Zodiac, de David Fincher, es espectacular por muchos motivos, pero además tiene ciertos detalles que la hacen más redonda y especial si cabe, y... Zaroff, de Runberg & Miville-Deschênes

Zodiac, de David Fincher, es espectacular por muchos motivos, pero además tiene ciertos detalles que la hacen más redonda y especial si cabe, y uno de ellos es esa tensa escena en la que se hace referencia a The most dangerous game, la película que en 1932 adaptó la novela homónima de Richard Connell. Y es que El malvado Zaroff, como se la conoce en España, es la primera o una de las primeras incursiones del survival y los asesinos en serie en la gran pantalla. La historia del exiliado ruso que llevó su afición por la caza mayor un paso más allá, supuso un rito iniciático que en su día generó controversia y cuyo contenido, incluso algo naif a ojos de un espectador del siglo XXI, recibió tijeretazo con ánimo de no turbar en exceso las mentes de la gente de bien por aquel entonces. Vamos, lo que hoy se haría tan sólo de boquilla a modo de campaña de marketing.

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Lo cierto es que Zaroff es un personaje icónico y de reconocida relevancia dentro de la ficción, y aunque la historia original dejaba un cierre apto para más renglones, pasados casi 90 años quien viese venir que alguien iba a seguir tirando del hilo debería poner un canal de videncia. El caso es que Sylvain Runberg y François Miville-Deschênes, autores a los que ya conocemos entre otras obras por Reconquistas, donde también hicieron equipo, han decidido rescatar al cazador en una obra titulada Zaroff, que publica en nuestro país Norma Editorial.

¿Y cómo han decidido continuar Runberg y Miville-Deschênes el «cuento» del psicópata? Pues bien, entre las víctimas de los sangrientos juegos de Zaroff anteriores a The most dangerous game, se encontraba el cabecilla de un temido clan irlandés de Boston, cuya hija Fiona Flanagan, convertida ahora en la mandamás de la organización mafiosa, descubre, gracias a los testimonios de los supervivientes del relato original, los detalles sobre la vida de Zaroff, así como dónde se esconde. De este modo, el ruso loco verá peligrar su vida y la de su olvidada familia; una amenaza que se convierte en la mejor de las terapias para el asesino, que ante semejante reto su apatía deja paso a la psicopatía, y la caza humana vuelve a agudizar sus sentidos y a inyectar sus ojos en sangre.

Volvemos a una isla de frondosa vegetación, armas de fuego y cuchillos, trampas, sangre y personajes siguiendo y ocultando rastros en pos de la supervivencia; pero el planteamiento del tebeo y el estatus de Zaroff aquí lo cambian todo. En El malvado Zaroff, los náufragos que acababan en la fortaleza del psicópata ruso estaban en una situación de indefensión que hacía que el relato adquiriese unos tintes macabros donde la balanza se inclinaba del lado del horror en detrimento de la aventura. En este tebeo, por un lado tenemos al cazador, algo desdibujado y sin esos tintes excéntricos de villano de opereta (algo más bien que atribuir a la actuación de Leslie Banks en la película), y a un clan mafioso hasta los dientes de armas y sed de venganza. Es una situación que, aunque con elementos similares, te conduce irremediablemente a un producto de acción con Zaroff en modo Rambo. Menos perturbador. Diferente. Entretenido en cualquier caso.

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Y hay un detalle que creo no es baladí, y es el hecho de ver de forma explícita la sala de trofeos de Zaroff con todas sus «presas» expuestas como venados. Esto es algo que fue censurado en la cinta, y que en este tebeo es probablemente la parte más macabra e impactante.

Por otro lado, tanto el dibujo como el color de Miville-Deschênes son estupendos. Alto detalle en escenarios, tormentas que salpican y en definitiva, un trabajo muy cuidado en el que destacar los detalles en Zaroff que evidencian cómo acabó al final de la obra original, y el recurrente —y efectivo— uso de los rojos en viñetas con extra de violencia. Bastante socorrido en obras bélicas por ejemplo, y que siempre funciona para dar fuerza a la acción.

La verdad es que es difícil ver franco belga que llegue a nuestras estanterías y que no tenga un trabajo gráfico bueno o muy bueno. Supongo que es una cuestión de tiempo y plazos si lo comparamos con el americano.

Zaroff le puede resultar entretenida a cualquiera porque no deja de ser una historia sencilla con altas dosis de acción, pero creo que está pensada para aquellos que conocen al menos la cinta del 32 y que sienten cierta curiosidad por ver cómo estos dos autores han estirado el chicle, del mismo modo que uno no se resiste a un What If. Si no conoces ya a Zaroff, creo que pierde la gracia. Y no, haber visto Blanco humano quince veces no convalida.

Para terminar, recordad que ni el amor supera al morbo, ni «Búscate un hobby» es siempre el mejor de los consejos.

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

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