Zeus ha desaparecido, el trono del Olimpo ha quedado vacante... y ha ocurrido lo inevitable. Sus posibles sucesores, empezando por su esposa Hera y... Wonder Woman: Sangre. La saga completa

Zeus ha desaparecido, el trono del Olimpo ha quedado vacante… y ha ocurrido lo inevitable. Sus posibles sucesores, empezando por su esposa Hera y su hermano Poseidón, se enzarzan en un conflicto repleto de conspiraciones, rencores, traiciones, venganza, sangre y celos. Y en medio de todo, se encuentra un bebé inocente que cuenta con una sola protectora: ¡Wonder Woman, la princesa de las amazonas! ¿Será capaz Diana de impedir que el mundo entero sucumba a los tejemanejes de los dioses?

Me encanta cuando un guionista se sale de su zona de confort y lleva a sus personajes a territorios inexplorados. Es el caso de Brian Azzarello, quien, si bien no podemos decir que fuera el primero en acercar a Wonder Woman a su legado mitológico, sí podemos afirmar que la ha terminado de enraizar en él, merced a la creación de vínculos familiares de sangre con los dioses olímpicos. En un arrebato de «me voy a cargar todo lo que creéis saber para empezar todo de nuevo», Azzarello respeta la creación de Diana de Themyscira a partir de una muñeca de arcilla, pero en lugar de cobrar vida insuflada por el dios Zeus, es Zeus en persona quien deja embarazada a Hipólita. Así pues, Diana resulta ser descendiente directa del rey de los dioses griegos y, por tanto, hermana de Eros, Dionisio, Afrodita, Hefesto y demás.

wonder woman sangre

A lo largo de una etapa que se extendió a lo largo de 37 números, más un especial Secret Origins, desde 2011 a 2014, el guionista Brian Azzarello (Faithless, Batman: Condenado), ayudado por los lápices de Cliff Chiang (Paper Girls, Las calles doradas de Gotham), crean una historia río que arranca con la desaparición del dios del Olimpo Zeus, y las consiguientes luchas de poder entre sus hermanos y herederos. No olvidemos que, pese a estar casado con la diosa Hera (que a la postre era también su hermana), el dios del rayo no era muy dado a cumplir con el voto de fidelidad conyugal, e iba dejando hijos bastardos por doquier. Hera, diosa celosa y vengativa donde las hubiera, no dudaba en aniquilar o maldecir a las amantes de su esposo y a sus inocentes descendientes. Y así arranca esta historia, con Hera atacando a una joven que ha sido seducida por el veleidoso Zeus y lleva sin saberlo un hijo suyo en su vientre. Sumamos esto a la desaparición de Zeus del cielo, las luchas entre sus hijos y hermanos por ocupar el trono, y el regreso del hijo primogénito de Hera tras 7.000 años de cautiverio, y ya tenemos a Wonder Woman entretenida durante los tres años que duró la saga.

Lo cierto es que la forma en que Azzarello adapta la mitología griega y la introduce en el contexto del Universo DC es fascinante. El Primogémito de Hera, si bien podría ser un personaje inventado ad hoc, también puede ser una referencia a Tifón, el monstruo engendrado por Hera en solitario (en venganza de Zeus, que concibió a Atenea por su cuenta sin recurrir a ella). Hera lleva un manto con los colores del pavo real, puesto que éste era el animal que se le ofrecía en sacrificios; Dionisio tiene cola de zorro, un vestigio de la piel de zorro con que se le representaba en la antigüedad; y el propio Ares, dios de la guerra, tiene la calva, la barba y el cuerpo enjuto… del propio Brian Azzarello. El guionista coge de la mitología griega los personajes y la iconografía que necesita para su relato, que pese a su longitud (cerca de 800 páginas) se lee con fruición y no llega a hastiar en ningún momento. Su Wonder Woman es aquí una joven de apenas 23 años, con poca experiencia en el mundo de los hombres. Es más, no se hace ninguna mención a lo largo de esta saga a otros personajes importantes del Universo DC, como Superman o la Liga de la Justicia, e incluso cuando aparecen los Nuevos Dioses, en especial Orión, resultan ser una novedad para ella, al igual que el mundo de Nueva Génesis. Un detalle curioso es que en el número #0 de esta nueva serie, publicado un par de meses después del inicio de la colección, se nos cuenta el encuentro de una adolescente Diana con el dios de la guerra, Ares, y con el Minotauro. Y para enfatizar la juventud de Diana, Azzarello utiliza recursos de los cómics más clásicos, como los bocadillos de texto y los globos de pensamiento, recursos que no vuelve a emplear en todo el resto de la colección. Incluso la forma de hablar y de moverse los personajes en esta proto-historia beben mucho de las historietas clásicas de superhéroes. Un precioso homenaje por parte de estos autores a una era dorada de los cómics.

