiosa la alargada sombra de Carlos Giménez a la hora de representar y mover a los niños del orfanato.

100 Balas: Hermano Lono

Resumiendo, Hermano Lono nos da una muestra compacta y sin diluir de lo mejor y lo peor de 100 balas, que requiere por parte del lector entrar en el juego del exceso que nos venden Azzarello y Risso, pero que una vez aceptado, nos brinda un western crepuscular tan desatado y violento como disfrutable.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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