Parece que fue ayer cuando Robert Kirkman, en una de sus jugadas magistrales de marketing, lanzó al mercado el primer número de Void Rivals. Lo que parecía un tebeo de ciencia ficción más, resultó ser el pistoletazo de salida del remozado Universo Energon, donde G.I.Joe y Transformers iban a compartir aventuras como nunca antes lo habían hecho.
Ya han pasado algo más de dos años desde entonces y la serie que nos ocupa ha terminando brillando con luz propia, ofreciendo a los lectores una experiencia única que sí, está salpimentada con guiños y personajes de los juguetes de Hasbro. Pero a la vez tiene muchísima personalidad, gracias al motor formado por los personajes Solila y Darak, unos Romeo y Julieta intergalácticos de lo más carismáticos.

Me parece muy interesante el paralelismo que se establece entre los dos. Como si fueran dos caras de la misma moneda. Ella sigue la doctrina de Zerta Prime. Él no puede evitar sentir que debe obedecer los designios de su padre. Dos puntos de vista, dos objetivos diferentes y enfrentados con el único denominador común de que ambos tienen la sensación de que les falta información, de que algo no encaja. La relación entre ellos llega a un punto de no retorno en este cuarto volumen por culpa del Anillo Sagrado. Un artefacto que será clave en la guerra de los Quintassons. Conflicto que se va cocinando poco a poco.
Aquí debo reconocer que me lo estoy pasando en grande con Void Rivals. El hecho de que Kirkman haya decidido partir de cero sin tener en cuenta nada de lo establecido previamente en Transformers o en G.I.Joe consigue que nos hagamos preguntas, que especulemos sobre dónde nos llevarán las acciones de los protagonistas. De hecho, mis teorías con respecto a lo que era en realidad el mencionado Anillo Sagrado han resultado ser completamente erróneas. Uno creía que en realidad se trataba del Unicron. Pues bien, nada más lejos de la realidad, jajaja.

Esto puede parecer una tontería, pero el no dar nada por sentado (como la supuesta lealtad de la Baronesa al bando de los buenos en la serie de G.I.Joe) es un aliciente enorme para acercarse a estas colecciones. No es lo mismo leer la enésima muerte de un superhéroe de Marvel o DC o la traición de un miembro de la Patrulla X, puesto que son cambios que sabemos que serán revertidos tarde o temprano; que los acontecimientos que se cuentan en las colecciones del Universo Energon. La sensación de que cada decisión, cada giro, cada cliffhanger está meticulosamente planificado está presente en todos y cada uno de los capítulos.
El creador de Invencible y Los Muertos Vivientes no pierde ripio. Aprovecha cada página para ir desarrollando esta fascinante epopeya cósmica, ofreciendo tres frentes simultáneos a los que presta mayor o menor atención según sea el caso. De esta forma, el desarrollo de Void Rivals siempre acaba sorprendiendo de una forma un otra. Por ejemplo, en este tomo conoceremos la problemática relativa a la naturaleza de Skuxxoid y el drama al que debe hacer frente al personaje. Es curioso, porque el que parecía ser una especie de alivio cómico gana muchos enteros una vez queda posicionado como una pieza fundamental en el tablero.
Mencionaba más arriba, que la relación con el resto de los títulos del Universo Energon era, en la mayoría de los casos, puramente tangencial. Esto sigue siendo así, aunque de cuando en cuando, Kirkman nos sorprende sacándose de la manga la participación de algunos robots cuyo origen se remonta a cierta película animada con una potente banda sonora.

Ahora bien, juntos pero no revueltos. Esa sigue siendo la principal seña de identidad de este nuevo cosmos de ficción. Cada serie va por su lado y, aunque no cabe duda de que terminarán confluyendo más pronto que tarde (en USA no han anunciado ningún cruce todavía), de momento lo importante aquí es sentarse y disfrutar del viaje a nada que se entre en el juego planteado por el creador de la serie. Void Rivals representa la esencia de Skybound, sello que fue creado por Kirkman con la intención de publicar los tebeos que a él le gustaría leer. La verdad sea dicha: la calidad de estos cómics, los de los monstruos de la Universal o de Creepshow, demuestran que lo está consiguiendo.
Pasando al acabado gráfico, nos encontramos con que Lorenzo de Felici no dibuja ninguno de los capítulos de esta cuarta entrega de Void Rivals. En su lugar, tenemos a Conor Hugues, cuyo estilo encaja bastante bien con la línea impuesta por su predecesor. Es cierto que no es tan detallado, pero es un narrador de lo más eficaz. Sobre todo en las escenas de acción.
En resumidas cuentas, la serie que nos ocupa sigue resultando tan fresca y divertida como en su primer volumen. Tengo la sensación de que todavía nos queda mucho camino por delante, ya que apenas hemos catado una mínima parte de su potencial. Espero con ansías el próximo tomo que, con suerte, nos llegará este mismo año.