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En estos Nuevos 52, la colección de Wonder Woman reinició su numeración desde el número #0 para dar al personaje no sólo un nuevo origen, sino además hacer de este el germen de lo que acontecería en los 36 números restantes. La relación de Diana con su madre, sus hermanas amazonas y el resto del panteón olímpico cambia sustancialmente al estar directamente emparentada con el dios Zeus. Azarello hace evolucionar a Diana de manera natural y orgánica, convirtiéndose no sólo en nueva Reina de las Amazonas, sino también en la nueva Diosa de la Guerra. El guionista retrata con pulso impecable la odisea (je, je) de nuestra amazona favorita, introduciendo los elementos mitológicos en un estilo que recuerda poderosamente a Los Eternos, hermanos del Morfeo de Neil Gaiman en Sandman. Hermanos que se quieren y necesitan mutuamente, pero se odian a muerte. El universo de Wonder Woman, completamente desprovisto del cariz superheroico que tienen otras encarnaciones del personaje, se enriquece sobremanera al introducirla en este mundo de dioses olímpicos.

El dibujo tenemos a Cliff Chiang, que saltó a la fama con esta colección tras llevar unos cuantos años a base de fill-ins y números sueltos en DC. No es el único dibujante de esta colección, puesto que en algunos números le sustituyen o complementan otros artistas como Goran Sudžuka (A walk through hell), Tony Akins (Hellblazer: Otros hechizos), Amilcar Pinna (La reina olvidada) y los españoles Kano (Superman: Regreso a Krypton) y ACO (Constantine). Todos estos artistas hacen alarde de un estilo de dibujo muy similar al de Chiang, lo que consigue un efecto continuista muy de agradecer. En una saga de estas características, es loable el esfuerzo demostrado por la editorial a la hora de buscar a dibujantes con estilos gráficos similares, o que al menos sepan adaptarse al autor a quien sustituyen o refuerzan. Desde aquí aprovechamos también para felicitar a los coloristas Matthew Wilson y Nick Filardi, que han tenido el detalle de dotar a Wonder Woman de un color de piel algo más oscuro que el del resto de personajes blancos (que son casi todos los demás), gracias en parte a su origen mediterráneo.

 

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¿Qué más puedo decir de esta saga tan apropiadamente llamada Sangre? Pues que fue una de las series más interesantes y sólidas surgidas de esa reelaboración del Universo DC llamada Nuevos 52, con dos creadores en estado de gracia como Azzarello y Chiang. Desde el punto de vista de la edición, sólo tres pegas le pondría. La primera es la manía, cada vez más extendida, de poner las portadas al final del tomo, y no al comienzo de cada capítulo, como es lo habitual. La segunda es la jibarización del tomo, algo más pequeño que el cómic-book normal, pero que, en contra de lo que afirman los detractores de este formato, no dificulta en absoluto la lectura (y abarata el precio). Y la tercera pega sería la elección de una imagen de la actriz Gal Gadot con el disfraz de la película para ilustrar la portada. Es cierto que la película Wonder Woman 1984 puede suponer un tirón comercial para la venta de este tomo, pero también es cierto que la foto rompe completamente con la estética del volumen, amén de que lo que se nos cuenta en la película no tiene absolutamente nada que ver con la saga contenida en este tomo. Pero en fin, lo que importa realmente es el contenido del libro, y aquí sí que hay que reconocer que, tanto como para los lectores curiosos como para los fieles seguidores del personajes, la saga Sangre es compra ineludible.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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